Metas que permitan llegar al mejor 2015 para la Argentina

Fernando Straface
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25 de octubre de 2011  

El resultado electoral da a la Presidenta una plataforma de legitimidad política y social de carácter excepcional en la historia argentina. Cristina Fernández de Kirchner corporiza un poder presidencial indiviso y personalista, que reduce a la unidad, además de al vicepresidente y al Gabinete de ministros, al conjunto de los líderes del partido de gobierno y las principales figuras legislativas oficiales de ambas cámaras del Congreso. A esto se suma la creciente ascendencia de la Presidenta sobre una parte importante del empresariado y del movimiento sindical.

La oposición inicia un camino de reconstrucción, luego de una elección en la que fue incapaz de interpelar al Gobierno sobre la agenda pendiente y presentarse ante la sociedad como una alternativa sólida.

En este escenario, el rumbo del país se configurará a partir de los objetivos que plantee la Presidenta para su segundo mandato. Una agenda signada por la vocación de trascendencia y de aproximación a grandes temas pendientes podría potenciar el crecimiento y la inclusión logrados en los últimos años.

Esta legitimidad permite liderar un acuerdo de expectativas capital-trabajo que contribuya a disminuir la inflación progresivamente. La normalización del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y la vuelta a un IPC nacional son necesarios para garantizar estos acuerdos. Además, el Banco Central deberá recuperar su capacidad de intervención en la política monetaria, y asistir periódicamente al Congreso para discutir avances y sustentar expectativas.

Una asignación más equitativa y transparente de recursos entre la Nación y las provincias es la gran deuda del federalismo, que causa enormes diferencias sociales en el territorio nacional. El Gobierno tiene ahora el sustento político para impulsar la discusión parlamentaria de criterios de asignación que promuevan la convergencia en el desarrollo relativo de las provincias.

En el plano social, la Asignación Universal por Hijo (AUH) es un pilar que debe ser transformado en ley con parámetros de actualización por inflación y vinculación con otros programas que aseguren un piso de derechos a todos los ciudadanos. El alto nivel de inversión en educación (6,4% del Producto Interno Bruto) y la AUH pueden sustentar la progresiva inclusión a la doble jornada escolar de las familias con más necesidades sociales.

También es posible iniciar un debate por el modelo de seguridad social para los próximos 50 años, con sentido de responsabilidad por las generaciones actuales y futuras frente a una dinámica demográfica adversa. Esto supone una profunda deliberación en el Congreso con estrictos parámetros de información y análisis de las opciones consideradas.

La competitividad del país demandará más inversión pública y privada en infraestructura. El esquema de subsidios al transporte y la energía quita sentido estratégico al esfuerzo de gasto público que hace la Nación en estos sectores, y tiene un carácter regresivo. Un sinceramiento gradual de tarifas debería combinarse con medidas de contención social, como subsidio a la demanda (transporte) o tarifa social (energía).

En el plano institucional, el Gobierno podría continuar el gran logro de la renovación de la Corte Suprema con una nueva reforma del Consejo de la Magistratura, que asegure mayor transparencia en los procesos de designación, sanción y remoción de jueces. Además, están pendientes la modernización del Código Procesal Penal y el Código Procesal Civil y Comercial.

Estos temas podrían integrar un plan de metas presidenciales para 2015. La historia regional demuestra que los presidentes que logran construir una agenda estratégica y trascendente mantienen el poder –y la capacidad de influir en la sucesión– más eficazmente que quienes se dedican exclusivamente a arbitrar su sucesión. Los argentinos nos debemos un presidente que deje el cargo con un alto nivel de apoyo, prestigio internacional y vocación de aportar a la estrategia de desarrollo del país una vez que abandone el cargo. Fernández de Kirchner inicia el camino para tener esa oportunidad en 2015.

El autor es director ejecutivo de Cippec

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