La desesperada voz que alzan las madres de los soldados NN
Desde el fin de la guerra buscan a sus hijos caídos en las Malvinas; hay 123 cuerpos sin reconocer
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LA PLATA.- A estas alturas, ya llevan casi la mitad de sus vidas esperando. Durante años se ilusionaron con que el destino les devolviera a sus hijos. Se aferraron a un error, a una posible confusión o un extravío. Aún hoy, tres décadas después, algunas conservan esa íntima esperanza.
Son madres de los soldados argentinos caídos en 1982 durante el conflicto bélico por las islas Malvinas que yacen en tumbas sin nombre en el cementerio de guerra de Darwin bajo una placa que reza: "Soldado sólo conocido por Dios". De las 230 cruces blancas que hay en ese camposanto, 123 figuran como NN. El reclamo por la identificación de esos cuerpos mediante cotejo de ADN es una necesidad imperiosa. De hecho, ayer, en su mensaje desde Ushuaia la presidenta Cristina Kirchner pidió a la Cruz Roja Internacional que intervenga para identificar a los soldados muertos aún no reconocidos.
María del Carmen Molina, de 65 años, recibe a LA NACION en su humilde casa de Lobos. Se sienta en un banco de madera y como repitiendo una triste rutina saca del sobre las fotos, ajadas, descoloridas por el tiempo. "Maruca", como la conocen, apoya sus codos sobre la mesa y, sin quitar sus ojos de esas imágenes en las que aparece su hijo, Luis Jorge Bordón, muerto en Malvinas, suspira: "Ojalá se haga un milagro. Nosotros estamos acá esperando que nos digan qué fue lo que pasó con nuestro hijo".
A pocas cuadras, con el mismo dolor, vive Nélida Ester Montoya, de 68 años. Los relatos sobre la muerte de su hijo Horacio José Echave son difusos y sólo coinciden en que el chico, que soñaba con ser maquinista de un tren, murió el 13 de junio de 1982, un día antes de la rendición argentina, mientras el Regimiento N° 6 de Mercedes -en el que revistaba junto con Luis Bordón- se replegaba hacia Puerto Argentino.
Nélida reconstruye con amargura los primeros tiempos, en que la desesperación por no saber se mezclaba con el temor de los ex combatientes que habían logrado regresar al pueblo y preferían evitarla cuando ella los buscaba para hablar sobre Horacio.
"La primera vez que viajé a Malvinas no sabía si iba a encontrar su tumba o no. Hasta pensaba que lo podía encontrar vivo, que saldría de atrás de las tumbas. Que su nombre no estuviera fue algo raro porque me permitió seguir teniendo esperanza. Sé que cuando le pongan el nombre va a ser difícil", cuenta la mujer que ya visitó las islas en tres ocasiones.
Desde Ushuaia, Sonia Cárcamo, de 66 años, evoca a su hijo mayor, José Honorio Ortega, también "desaparecido" en las islas. "Nuestros chicos merecen recuperar su identidad", dice en diálogo con LA NACION. Recuerda que cuando los familiares viajaron por primera vez a las islas, en 1991, "nos pusimos de acuerdo para que cada uno eligiera una tumba para ponerle una flor. Intentamos conformarnos así", se quiebra.
"Al principio, nos dijeron que teníamos que esperar 15 días para que se aclimataran y recuperaran peso; después nos informaron que no figuraban en el censo y empezó la odisea para intentar averiguar lo que había pasado", rememora Sonia, que sólo tuvo datos más firmes sobre su hermano, conscripto del Regimiento N° 25 de Sarmiento, Chubut, gracias al documental "Sólo conocido por Dios", dirigido por Rodrigo Magallanes, que reconstruye la vida de Ortega, único soldado santacruceño caído en combate. Como las otras madres, Sonia cree que "las tumbas en Darwin son como banderas, un testimonio de nuestro reclamo soberano" y cree que los cuerpos deben permanecer allí, en las colinas en que se asienta el cementerio.
Desde hace casi un año y medio, "Maruca", Nélida y Sonia y otros familiares vienen impulsando, junto con la Fundación Nomeolvides, creada en 2009 por un grupo de ex combatientes, un trámite de identificación a través de la Cruz Roja.
El presidente de la fundación y ex combatiente marplatense, Julio Aro, fue a Londres donde recibió del coronel británico Geoffrey Cardozzo, encargado de organizar el cementerio de guerra argentino en las islas, un informe que indica: "Se hizo el máximo esfuerzo para identificar a los caídos, pero no todos llevaban identificación". El documento también revela que se pidió al gobierno argentino ayuda para hacer la identificación, pero nunca hubo respuesta.
Los integrantes de Nomeolvides buscaron a otras madres para sumar al reclamo que -con ayuda de directivos de la revista Gente - hicieron llegar a Cristina Kirchner, a través del cantante inglés Roger Waters.
"En el Norte, Chaco y Corrientes, donde se concentra la mayor cantidad de caídos de la guerra, encontramos familias que necesitan apoyo porque nunca recibieron información", cuenta José Raschia, otro ex soldado y miembro de la fundación.
Los familiares, pero sobre todo las madres de los chicos muertos en la guerra, tuvieron que asumir durante la representación en actos y homenajes en su honor. Sólo piden algo para ellas. "No queremos morirnos sin saber", resume Maruca.










