López y Pérez Corradi, claves en los aportes para "la caja"
Los dos detenidos formaron parte de una estructura de recaudación que se atomizó después de la muerte de Néstor Kirchner; el rol decisivo de De Vido
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José López e Ibar Pérez Corradi tienen algo en común: antes de terminar tras las rejas, ambos fueron aportantes regulares a "la caja". Uno, a través de la recaudación negra de la obra pública; el otro, por intermedio de la "mafia de los medicamentos". Ambos confluyeron además hacia el mismo destino: el financiamiento ilegal de la política.
López y Pérez Corradi no fueron los únicos. El equipo completo de Julio De Vido en el Ministerio de Planificación Federal contribuyó a "la caja".
Desde el primer encargado de los negocios con Venezuela, Claudio Uberti, hasta el secretario de Transporte, Ricardo Jaime , hasta su secretario privado devenido jefe de Ceremonial y rostro visible de la "diplomacia paralela", José María Olazagasti, entre otros.
Pero el esquema incluyó otros rubros, por ejemplo el juego, con Cristóbal López como el empresario más asociado al kirchnerismo, y miles de proveedores del Estado en áreas muy distintas entre sí, como salud, seguridad, informática, papelería y muchas más.
La maquinaria de recaudación del kirchnerismo sufrió un replanteo total, sin embargo, a partir de octubre de 2010, cuando falleció el ex presidente Néstor Kirchner , quien ejercía un control total sobre sus colaboradores, a los que coordinaba de manera radial: cada uno de los "pingüinos" le respondía directo a él.
Tras su muerte, según cuentan ex funcionarios, empresarios, lobbistas y operadores consultados por LA NACION, "la caja" se atomizó. Varios altos funcionarios tomaron el control de distintas canillas de recaudación. Ésa es la hipótesis que el propio presidente Mauricio Macri sostiene cuando habla en privado.
Antes y después de la muerte de Kirchner, no obstante, el entonces secretario de Obras Públicas, López, jugó un rol clave en esa recaudación. Para eso contó con la colaboración de al menos dos emisarios: el contador Andrés Galera y Guillermo Fernández.
El primero sirvió de enlace con empresarios y protagonistas del "caso Skanska"; el otro, conocido como "el Ñoqui", se presentaba como facilitador ante el Registro Nacional de Constructores de Obras Públicas.
Así, otorgar contratos, facilitar los adelantos de obra, destrabar los cobros subsiguientes, acelerar las recategorizaciones de capacidad de las empresas fueron sólo algunos de los rubros que permitieron a López "hacer caja" para los bolsillos propios y de los jefes, y para financiar cada una de las campañas kirchneristas.
Dentro de la órbita de De Vido -quien ahora niega que López haya sido su "mano derecha"-, Jaime también siguió ese camino.
El ex secretario de Transporte ya reconoció ante la Justicia que cobró "dádivas" para sí mismo, mientras que en los miles de correos electrónicos de su testaferro, Manuel Vázquez, consta cómo abordaban a las empresas -locales o españolas- para pedirles "contribuciones" para "el Jefe".
"Jaime no iba ni al baño sin pedirle permiso a Kirchner y De Vido. Lo que decidía el presidente, el ministro de Planificación lo acataba", dijo Vázquez ante la Justicia, semanas atrás. "No hacía nada", afirmó, sin una "orden directa" de Kirchner.
Dinero narco para "la caja"
En el caso de Pérez Corradi, por su parte, el juez federal Ariel Lijo vinculó esta semana los aportes que recibió el Frente para la Victoria (FPV) por cientos de miles de pesos durante la campaña presidencial de 2007 con la mafia de los medicamentos.
Pero también los asoció con el narcotráfico. Puede presumirse, sostuvo, que al menos parte del dinero investigado provino "del tráfico de efedrina".
Solange Bellone, la viuda de Sebastián Forza, uno de los tres asesinados del triple crimen, prestó su empresa Seacamp para que apareciera como aportante a la campaña kirchnerista por $ 200.000, según remarcó Lijo. Y ella y su marido fueron apenas dos de los aportantes bajo la lupa.
Forza se llevó a la tumba, por ejemplo, lo que sabía sobre el "caso Antonini".
Según declaró un testigo ante la Justicia, al menos una vez contó que aquella madrugada en Aeroparque ingresaron más valijas que sortearon los controles con otros US$ 4,2 millones.
Es decir, el mismo monto que sólo después revelaría la nacion sobre la base de fuentes venezolanas y argentinas, y confirmaría Guido Alejandro Antonini Wilson ante la Corte Federal en Miami.
A nueve años de aquella campaña presidencial, la resolución de Lijo tiene ahora poco de novedosa.
Años atrás, por ejemplo, la Unidad de Información Financiera (UIF) recibió un reporte de operación sospechosa (ROS) del Banco Privado de Inversiones.
Le informó que Pérez Corradi embolsaba cheques en su caja de ahorro por un total de $ 426.677 librados por el laboratorio Multipharma, en favor de la droguería San Javier, que pertenecía a Néstor Lorenzo, hoy preso por la mafia de los medicamentos y, según afirmó Lijo ahora, uno de los cerebros detrás de la recaudación negra para 2007.
Para los protagonistas de la "mafia de los medicamentos", sin embargo, los aportes de campaña resultaron apenas una de las varias vías de contacto con la política.
También compraron protección a cambio de engordar "la caja", como se ufanaba Forza entre amigos y socios, y relató luego su viuda en el juicio por el triple crimen. Entre otros, le pagaron a "la Morsa".
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