Macri le baja el pulgar al desdoblamiento y Vidal maniobra para evitar pagar los costos

Jorge Liotti
Jorge Liotti LA NACION
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27 de enero de 2019  

Cuando al presidente Mauricio Macri le preguntan sobre las posibilidades de desdoblar las elecciones en la provincia de Buenos Aires , antes de responder exhibe una gestualidad muda que parece transmitir un escepticismo profundo, muy cercano al rechazo. Y después, cuando argumenta, lo hace para esmerilar la propuesta que tiene a María Eugenia Vidal como una promotora disimulada

"Nunca me gustaron esas maniobras electorales, no comulgo con ellas. También me sale de adentro el cartonero Báez : cuesta mucha plata separar las elecciones. Y, además, si la economía va a repuntar a partir de mitad de año es mejor hacer la elección en octubre cuando se sientan más los efectos". Los comentarios que hizo el Presidente esta semana en una reunión en la Casa Rosada dejaron a sus interlocutores convencidos de que el desdoblamiento es hoy una hipótesis sin proyección en la mente de Macri .

En el cuartel de la gobernadora ya lo saben y lo admiten. Sin embargo, en el oficialismo mantienen el discurso de que será un tema a definir a fines de febrero en una cumbre entre Macri y Vidal, con los números de las encuestas en la mano. Es parte de una puesta en escena que se mantiene en cartel por el enorme efecto que tuvo en el público peronista, que se vio descolocado y desordenado desde que la idea del adelantamiento cobró fuerza.

El jefe de Gabinete bonaerense, Federico Salvai , incluso le habría ofrecido a su par nacional, Marcos Peña, salir públicamente a dar por caído el desdoblamiento, pero acordaron que era más beneficioso dejar correr la idea otro mes porque confunde a los rivales y les permite ganar tiempo. Macristas felices recreando un guion que tantas veces utilizó el peronismo para dispersar a la oposición. Esto no evita que haya en la Casa Rosada cierto malestar con algunos intendentes y legisladores provinciales de Cambiemos que lucieron desesperados por desdoblar. La sutileza y el buen gusto son importantes para la dramaturgia política.

Macri y Vidal estuvieron un mes sin verse desde antes de Navidad hasta esta semana. Si bien quienes conocen su vínculo tan personal aseguran que hablaban por teléfono casi todos los días, las diferencias por la estrategia electoral se habían filtrado por la brecha que dejó abierta la discusión presupuestaria de fin de año.

La gobernadora no se resigna a perder los $19.000 millones por la actualización inflacionaria del Fondo del Conurbano. Reconocer una parte de ese monto, en efectivo o en obras, podría ser una compensación esperada en La Plata por la disciplina electoral. En cualquier caso, Macri entendió que era imprescindible mostrarse con Vidal esta semana e incluso reunirse con ella en Olivos, como hizo anteayer. Quería desactivar los rumores de tensión entre ellos que habían circulado.

Si bien fue la primera vez que la Nación se comprometió a analizar el tema desdoblamiento, el Presidente dejó en claro que quiere a la gobernadora junto a él en la boleta. Como en 2015.

La doctrina de no innovar

El debate por la fecha de las elecciones en realidad encubre otra discusión, que es mucho más profunda y estratégica. Mientras que en la Casa Rosada están convencidos de que en octubre los espera un nuevo triunfo electoral, en la gobernación bonaerense son mucho más cautelosos.

"Tienen un optimismo que raya en lo patológico", señalan en el entorno de Vidal a partir de un cálculo que los asusta: "María Eugenia mide alrededor de 40 puntos en la provincia y Mauricio, unos 30. Cuando se los encuesta juntos, Cambiemos queda en un intermedio de 35 puntos. Si consideramos que Cristina sacó 38 puntos en 2017, estamos en problemas".

La lectura es que mientras la expresidenta potencia a cualquier candidato a gobernador (excepto que insista en un experimento al estilo Aníbal Fernández ), el actual mandatario le hace de peso a la gobernadora. Con un agravante: al no haber ballottage en la provincia, Vidal se juega todas las cartas en octubre.

Resignados al escenario unificado, en el oficialismo coinciden en que Macri debe recuperar los puntos de aceptación que perdió. Enero no fue un buen mes para él después del repunte de fin de año. El efecto tarifas se sintió en varias mediciones.

El índice de confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Di Tella cayó 15,1% en un mes. La consultora Opinaia también identificó un crecimiento de la imagen negativa de la administración nacional del 68% al 72%, basado esencialmente en razones económicas. Algo similar detectó Poliarquía, con un 65% de desaprobación y con una fuerte incidencia del factor económico: 69% de los consultados lo marcaron como el principal problema que los afecta personalmente.

Sin embargo, la mayoría de las mediciones no descarta que Cambiemos termine ganando si no hay disrupciones graves. Los focus groups que desarrolla el equipo de Jaime Durán Barba aporta una justificación conceptual al señalar que lo que más incide en la elección de un gobernante es lo que representa y lo que transmite; no es una opción enteramente racional, producto de una evaluación matemática de su gestión. Es un significante de contenido.

En el caso del oficialismo sería futuro versus pasado; república versus autoritarismo; seguridad versus narcotráfico. Y en ese sentido, Macri luce un activo mejor conservado que el kirchnerismo y que el impreciso conglomerado del peronismo alternativo.

Por eso en la Casa Rosada predomina la sensación de statu quo. "Si la foto de hoy continuara hasta octubre, ganamos", sintetiza un hombre con despacho cercano al presidente.

El dólar calmo le permite a Macri relativizar la alta inflación ("lo importante es que tenga una curva descendente", remarca) y admitir que la salida de la recesión será lenta y sectorizada ("ya arrancó con el turismo y la energía, y va a continuar con el campo", pronostica). La frase que mejor sintetiza su pensamiento es la que más repite: "No hay otro camino".

No parece muy sexy para renovar expectativas en una campaña electoral, pero anida allí una profunda convicción personal de que lo peor que puede hacer es perder lo que tiene de diferencial, el remanido planteo de que llegó al poder para hacer las cosas de un modo distinto. Habrá que ver si le alcanza o si en el algún momento las encuestas no le marcan insuficiencia argumental. O si por alguna razón se produce el imprevisto giro de que Cristina Kirchner no sea candidata y el peronismo compita unificado, un escenario que por ahora no está contemplado en el oficialismo.

En el búnker bonaerense se desesperan con esa pasividad minimalista. Aseguran que hay 1,5 millones de votos en la provincia que son "vidalistas", pero no "macristas", que se podrían perder, y piden trabajar en una agenda más activa que le permita a Macri levantar su imagen para que no corra riesgos la administración provincial. Colgados de la pollera de la gobernadora van muchos intendentes del conurbano con gestiones dispares, como la de Quilmes o Pilar, que enfrentan un serio riesgo de ceder sus distritos.

La provincia de Buenos Aires representa el 38% del padrón nacional y define la elección general. En 2015, la balanza se inclinó irreversiblemente cuando Vidal ganó allí. Y ahora es probable que ocurra lo mismo. El futuro de todo el proyecto Cambiemos parece que se jugará a un pleno el 27 de octubre. Es la apuesta más sensible que hará Macri en toda su trayectoria política.

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