Los Horacios y los Curiacios
En los comienzos de su historia, la ciudad de Roma debió competir con otras ciudades vecinas. Una de ellas fue Alba. Para evitar un baño de sangre, Roma y Alba acordaron que en su representación lucharían sólo tres guerreros por bando. Roma escogió a tres hermanos, los Horacios, en tanto Alba eligió a otros tres hermanos, los Curiacios. No bien comenzó el duelo, los Curiacios dieron muerte a dos Horacios. El Horacio restante empezó a huir. Eufóricos, los tres Curiacios lo persiguieron pero, como corrían a desigual velocidad, se fueron separando unos de otros. Cuando se habían distanciado lo suficiente entre ellos, Horacio pegó la vuelta y los mató uno por uno.
¿Quiénes son, hoy, nuestros Horacios y nuestros Curiacios? Como en medio del duelo con Alba, nuestros Horacios han quedado reducidos a uno solo. Su nombre es Néstor Kirchner. Como los Curiacios, nuestros opositores superan en número al Horacio que queda. Si juntaran sus fuerzas, sumarían el 70 por ciento de los votos contra el 30 por ciento de Kirchner. Pero, al igual que los Curiacios, nuestros opositores corren a desigual velocidad. Enérgica, Carrió corre adelante. Al Curiacio radical lo asaltan las dudas. La oposición de Macri es tan tímida que a veces parece semioficialista.
La "caja", que es la espada de Kirchner, ha herido a Binner, cuya dependencia financiera del gobierno nacional saltó a la vista con el sorprendente voto de los socialistas en el debate sobre las AFJP. Como el legendario Estanislao López ante Rosas, tanto Binner como el otro santafecino, Reutemann, vacilan. Sólo el financieramente sólido Rodríguez Saá y los ya liberados de la angustia de administrar en Buenos Aires como Felipe Solá o en Salta como Juan Carlos Romero, osan erguirse. Kirchner, ¿logrará matarlos entonces uno por uno?
Con otro ejemplo traído de la historia, esta vez de la nuestra, cabe recordar que hacia 1849 Rosas creía haber vencido a todos sus enemigos. Pero al año siguiente se le dio vuelta su principal soporte militar que no era otro que Urquiza, que en 1852 lo batiría en Caseros. Los apogeos, por lo visto, son engañosos. Macri, ¿esperará en silencio que entre 2009 y 2011 se torne aciaga la suerte de Kirchner? ¿O a éste lo sorprenderá finalmente, desde sus propias filas, un nuevo Urquiza?
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