
La primera dama baja su perfil, pero no su gran influencia
Aconseja al Presidente sin mostrarse La estrategia de Cristina Kirchner la llevó incluso a faltar a la sesión del Senado del miércoles último No quiere desgastar su imagen Busca dar protagonismo a los ministros
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Después de saludar en el balcón de la Casa Rosada tomada de la mano del Presidente, Cristina Kirchner, la primera dama, decidió cultivar un bajo perfil absoluto que la decidió a no ocupar su banca en el Senado, el miércoles último, cuando la Cámara alta sancionó la ley antisecuestros, el primer proyecto de ley que impulsó el Gobierno.
La decisión de no aparecer en público ni hacer declaraciones es parte de una estrategia acordada entre la senadora del PJ y su esposo, Néstor Kirchner, que también decidió no hablar y mostrar sólo sus acciones de gobierno en su primera semana en el poder. "Está midiendo su exposición y no quiere opinar de temas ejecutivos", dijo ayer a LA NACION una fuente de confianza de la primera dama.
El cambio de actitud es notable. Desde que su marido asumió el poder, la primera dama no tuvo apariciones públicas y tiene pensado mantener su bajo perfil. Sin embargo, en la campaña presidencial y después de que Carlos Menem renunció al ballottage, Cristina Kirchner se había convertido en la principal defensora del proyecto presidencial de su marido. Una vez instalados en la Casa Rosada, la historia cambió.
La primera dama es la principal consejera del Presidente y la persona en la que más confía. Tiene peso propio y un perfil político independiente del de su marido. Por esas razones no se trata de una primera dama convencional.
Ni siquiera le agrada que le digan primera dama. Prefiere que la llamen la "primera ciudadana".
Antes de que Kirchner jurara, el 25 del mes pasado, ante la Asamblea Legislativa, Cristina Kirchner había decidido que no iba a desempeñar el papel de primera dama (excepto en las cuestiones protocolares que le exigiera su marido) y que continuaría en su banca en el Senado.
El mismo cargo
"Esa definición la va a mantener", dijo ayer a LA NACION un colaborador de la esposa del Presidente. Su decisión también incluye no ocupar ningún cargo relevante en el Senado más que el que ya tenía antes de las elecciones del 27 de abril último: titular de la Comisión de Asuntos Constitucionales.
¿Qué la llevó a bajar un perfil que siempre fue alto? Una estrategia de Kirchner que concibe la forma de ejercer el poder en la que es más importante hacer cosas, mostrar gestos que decir discursos. Pero en el caso de la primera dama se buscó otra, además: primero, no desgastar su imagen, y, de ahora en adelante, sólo aparecer cuando su tarea legislativa se lo demande o en cuestiones de Estado específicas.
El otro objetivo fue dejar en el centro de la escena a los ministros del Gobierno, que en el debut de la primera semana buscaron algún impacto con sus acciones. La presencia de la primera dama podría haber opacado en cierta medida a los funcionarios de Kirchner.
El nuevo perfil de Cristina Kirchner no significa que en los próximas semanas la primera dama se mantendrá callada. La idea es fijar una postura en temas muy políticos y de cuestiones legislativas vinculadas con su función en el Senado.
Ese bajo perfil no cambió en nada su función al lado de su marido. De los primeros cinco días hábiles de Kirchner en el poder, la primera dama dedicó tres a visitar la Casa Rosada, siempre después de 19, con el fin de reunirse con el Presidente y algunos de sus colaboradores para hacer lo que hacía antes: aconsejarlo.
Cristina Kirchner fue al despacho presidencial después de mantener algunas audiencias en su departamento de Barrio Norte y luego de trabajar el miércoles último en su despacho, cuando hubo sesión y ella no ocupó su banca. "La sanción de la ley antisecuestros estaba asegurada y no hacía falta su presencia", explicó una fuente cercana a la senadora.
Una llamada del Presidente hizo que se mudara por unas horas del Senado a la Casa Rosada. Junto con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, hablaron con el Presidente de cómo había sido la primera semana en la Casa Rosada. Después, los Kirchner decidieron que su primer fin de semana en la presidencia no sería en la residencia de Olivos, sino en su tierra.
Parte de la estrategia
Volaron el viernes último por la tarde en un Lear Jet de la Fuerza Aérea a Río Gallegos mientras se hacía la mudanza a Olivos, donde el matrimonio presidencial pasó su primera noche el jueves último. Estar en Santa Cruz fue una decisión también vinculada con la estrategia de los Kirchner de mantener un bajo perfil.
Cristina Kirchner dio antes de partir algunas instrucciones para acondicionar la residencia de Olivos y tiene pensado dedicarse la semana próxima a instalarse en la que será su casa por los próximos cuatro años y siete meses y a la actividad del Senado.
Sólo va a participar de "temas puntuales" del Gobierno (eso dijeron sus colaboradores) cuando ella lo decida y medirá sus apariciones públicas.
Vivir en la quinta presidencial le dará más privacidad de la que tuvo hasta ahora y podrá desde allí, donde el Presidente planea hacer la mayoría de las reuniones bilaterales con sus ministros, ejercer su influencia.
Cristina Kirchner piensa que no tiene que ocupar el lugar que tenía en la campaña. Ahora, "Kirchner", como muchas veces le dice a su marido, ya es presidente. Esa circunstancia cambió las cosas, pero no todas. Ella es su principal consejera y la única en quien confía en serio.
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