Incidentes y al menos 11 detenidos: la policía avanzó sobre los manifestantes y dispersó la protesta contra la reforma laboral
El enfrentamiento se inició luego de que la izquierda abandonara el frente de la protesta y se agudizó tras la intervención de un carro hidrante
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La protesta frente al Congreso en rechazo a la reforma laboral que trata Diputados se desarrolló sin sobresaltos hasta las 16 horas, cuando comenzaron los primeros incidentes entre las fuerzas de seguridad y un pequeño pero creciente grupo de manifestantes que arrojó botellas y agitó las vallas del Congreso, sobre la avenida Rivadavia.
A las 18.30, luego de momentos de tensión, la Policía inició una avanzada con motos sobre la plaza que puso fin a lo que quedaba de la convocatoria. Las fuerzas federales anunciaron la detención de al menos ocho manifestantes y el supuesto secuestro de facas y elementos punzantes.
La Policía de la Ciudad, ubicada en un tercer anillo más alejado del Congreso, desplegó 800 efectivos y comunicó la detención de tres individuos, a los que acusó de “daño” y “resistencia a la autoridad”.
Para las 19, algunos efectivos recorrían la plaza a pie, disuadiendo a los últimos manifestantes, y la motorizada daba vueltas en círculo, barriendo la zona.

La tensión en la plaza comenzó a escalar lentamente desde las 16, cuando ya no quedaba rastro de la izquierda ni de ninguna de las agrupaciones que se habían ubicado sobre la avenida Rivadavia más temprano. Allí se había apostado también la Gendarmería, del otro lado del vallado. Primero con un cordón espaciado de efectivos, que permaneció inactivo durante el inicio de la protesta; y, tras los primeros incidentes, con un carro hidrante, que durante buena parte de la tarde descargó ráfagas de agua para desarmar el frente de la protesta.
El agite inicial corrió por cuenta de un exiguo grupo de personas. Algunas de ellos, a cara descubierta, intentaron hacer caer las vallas e hicieron volar la primera tanda de botellas y plásticos varios. Con la respuesta de Gendarmería, el grupo primero se desarmó, pero luego terminó ampliándose.
La secuencia se inició pasadas las 15.30. Para ese entonces, la fisonomía de la convocatoria sobre la avenida Rivadavia había cambiado por completo respecto al mediodía. La principal columna de la izquierda, encabezada por el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), ya se había retirado de la zona, luego de una breve intervención de la diputada Myriam Bregman, que incluyó dardos contra la CGT, por realizar un paro “tardío” y sin movilización.
Con la salida de la izquierda, que ordenó su convocatoria en torno a un acto y una radio abierta, y no tenía previsto prolongar su estadía más allá de la media tarde, ese lado de la plaza quedó diezmado, con apenas un puñado de grupos disgregados, sin consignas partidarias, y con casi ningún manifestante frente al vallado, el habitual eje de conflicto con la policía. Los gremios, en tanto, no pasaron la mitad de la plaza y se mantuvieron alejados de la zona más caliente.
A las 16, una pequeña ola de rabia se adueñó de los manifestantes que quedaron allí. Comenzaron a golpear el vallado y unos carteles de publicidad y siguieron con la primera lluvia de botellas.
Los más exaltados fueron acusados por otros de “infiltrados”. Por momentos, intentaron frenarlos, sin éxito. Ricardo, un jubilado de 89 años que se ubicó lejos del vallado, hizo arder su garganta con insultos hacia la primera fila de manifestantes, donde probaban la resistencia del vallado. “Son todos canas, servicios, siempre fue igual”, señalaba.
Con la tensión en aumento, comenzó un movimiento de ida y vuelta entre los manifestantes y el hidrante de la Gendarmería. Las ráfagas del camión empujaban al grupo unos metros para atrás, pero a los pocos minutos este se rearmaba de nuevo frente al vallado.
Para ese entonces, el primer bloque de protesta se había consolidado y la danza entre el hidrante y los manifestantes se extendió por un cuarto de hora, hasta que la Gendarmería añadió a su ofensiva granadas de gas.
El movimiento que puso fin a la protesta contra la reforma se coordinó entre la Federal y la Gendarmería e incluyó filas de uniformados sobre las calles perpendiculares a la plaza que hicieron de tapón y orientaron la desconcentración hacia la Avenida de Mayo.
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