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Hoffa, el modelo que marca al líder sindical

Hugo Alconada Mon
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16 de marzo de 2008  

WASHINGTON.- Camisa celeste, pantalón azul, medias blancas y mocasines Gucci, Jimmy Hoffa debía reunirse con dos mafiosos a las 14, pero 45 minutos después seguía solo. Llamó a su mujer, le avisó que volvería más tarde y siguió esperando. Y luego, como si se lo hubiera tragado la tierra, desapareció. Su cuerpo jamás fue hallado. Era el 30 de julio de 1974.

Hoffa es el modelo de sindicalista que Hugo Moyano siempre ha admirado.

Hoffa era por entonces el ex presidente del poderoso sindicato norteamericano de los camioneros, los Teamsters. Tras cuatro años en la cárcel por intentar sobornar a un jurado, quería recuperar las riendas y sus épocas de gloria (cuando los presidentes John Kennedy y Lyndon Johnson le temían tanto como lo odiaban) y Richard Nixon le conmutó su condena. No estaba nada mal para quien a los 7 perdió a su padre, a los 16 años abandonó el colegio y a los 18 organizó su primera huelga.

Vinculado desde entonces con los camioneros, Hoffa tejió con paciencia -y la contundencia que sólo sus vínculos con la mafia ítalo-norteamericana podían aportarle- un gremio cada día más importante, hasta convertirse en la unión más determinante del país. Así, entre mediados de los 50 y los 60 llegó a su cima: presidió la Hermandad Internacional de los Camioneros.

Siempre al frente de los Teamsters, Hoffa siguió expandiendo la red gremial hasta conformar una poderosa unión nacional que abarcó casi todas las áreas de la economía estadounidense, a la que podía paralizar con sólo levantar el teléfono.

Kennedy ordenó investigar su patrimonio, convencido de que fondos sindicales iban a su bolsillo. No logró demostrarlo, pero Hoffa fue condenado en 1967 a 15 años de prisión por un intento de soborno. Cuando Nixon le conmutó su condena, cuatro años después, le impuso como condición que no debía volver a la actividad sindical durante otros 10 años.

Hoffa respetó la veda, pero comenzó a preparar su regreso. Y en eso estaba cuando desapareció, según las sospechas de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y la mayoría de los investigadores periodísticos, por sicarios de sus antiguos socios de la mafia, más cómodos con la nueva cúpula de los Teamsters, que encabezaba un títere de ellos, Frank Fitzsimmons.

Famoso por su obsesión por la puntualidad, Hoffa debía discutir su retorno al poder durante un almuerzo con el capo de Detroit, Anthony "Tony Jack" Giacolone, y el líder gremial de Nueva Jersey, Anthony "Tony Pro" Provenzano.

Los "Tony" jamás aparecieron por el restaurante Red Fox de las afueras de Detroit, y Hoffa, al decir de los testigos y su mujer, estaba muy nervioso. Demasiado para alguien que, como a él le gustaba repetir, todo hombre digno debía sostener sus ideas con la solidez de sus argumentos o de sus puños.

Al día siguiente, su Pontiac fue hallado en el estacionamiento del restaurante. Pero un camionero se presentó ante las autoridades y denunció que el día anterior casi había chocado con un Mercury en el que vio a Hoffa sentado en el asiento trasero, junto a alguien que parecía tener una escopeta.

Leyenda y revancha

La pista llevó a la policía hasta el dueño del Mercury, Joe Giacolone, hijo de "Tony Jack", uno de los dos comensales que faltaron a la cita. Pero Joe dijo que le había prestado el auto a Charles "Chuckie" O Brien, otro "buen muchacho" que había vivido algún tiempo con la familia Hoffa.

O Brien, a su vez, dijo que el 30 no había visto a Hoffa y que estaba en el gimnasio con "Tony Jack". Pero nadie más que Giacolone corroboró su versión y perros entrenados detectaron el olor de Hoffa en el auto. Un cuarto de siglo después, un estudio de ADN confirmó que un pelo hallado en el auto pertenecía al líder de Teamsters.

Sin pruebas sólidas, el FBI jamás acusó de manera formal a la mafia o a O Brien. El cuerpo de Hoffa jamás fue hallado y continúa su búsqueda. El último intento fue en una granja de Michigan, en 2006. Mientras, crece el mito, que incluye hasta la versión de que su cuerpo fue mezclado con el cemento que se usó para el estadio de los New York Giants, el equipo de fútbol americano local.

En cuanto a los Teamsters, Hoffa tuvo una suerte de su revancha. Su hijo James P. Hoffa es su presidente desde 1999. Pero el gremio ya no es lo que era. La desregulación del sector derrumbó los costos del transporte y el gremio perdió más de la mitad de sus miembros.

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