
La batalla contra los medios, una disputa por el control del relato
El Gobierno se valió del reparto arbitrario de la publicidad, la persecución frente a la crítica y el abuso de los canales estatales
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Pepe Eliaschev fue la primera víctima. En 2005, la entonces directora de Radio Nacional, Mona Moncalvillo, lo llamó y le dijo: "Negro, c'est fini". Así, en francés. Todavía eran tiempos del "efecto K", aquella ola de optimismo que inundó a una sociedad que acababa de atravesar la peor crisis de su historia. En ese contexto, el presidente Néstor Kirchner ordenó despedir a Eliaschev de la radio estatal en la que había hecho su tradicional Esto que pasa durante cinco años y varios gobiernos.
Aunque aún no se hablaba de "la grieta", esa división ya empezaba a vislumbrarse. En 2006, la editorial Perfil denunció discriminación en el reparto de la pauta oficial y comenzó un largo derrotero judicial que terminó dándole la razón muy tardíamente, en 2012. Ese mismo año, y mucho tiempo antes de su conversión al oficialismo, el periodista Víctor Hugo Morales también fue levantado del canal oficial: "El Gobierno tiene una especie de tara con la libertad de prensa", dijo el relator aquella vez. En 2008, cuando el entonces interventor del Comfer Gabriel Mariotto prohibió a AM 590 Radio Continental replicar su programación en FM, él y Morales se cruzaron al aire. "Usted defiende a sus patrones", le gritó Mariotto a Morales, dejando en evidencia la idea que el kirchnerismo siempre tuvo sobre el periodismo profesional. Aunque faltaban aún más de un año para la presentación en el Teatro Argentino de La Plata del proyecto de ley de medios -aprobado en 2009-, Mariotto ya mostraba una práctica que se haría habitual en los años siguientes: la aplicación discrecional de la ley (la de la dictadura o la de la democracia, al final dio igual) para disciplinar a los que se salieran del relato oficial.
Kirchner había asumido en 2003 como líder de una alianza peronista amplia y, en términos generales, sus dos primeros años fueron de tolerancia con el periodismo y los medios de comunicación. Esos años de debilidad, la "administración" de esas relaciones estuvo en manos del jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Años después, él y el primer interventor de Kirchner en el Comfer, Julio Bárbaro, serían acusados de haber sido "hombres de Clarín". Una suerte de infiltrados devenidos en despreciables.
El cambio (o la vuelta a los orígenes santacruceños) ocurrió en 2005, tras el triunfo electoral de Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires. Los despidos "pioneros" de Eliaschev y Morales y la discriminación con la pauta oficial fueron el embrión de una política de agresión a toda crítica que incluyó la construcción de un extendido conglomerado de medios oficiales y paraoficiales; la persecución fiscal y la difamación de comunicadores y empresarios periodísticos, y la sanción de normas restrictivas de la libertad de expresión (algunas de ellas convalidadas por la Corte).
El Grupo Clarín logró extender aquella buena relación hasta 2008. "Nosotros nos quedamos para siempre y vos vas a ser el empresario más rico del país", le habría dicho Kirchner a Magnetto al pedirle "apoyo periodístico" a su gestión. "Querían Telecom, y como no se la di, empezaron esta campaña de difamación", explicó Néstor Kirchner en 6,7,8, el programa ícono de la propaganda K.
Como fuere, el conflicto agropecuario por el impuestazo que el ahora designado embajador en Estados Unidos, Martín Lousteau, aplicó a las commodities fue el punto de quiebre. Alberto Fernández voló por el aire y La Cámpora tomó los puestos de batalla: los noticieros de Canal 7 y Radio Nacional, la agencia estatal Télam, el reparto de la pauta oficial y el aceitado engranaje que alimentó con una misma línea argumental las distintas pantallas del relato, públicas y privadas. Esa bajada de línea era directa: Cristina Kirchner; Carlos Zannini; productoras como PPT, de Diego Gvirtz, o La Corte, de los hermanos Monzoncillo, y directo al aire. Hasta el Fútbol para Todos fue manejado a control remoto por Máximo Kirchner desde su inmobiliaria en Río Gallegos. Pocos pudieron quedar al margen. El planteo fue: con ellos o contra ellos. Así se fue dividiendo también la sociedad mediática: periodistas, empresarios de medios, actores... todos terminaron con dos sindicatos o dos entidades representativas. Algunos intentaron pararse en un lado sin repudiar al otro, pero terminaron ellos mismos repudiados.
Nada de todo esto fue nuevo ni tampoco se importó de Cuba, Venezuela o Ecuador. Ya en los tiempos en los que las principales espadas del kirchnerismo pasaban frío en el Sur la relación con los medios era traumática. Cuando Néstor Kirchner se encaminaba a la presidencia, en 2003, algunos intentaron advertirlo. Un editorial de LA NACION de 2002, titulado "El gobernador Kirchner y su provincia", decía: "En Santa Cruz la mayoría de los medios de comunicación está subordinada al gobierno mediante una manipulación evidente de la publicidad oficial". En marzo de 2003, el periodista y dirigente de izquierda Daniel Gatti ofreció detalles de esa situación en el libro El amo del feudo, la primera biografía de Kirchner. Allí se narra cómo la manipulación de la información estuvo desde el primer momento en la génesis del kirchnerismo, cuando apenas era una unidad básica en un barrio periférico de Río Gallegos.
7-D: una celebración que no fue
El tironeo por la ley de medios: el 7 de diciembre de 2012 era el día previsto para que entrara en vigor la ley de medios audiovisuales que había impulsado el kirchnerismo tres años antes y había sancionado el Congreso, pero que estaba frenada por la Justicia. A pedido del Grupo Clarín, los tribunales volvieron a prorrogar la medida cautelar que favorecía al multimedios y el "7-D" no fue la fiesta que el kirchnerismo esperaba. Sin embargo, dos días después el Gobierno encabezó un gigantesco festival en la Plaza de Mayo para celebrar el "Día de la Democracia".
Largo camino a los orígenes
- Suave desembarco. A diferencia de lo que venía haciendo el kirchnerismo en Santa Cruz, sus dos primeros años en la Casa Rosada fueron de tolerancia con el periodismo. El encargado de las relaciones era el entonces jefe de Gabinete Alberto Fernández
- Primeras agresiones. En 2005, el Gobierno despidió de Radio Nacional a Pepe Eliaschev y Víctor Hugo Morales. Perfil denunció discriminación con la pauta oficial. El kirchnerismo empezó a construir su conglomerado de medios afines
- La ruptura con Clarín. La relación de Kirchner con Clarín, que era muy buena, se rompió. Había estallado la guerra con el campo. Alberto Fernández dejó el kirchnerismo. Lo acusaron de ser "de Clarín"
- La Cámpora al poder. La Cámpora tomó el reparto de la pauta, de Télam, Canal 7, Radio Nacional y hasta el control del discurso en Fútbol para Todos. Como en Santa Cruz, la manipulación de la información era ya a la luz del día




