
La ansiedad de vivir al margen de la sociedad
Crece entre los más pobres la sensación de tristeza y desesperanza
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Según el informe de la UCA, el 32,7% de la población adulta urbana percibe que no cuenta con otros para ayudar a resolver sus problemas. Por otro lado, en la población del estrato más pobre los síntomas de desesperanza, tristeza, nerviosismo y cansancio se mantuvieron constantes entre 2004 y 2007, afectando al 26%, para luego llegar al 30,1% en 2012. Al mismo tiempo, en el estrato medio alto se observó una caída acentuada de estas sensaciones a lo largo de todo el período, pasando del 24% en 2004 al 10,2% en 2012.
"El incremento del PBI de una nación no es incompatible con el sostenimiento, o incluso el aumento de la desigualdad económica y de condiciones de heterogeneidad y exclusión social", dice el informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina.
"Hoy está oculto el verdadero nivel de pobreza. Hay un gasto público que es insostenible, que algún día se va a tener que revisar, y que va a afectar a la gente pobre", concluye el economista Juan Luis Bour. "La devaluación actual del 40, 50 o 60 por ciento que está realizando el Gobierno tendría sentido con un programa económico de estabilización. Sin ello, a la gente humilde se le complica la vida aún más. Mejorarla no se logra con un subsidio sino con la posibilidad de que la gente tenga un trabajo que genere más ingresos. Todavía no vimos los niveles de pobreza que realmente hay en la Argentina".
La conclusión del informe de la UCA sostiene que más de una década de crecimiento no ha sido suficiente para resolver los problemas de marginalidad estructural que afectan al menos a uno de cada cuatro argentinos. Se trata de sectores que sólo logran contar con la asistencia social del Estado a través de los programas de transferencia de ingresos que no permiten salir de la condición de exclusión.
Marginalidad y delito
El profesor de la Untref Jorge Carpio, en el marco del seminario "Nuevas miradas sobre la pobreza", señaló que "existe en la Argentina entre un 6 y un 7 por ciento de gente que no entró en el sistema. Son los excluidos, los que no están integrados a la sociedad a través de un trabajo formal, no se benefician de un sistema de salud de calidad o de la educación, no se sienten parte de la sociedad. Son altamente vulnerables y algunos no comparten un sistema de valores con la comunidad en general".
Según el profesor, hay 900.000 jóvenes de entre 19 y 23 años que no estudian ni trabajan. Algunos viven entonces bajo un régimen que podría llamarse "de la caza y de la pesca".
"Se trata de llegar vivo al final del día, no hay un horizonte que vaya más allá. No hay un mañana, sino un permanente presente. Ésa es la gran ruptura". En este marco se vive el riesgo como condición de vida. "Ellos piensan pego un tiro durante un asalto porque mi vida, la vida, no vale nada ", dice Carpio.
"El mercado de trabajo implica una proyección al mediano y largo plazo. Trabajo para lograr objetivos, metas. La sociedad falla cuando deja a algunos afuera".
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