
Masivo aterrizaje en El Palomar
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El Palomar, una usualmente tranquila localidad del oeste bonaerense, se vio ayer desbordada de visitantes que preguntaban lo mismo: "¿Dónde queda la base militar?", y de otros que dejaron sus vehículos sobre las veredas para llegar a ver los aviones.
Por segundo año consecutivo, la Fuerza Aérea abrió sus puertas a la población por 48 horas para exhibir sus naves de combate, de transporte y de rescate. El año último, la cifra total fue de 200.000 visitantes. Ayer, se batieron todos los récords: 350.000 .
Aunque nadie perdió la calma, fueron muchos los cientos de vehículos que demoraron en llegar a la Base Aérea de El Palomar más de 30 minutos.
"Nunca vi una congestión de tránsito igual, ni siquiera cuando este aeródromo militar fue utilizado como alternativa del aeroparque metropolitano cuando estaban reparando sus pistas", comentó un joven vecino, Pablo Giovannini, que reside en Ciudad Jardín, y tampoco se perdió la exhibición.
La muestra concluye esta noche, a las 20, con un concierto a cargo de la Banda Sinfónica de la Fuerza Aérea y con fuegos artificiales. Estará abierta desde las 10.
En estas 48 horas, el público tiene oportunidad de visitar la intimidad de los aviones de combate como el Canberra, que bombardeó Puerto Darwin, en las islas Malvinas, en 1982, cuando estaba en poder de los británicos, de los helicópteros que auxiliaron a los afectados por las recientes inundaciones en la Mesopotamia y los radares móviles con los cuales se efectúan controles en la Triple Frontera (la Argentina, Paraguay y Brasil) para detectar vuelos ilegales.
La afluencia de la población pareció ser el mejor regalo que en los últimos tiempos tuvieron los integrantes de la Fuerza Aérea. Operadores, aviadores y hasta responsables de la atención al público coincidían en señalar que "para nosotros esto no es un espectáculo, sino la mejor manera de mostrarle a nuestros conciudadanos qué hacemos y qué tenemos y que comprendan todo lo que aquí ven, la Fuerza Aérea entera es de ellos".
En la misma sintonía se escuchaba hablar, a mediados del mes último, a los marinos que recibían a los 843.000 visitantes de la Flota de Mar, en el Apostadero Naval Buenos Aires.
De globos a paracaídas
Para recorrer toda la muestra se necesitan varias horas porque incluye dos globos aerostáticos, un dirigible, un sector de hangares con maquetas sobre la remodelación de los aeropuertos de Bariloche y de Iguazú, un stand de los Veteranos de Malvinas, aeromodelos y una pequeña boutique para adquirir recuerdos.
Hay exhibiciones de paracaidismo, de asalto tipo comando y vuelos de los flamantes A4-AR Fightinghawk.
Se pueden ver los Twin Otter que abastecen las bases científicas de la Antártida; los aviones de combate Mirage, los de entrenamiento Sukhoi, Morane Saulnier, Tucano, Pampa y Pucará.
Se pueden recorrer las naves de transporte Hércules C-130 y Boeing 707, los Fokker F-27 y F-28.
También se exhiben helicópteros Bell-212, UHIH, y Hughes, como los que actualmente operan en Chipre, en tareas de ayuda humanitaria.
La afluencia de público fue tal que lo único que no hay, por cuestiones de tiempo, son vuelos de bautismo; tampoco hay espacio para carretear.



