
Menem, de rojo, jugó al golf con Alderete
Visitó Anillaco y se reunió con amigos
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LA RIOJA.- Carlos Menem, ex presidente durante una década y uno de los protagonistas de la elección de hoy, se vistió ayer de rojo furioso y, en una camioneta 4x4 del mismo color, fue de la residencia del gobernador, que es su casa cuando está en la ciudad, al campo de golf para jugar unos hoyos.
No bien llegó, ensayó unos golpes a la vista de la media docena de fotógrafos que lo enfocaba desde 200 metros de distancia, del lado de afuera del alambrado. De ese modo, Menem no violaba la veda electoral y daba a los reporteros la imagen que justificaba su viaje desde Buenos Aires.
"°Carlos!", le gritó un fotógrafo, con la esperanza de que mirara hacia las cámaras, hiciera un gesto, algo más que el desinteresado golpe a una pelotita blanca o la charla con la comitiva que siempre lo sigue, como una nube. "°Carlos!", gritaron otros. Pero no había caso. Menem seguía indiferente.
Entonces, un fotógrafo muy experimentado explicó a los demás, con gesto de suficiencia: "Sólo funciona si le dicen "presidente"". "°Presidente!", gritó el que primero había llamado a "Carlos"; de inmediato, Menem levantó su mano derecha y saludó a los fotógrafos con una sonrisa.
Casi dos horas más tarde, Menem partió sorpresivamente hacia Anillaco (sus voceros y familiares habían asegurado que no iría) para cumplir con la cábala preelectoral de toda la vida. Así, entre golf, un paseo entre el bello paisaje riojano y una reunión con amigos en la gran casa del empresario Carlos Spadone, en Anillaco, Menem consumió la víspera de la elección que podría abrirle la puerta para una tercera presidencia.
Un influyente familiar de él que habló con LA NACION en el céntrico hotel La Plaza, que es un concurrido reducto de menemistas, afirmó que su expectativa es salir hoy primero, en primera vuelta. "Habrá que ver por cuánto gana. Si fueran 6 puntos, al menos, es muy difícil que después pierda el ballottage."
Menem se negó a hablar de la elección con esta cronista y el otro puñado de enviados venidos desde Buenos Aires, con el argumento de que la veda electoral se lo impedía.
Un cronista que logró colarse en el club de golf (es golfista y jugó unos hoyos antes de que Menem llegara) logró sólo que le dijera que está convencido de que las condiciones de seguridad durante la elección están garantizadas por el gobierno nacional.
Sin caras nuevas
No hubo aquí ninguna de las caras nuevas que Menem promete incluir en un próximo gobierno, pero estaban algunas de las caras viejas. La más notoria, la del procesado ex titular del PAMI Víctor Alderete, que lo acompañó a la residencia del gobernador, donde almorzaron, al golf y a Anillaco.
También lo siguieron su secretario privado Ramón Hernández y Francisco Mayorga, que fue su secretario de Turismo.
Menem había dicho al cronista que se coló en el golf que no planeaba ir a Anillaco, pero salió del campo y, en su 4x4 roja manejada por un chofer y con otra camioneta con custodios, guió a los periodistas que lo perseguían hasta allá.
Diez kilómetros antes de llegar paró en un tambo de su familia y visitó a las vacas, aunque se perdió el horario de ordeñe. Dejó que lo acompañara un equipo de la revista Gente, al que dio luego una entrevista en la casa de Spadone; con ellos no violaba la veda, porque la revista aparece sólo el martes.
En lo de Spadone -que es justo enfrente de La Rosadita, la imponente casa que Menem no puede pisar por un recurso que interpuso su hija Zulemita- se reunió con Alderete (que tampoco puede visitar la casa que tiene allí porque está embargada por la Justicia), Mayorga, su hermano Amado Menem y el dueño de casa.
Ya de noche volvió a La Rioja, donde votará esta mañana temprano y luego abordará el avión charter de Aerolíneas Argentinas que lo trajo hasta aquí y volverá a buscarlo. Esperará el resultado de la elección en el hotel Presidente, que tiene ese nombre que tanto le encanta.


