La impronta mutante del peronismo

Alejandro Catterberg
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8 de diciembre de 2014  

El reloj con la cuenta regresiva para que Cristina Kirchner deje la presidencia, que se ve en las gigantografías que colocó el massismo, está por marcar 365. Faltan, además, sólo ocho meses para que se realicen las PASO y 180 días para que se formalicen en la Justicia Electoral las candidaturas.

Tras once años de un férreo dominio de la política argentina, el kirchnerismo se tendrá que preparar para dejar el poder. A pesar del difícil contexto económico, la presidenta conserva hoy una aprobación cercana al 40%, una mayoría parlamentaria que le permite aprobar leyes a placer y un llamativo control de la agenda política. Pero esto no le alcanza al kirchnerismo para garantizar un final de mandato tranquilo.

En primer lugar, el apoyo de los argentinos a la figura personal de Cristina Kirchner no es similar a la ampliamente negativa evaluación que realizan de la gestión de gobierno y de la situación económica y social del país. A su vez, la Presidenta carece de una figura dentro de su círculo más cercano que tenga posibilidad de presentarse a la elección y ser competitivo. Si además la economía no mejora el año próximo, su apoyo social seguirá la tendencia negativa de estos últimos tres años, en donde ya ha perdido a casi la mitad de quienes la valoraban positivamente al inicio de su segundo mandato.

En cambio, las chances del FPV y el peronismo de retener la presidencia y las gobernaciones (incluyendo la de Buenos Aires) serán significativas si la economía se reactiva, el kirchnerismo acuerda con Daniel Scioli, la oposición sigue fragmentada y Cristina muestra su faceta más moderada.

En la elección del año próximo se volverá a evidenciar la mutación que sufrió el sistema de partidos en la Argentina tras la crisis de 2001. De un sistema bipartidista se ha mutado a uno de partido dominante. Trasladando sus definiciones internas al conjunto de la sociedad y en su doble cara electoral de oficialismo y oposición, el peronismo ha expandido su base electoral y su control de gobernaciones, parlamentos y cargos en el Estado nacional y las provincias. Vale recordar que en las elecciones de 2013, en la provincia de Buenos Aires -que representa casi el 40% del electorado nacional-, el 80% votó a candidatos que declaraban ser peronistas. En un país dominado por el peronismo, no debería sorprender que dos de los tres principales candidatos presidenciales tengan ese origen y que el año que viene puedan ambos llegar al ballottage.

La contracara de la expansión peronista, es la agonía del radicalismo. La UCR dejó de ser un partido con capacidad de competir en elecciones presidenciales. Obtuvo en las elecciones presidenciales de 2003 el 2,34% de los votos; en 2007 tercerizó su candidatura presidencial en Roberto Lavagna (que venía de ser ministro de Economía de dos presidentes peronistas) y alcanzó el 16,9%, y en 2011, con Ricardo Alfonsín como candidato, cosechó el 11,14%. Pero además, el radicalismo retrocedió fuertemente en las provincias. Hoy sólo gobierna en Corrientes. De los 95 diputados nacionales que aportan al Congreso la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, sólo cinco pertenecen al bloque radical.

Aunque Elisa Carrió confunda las formas, el trasfondo de sus declaraciones contra dirigentes de UNEN parece correcto. Al negarse a un acuerdo electoral que incluya a Pro, el radicalismo contribuye al fraccionamiento del voto opositor y acrecienta las chances del peronismo en cualquiera de sus formas. ¿Quién va a necesitar más del radicalismo si llega a ser presidente: Mauricio Macri o Sergio Massa? Algunos radicales pareciera que prefieren el rol de oposición al peronismo a permitir la posibilidad de que, si el peronismo no gobierna, lo haga una fuerza que no sea radical. El deterioro del radicalismo y aliados de estos años es aprovechado por Pro. En base a una gestión exitosa en la Ciudad, a haber mantenido un discurso coherente y sistemático contra el kirchnerismo, y a entender que la política y las campañas electorales en el siglo XXI están más cerca de las redes sociales que de las plataformas programáticas, Mauricio Macri tiene chances concretas de alcanzar la presidencia. Scioli, Macri o Massa. A menos que suceda algo extraño, alguno de ellos asumirá la presidencia en un año. ¿Quién de ellos?, dependerá de sus destrezas en la campaña, de la marcha de la economía y de las posiciones que tomen la Presidenta y los dirigentes opositores.

El autor es director de Poliarquía

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