La apertura de los archivos del Vaticano revelaría el rol del nuncio Pío Laghi durante la dictadura

El cardenal Pio Larghi fue nuncio en la Argentina durante la dictadura
El cardenal Pio Larghi fue nuncio en la Argentina durante la dictadura
El entonces nuncio en nuestro país fue acusado de haber sido cómplice de la represión; sin embargo, los archivos demostrarían que intervino ante los militares por los desaparecidos
Elisabetta Piqué
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30 de marzo de 2016  • 12:24

ROMA.- La desclasificación de los archivos del Vaticano sobre la dictadura argentina probablemente rehabilitará la cuestionada figura del entonces nuncio en nuestro país, Pío Laghi, que fue acusado en su momento de haber sido cómplice de la represión.

El prelado, que fue embajador del Vaticano en la Argentina de 1974 a 1980 -y que falleció en 2009-, el 13 de agosto de 1976 le mandó al entonces ministro del Interior, el general Albano Harguindeguy, una lista con el nombre y apellido de 60 personas de las que no se tenían noticias, para que se hiciera algo en su favor. Entre ellas estaba nada menos que el hermano de Ernesto "Che" Guevara, Juan Martín Guevara (de la Serna), que había sido arrestado en marzo de 1975 a los 32 años, según reveló hoy el vaticanista Luis Badilla en un artículo en el sitio especializado Il Sismografo.

Juan Martín Guevara estuvo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional hasta marzo de 1979, luego de la justicia ordinaria y en 1983, a los 40 años, obtuvo libertad condicional.

"Numerosas listas"

Según Badilla, cuando en los próximos meses podrán consultarse los archivos del Vaticano sobre la dictadura –que por voluntad de Francisco serán desclasificados y ahora se están ordenando-, "la primera gran sorpresa" serán las "numerosas listas" que Laghi le envió, durante su difícil estadía argentina, al entonces militar que era titular de la Cartera de Interior. "Quien vivió bajo la ferocidad de las dictaduras latinomericanas sabe muy bien que en miles de casos fue suficiente que el nombre del detenido estuviera en una lista respetable para ver salvada su vida. Estar en una lista ya era una esperanza", escribió.

Badilla ya divulgó ayer una carta –fechada en julio de 1976- y dirigida al entonces secretario de Estado del Vaticano, Jean Villot, en la que Laghi criticaba "métodos inadmisibles de lucha contra la subversión", en otra defensa de la actitud del prelado. La epístola también es parte del material que el Vaticano está ordenando y que será desclasificado "en el curso de los próximos meses", según confirmó el padre Federico Lombardi hace una semana.

Experto diplomático con roles importantes, al margen de su controvertido rol de embajador del Vaticano durante la dictadura argentina, Laghi en 1984 se convirtió en el primer nuncio de la Santa Sede en Washington. Creado cardenal en 1991, fue titular de la influyente Congregación para la Educación Católica durante nueve años, de 1990 a 1999. Conocido por ser el más "americano" de la Curia por su amistad con la familia Bush, fue enviado en marzo de 2003 por Juan Pablo II a Washington para intentar convencer a George W. Bush de no invadir Irak.

Acusaciones

En lo que se considera su parte oscura, que siempre negó pero que le significó gran amargura, Laghi fue acusado por las Madres de Plaza de Mayo y otras organizaciones defensoras de los derechos humanos de no haber denunciado con fuerza suficiente lo que sucedía en la Argentina durante la dictadura.

Las Madres de Plaza de Mayo a mediados de 1997 lo denunciaron ante la justicia italiana, acusándolo de "haber participado del secuestro, tortura y homicidio de miles de personas". En los juicios que se celebraron (en ausencia) en esta capital contra militares argentinos por la desaparición de ítalo-argentinos, más de una vez Laghi fue tildado de "amigo" del almirante Emilio Massera, con quien jugaba asiduamente al tenis.

En 1999, sin embargo, dos periodistas argentinos residentes en esta capital, Bruno Passarelli y Fernando Ellemberg, escribieron un libro en su defensa: El cardenal y los desaparecidos-La obra del nuncio apostólico Pío Laghi en la Argentina. En esta obra, reivindicaran su rol, y aseguraron que en verdad el entonces nuncio habría intervenido para salvar a unas 5000 personas.

La existencia de "numerosas listas" enviadas al entonces ministro del Interior de las que da cuenta Badilla, parecería confirmar esta versión.

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