Horacio Sanguinetti, una vida consagrada al desarrollo de la cultura y la educación
Murió este miércoles a los 90 años; fue rector del Colegio Nacional de Buenos Aires durante 23 años y formó a varias generaciones de alumnos; también académico, fue director general del teatro Colón
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Al caer la tarde de este miércoles falleció a los 90 años el doctor Horacio Sanguinetti, humanista eminente y una figura entrañablemente unida a las más ricas expresiones de la cultura y con un activo compromiso con los valores republicanos y democráticos.
Abogado por la Universidad de Buenos Aires y director general del Teatro Colón en la gestión porteña de Mauricio Macri, desplegó también su vocación por la tarea educativa, desde la cátedra hasta el ejercicio de cargos directivos. Tras la recuperación de la democracia en el país, fue rector del Colegio Nacional de Buenos Aires durante 23 años. Allí había egresado con medalla de oro en 1953. Siguió el camino de su padre, Florentino Sanguinetti, que también fue rector del colegio entre 1960 y 1963.
La gestión de Horacio Sanguinetti en el Nacional de Buenos Aires -entre 1983 y 2007- tuvo un paréntesis entre agosto de 1996 y noviembre de 1997, cuando acompañó como secretario de Educación al entonces jefe de Gobierno porteño, Fernando de la Rúa. Era la primera gestión autónoma de Ciudad, tras la reforma constitucional de 1994, y fue un férreo opositor a la reforma educativa emprendida en ese momento por el gobierno de Carlos Menem. Esos cambios polémicos dispuestos por la ley federal de educación –derogada después en 2006- no se instrumentó en las escuelas porteñas.

Fue profesor de derecho político en la Facultad de Derecho de la de la Universidad de Buenos Aires y dictó clases en la sede de Ciencias Económicas. Además, fue miembro de número de las academias nacionales de Ciencias Morales y Políticas y de Educación, que presidió durante varios períodos. Y, en reconocimiento a sus aportes al estudio de la lengua y a la cultura, fue incorporado por la Real Academia Española.
A sus clases en el Colegio Nacional de Buenos Aires, al que Sanguinetti llamaba familiarmente “el Colegio”, sumaba una cercanía e identificación con los alumnos y profesores. También tuvo una cátedra en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, los dos establecimientos secundarios de la UBA.
En sintonía con la tradición que caracterizaba a su familia, Sanguinetti fue un investigador y defensor de la Reforma Universitaria, que en 1918 había impuesto los principios de la autonomía universitaria, la libertad de cátedra y el cogobierno entre los distintos claustros, que volvieron a tener vigencia en 1983. En esa línea, fue autor de los libros “Los reformistas”.
Su producción bibliográfica se extendió al campo político y de la enseñanza del derecho, con los libros “Los socialistas independientes” y “Curso de derecho político”. También escribió “Las obras y los días de Deodoro Roca” y “La educación argentina en un laberinto”.
Sanguinetti contaba con una versación única en materia operística. Su pasión por la lírica quedó plasmada en las obras “La ópera y la sociedad argentina” y “Los maestros cantores del siglo XX”, en el que repasa la trayectoria de los tenores Enrico Caruso, Tito Schipa, Beniamino Gigli, Giácomo Volpi, Mario Del Mónaco y Luciano Pavarotti, entre otros.
La gestión en el Colón
En razón de sus antecedentes, Macri le ofreció en diciembre de 2007 la dirección general del Teatro Colón y su gestión quedó enredada en fuertes conflictos y tensiones políticas. Al asumir, declaró que el Colón no podía ofrecer las temporadas de ópera con abonos debido al plan edilicio que había comenzado en 2006 y obligaba al cierre de la sala. Pese a ello, anunció programaciones para los años siguientes y funciones que no pudo estrenar.
Su gestión se extendió hasta enero de 2009. Ante la imposibilidad de cumplir con las programaciones anunciadas, impulsó la realización de presentaciones itinerantes en sitios alternativos, como el teatro Bristol de San Isidro, aunque varias de ellas debieron ser canceladas. En medio de tensiones enfrentó las renuncias de los directores del Ballet y de la Orquesta Estable, entre otros sinsabores. Sin embargo, al retirarse de la dirección del teatro, celebró la realización de más de 300 espectáculos y el estreno de dos óperas argentinas.
De carácter afable, Horacio Sanguinetti se mostró en todo tiempo comprometido con los valores republicanos y democráticos que heredó de su padre, que fue amigo de Alfredo Palacios.
En su casa de Callao y Juncal se reunían por años figuras de la cultura y el periodismo, en tertulias consagradas a las letras, el arte y la política. Concurrían con frecuencia Manuel Antín, Magdalena Ruiz Guiñazú, Daniel Sabsay, entre otros.
Los Sanguinetti pasaban largas temporadas en Unquillo, Córdoba, en una chacra de la familia. En los últimos años estuvo recluido por una afección neurológica, siempre cuidado por Cristina, su gran mujer de toda la vida.
A lo largo de su trayectoria, Horacio Sanguinetti recibió numerosos reconocimientos, como los premios Konex de platino en Educación (2006), y Juntos Educar, otorgado por el Arzobispado de Buenos Aires, que conducía el cardenal Jorge Bergoglio. Además, los gobiernos de Francia e Italia le confirieron distintas condecoraciones.


