
Kirchner celebró la reapertura de juicios
Durante una breve visita a Entre Ríos, dijo que la Argentina "tiene ahora la posibilidad de recuperar la justicia perdida"
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PARANA.- Optimista, confiado en haber conseguido uno de sus primeros triunfos políticos estratégicos, el presidente Néstor Kirchner expresó ayer aquí su satisfacción por la reapertura de causas contra militares acusados por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.
"Yo creo que definitivamente vamos a terminar de saber qué pasó en ese capítulo negro de la historia argentina", enfatizó Kirchner, al terminar un acto en la Casa de Gobierno de Entre Ríos, donde pasó medio día para firmar convenios de cooperación y apoyar la candidatura a gobernador de Jorge Busti.
Tras la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final y la decisión de España de suspender el pedido de extradiciones a los militares acusados, el Gobierno consiguió buena parte de lo que buscaba en su ofensiva. Kirchner se encargó de resaltarlo.
"Ahora, con la nulidad de las leyes está la posibilidad de restaurar definitivamentete la justicia perdida -señaló-. Espero que los argentinos podamos enorgullecernos ante nosotros y ante el mundo porque en el país se terminó con la impunidad."
Habló entre decenas de cables y micrófonos, mientras funcionarios y empleados locales intentaban tocarlo, abrazarlo o pedirle algo. No estaba prevista una conferencia de prensa, pero Kirchner aceptó dar su opinión apenas se le preguntó sobre el conflicto militar.
"Creo que en la Argentina tiene que haber justicia, tiene que haber memoria, porque en un país que no tiene memoria y en un país que no tiene justicia se hace muy difícil construir un futuro", sostuvo.
La firme posición del Presidente apunta también a sumar una señal a la Corte Suprema, que demora expedirse sobre la validez de las leyes de perdón. De esa decisión dependerá la suerte de las megacausas que se tramitan en el fuero federal.
Por si quedaban dudas sobre la atención de Kirchner ante el trámite judicial, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, agregó en otro tramo de la actividad entrerriana que el Gobierno "mira con expectativa" el desarrollo del proceso.
"Ahora comienzan a analizarse nuevamente todos los elementos presentados en la causa y cuál es la valoración de la participación de cada uno de los imputados", indicó.
En eso quedaron las definiciones políticas sobre el caso. La agenda del Presidente obligó a un mediodía agitado para cumplir con los dos actos previstos: uno aquí y otro en Cerrito, un pequeño pueblo a 50 kilómetros de la capital provincial.
Cautela máxima
Kirchner llegó a Paraná en el Tango 01, acompañado por Fernández y los ministros Ginés González García (Salud) y Julio De Vido (Planificación). Además, fueron de la partida el candidato a gobernador de Entre Ríos por el PJ, Jorge Busti, y el diputado Jorge Obeid, que pelea la gobernación de Santa Fe.
El cuestionado gobernador radical Sergio Montiel lo esperaba al pie de la escalerilla y lo acompañó hasta la Casa de Gobierno para firmar una serie de convenios de obras públicas y ayuda social.
En previsión de posibles protestas y piquetes contra él, Montiel decretó asueto administrativo en la ciudad. Igual, evitó todo contacto con un grupo enorme de manifestantes que lo insultaban desde la esquina y pedían saludar a Kirchner. Sonaba de fondo la marcha peronista.
Kirchner optó por dar un mensaje mesurado en el tono y conciliador en los conceptos en el acto con Montiel. Volvió a criticar las consecuencias del modelo neoliberal y dijo que aspira a "encontrar la pluralidad" en política. "Las elecciones son cuestión de un día, después hay que gobernar", dijo. Y agregó: "Me siento con fuerza, con pasión, pero no soy Mandrake".
Al terminar el trámite en la Casa de Gobierno, subió a un helicóptero y partió a Cerrito, un pueblo de 4000 habitantes. Lo esperaban casi todos, al aire libre, frente a un palco dominado por banderas en favor de la candidatura de Busti.
Un cordón de niños vestidos con trajes típicos recibió a la comitiva. Kirchner recuperó el tono de barricada y acusó a "representantes de escuelas económicas, de empresas y de los grupos concentrados de la economía" que colaboraron en la crisis del país. Un discurso casi calcado del de sus últimos actos públicos.
"No me van a correr con actitudes lobbistas o con cuatro o cinco notas de opinión en los diarios", gritó.
El tiempo apremiaba y esta vez tuvo que irse sin bajar a saludar a la gente: lo esperaban en Buenos Aires reuniones de todo tipo. Desde organizaciones de derechos humanos hasta los directivos de la Bolsa.



