Natalio Botana: "La democracia está renga porque todavía no tiene una alternativa responsable"

El politólogo advierte sobre la fragilidad del sistema político y el inconveniente que plantea al desarrollo económico; sostiene que el peronismo necesita definir un nuevo liderazgo
El politólogo advierte sobre la fragilidad del sistema político y el inconveniente que plantea al desarrollo económico; sostiene que el peronismo necesita definir un nuevo liderazgo Crédito: Hernán Zenteno
Mariano De Vedia
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30 de enero de 2019  

En el comienzo de un año electoral que promete ser intenso, el politólogo Natalio Botana bucea en aguas profundas. Más allá de las promesas de cambios y rupturas, lo preocupa la continuidad de un sistema económico frágil, que el país arrastra desde hace más de 30 años y del que solo podrá salir con políticas de Estado, ejecutadas por un gobierno y una oposición responsable.

"Sin una alternancia responsable, la democracia está renga", es el diagnóstico de Botana, doctor en Ciencias Políticas y Sociales, académico y profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella, al señalar una falencia que la Argentina no tenía a principios de la recuperación de la democracia.

En ese cuadro, la incierta situación del peronismo, que siempre encontró la unidad bajo la sombra de un liderazgo fuerte, suma más ingredientes al debate, con la posibilidad de una candidatura de Cristina Kirchner. "No voy a discutir sus proyectos sociales y económicos, pero sí el contenido moral de esa candidatura. La experiencia kirchnerista es la que más ha erosionado la constitución moral de una democracia", definió Botana en una entrevista con LA NACION.

-¿Cómo ve el año electoral?

-El intelectual francés Raymond Aron decía que su país era inmutable y cambiante. Este año 2019 podemos aplicar esta expresión a la Argentina. Todo año electoral está planteado como un cambio o una ratificación de lo que se está haciendo. Pero lo que más me preocupa no es el fragor de la campaña, sino la continuidad de problemas de una extraordinaria gravedad para el país.

-¿Cuáles son esos problemas?

-Tienen que ver con una estructura económica muy endeble y con un problema más profundo: la falta de constitución económica en la Argentina, que está marcada por la soberanía de moneda y la sustentabilidad fiscal. Es un problema grave que se arrastra desde hace 30 años y no lo puede resolver un gobierno, sino una gran concentración de centro, en la que diferentes formaciones políticas converjan en un núcleo de políticas de Estado.

-¿Hay espacio para esa confluencia?

-Lo puede hacer un gobierno con una oposición responsable. Recientemente, el Banco Mundial anunció las proyecciones de crecimiento para América Latina. Todos los países crecen moderadamente, excepto dos: Venezuela, que es una catástrofe humanitaria, y la Argentina. Los países que crecen son los que han entendido, como Uruguay y Chile, que con la macroeconomía no se juega y que una de las bases del crecimiento es la capacidad exportadora. Eso la Argentina lo ha olvidado y estamos pagando esos efectos.

-¿Cuáles son esos efectos?

-La recesión, el aumento de la pobreza, el flagelo inflacionario.

-¿El problema es solo económico?

-La batalla electoral presenta un problema muy serio, que la Argentina no tenía cuando recuperó la democracia: no hay una alternancia responsable. En una democracia la alternancia es fundamental, es el oxígeno que la purifica de corrupciones, de malos gobiernos. Pero esa alternancia tiene que ser responsable. Y hoy lo que se plantea es una polarización a todo o nada.

-¿Este escenario de polarización es distinto de lo que era el bipartidismo?

-Sí, porque el bipartidismo puede ser responsable o irresponsable. Funcionó en Alemania, con socialdemócratas y demócratas cristianos, se intentó en la Argentina, después de 1983, con el peronismo a lo Menem y el radicalismo de Alfonsín y de De la Rúa. Pero hoy en el mundo ese bipartidismo responsable decae y tenemos fenómenos de intensa polarización, como en Estados Unidos, con Trump y una oposición del Partido Demócrata que no converge hacia el centro, sino hacia los extremos. Las posiciones políticas tienden a ser irreductibles. Se lo ve también en Europa. La democracia está todavía renga porque no tiene una alternancia responsable.

-¿Esta tendencia de ir hacia los extremos hace más difícil una confluencia de políticas de Estado?

-Se hace difícil. Las encuestas en la Argentina muestran intenciones de votos que se dividen en tercios entre el Gobierno, la formación de Cristina Kirchner y un 30% restante profundamente fragmentado en liderazgos que no concitan adhesión. Además, las relaciones entre opiniones positivas y negativas de esos liderazgos son bastante deficientes.

-¿El gobierno de Macri se siente más cómodo en un escenario de polarización?

-La polarización puede beneficiar a uno u otro candidato. Pero no beneficia al régimen político. Si entendemos por régimen político una democracia construida sobre la base de alternancias responsables.

-¿Hay un escenario para que algún candidato pueda ganar en primera vuelta?

-Tendría que ir muy dividido el espacio peronista. Me parece muy difícil.

-¿Puede beneficiar al gobierno nacional adelantar las elecciones en la provincia de Buenos Aires?

-Me parece que la estrategia del Gobierno es no dividir. Hay algunos intentos, pero es difícil de medir esta táctica. Tenemos un sistema electoral de altísima intensidad, que no ayuda para establecer las bases de una gobernabilidad consistente en el país. El año electoral comenzará en febrero y terminará, si hay segunda vuelta, en noviembre. Hay una interacción muy grande entre intensidad electoral y la intensidad de desconfianza de los mercados.

-¿Cuáles son las perspectivas del peronismo?

-Son muy difíciles. Si el peronismo termina encapsulado por la candidatura de Cristina Kirchner tendrá un problema, porque se transformará en el furgón de cola de su candidatura. No voy a discutir sus proyectos sociales y económicos, pero sí el contenido moral de esa candidatura. La experiencia kirchnerista es la que más ha erosionado la constitución moral de una democracia. Así como necesita una constitución económica, la democracia requiere una constitución moral, un mínimum de comportamiento ético de sus gobernantes. Si el peronismo abdica de esa capacidad transformadora para ubicarse a los nuevos tiempos y queda encapsulado por la candidatura de Cristina Kirchner, quedará mirando más al pasado que al futuro.

-¿Para recuperar esa capacidad de transformación necesita el surgimiento de un nuevo líder?

-Requiere un liderazgo. Yo he criticado las PASO, pero las pueden utilizar tácticamente para resolver un nuevo líder.

-¿Un sector peronista se puede despegar del kirchnerismo?

-No lo descarto. Pichetto y Urtubey lo están diciendo. Hay otros candidatos que insisten en la unidad.

-¿Es posible una candidatura de unidad en el PJ?

-Si Cristina se transforma en una gran electora y ayuda a que surja una candidatura de unidad, ello plantearía a Cambiemos una incógnita difícil de resolver. Por ahora no se ve, pero no hay que descartar ninguna hipótesis.

-¿Al kirchnerismo le cuesta encontrar un heredero?

-El problema es que encuentren un sucesor con el cual todos los peronistas estén de acuerdo. Históricamente, la unidad en el peronismo siempre fue tributo de un liderazgo fuerte. El problema de fondo es cómo lograr una jefatura más allá de Cristina Kirchner pero aceptada por ella misma. Aquí entran en juego varios problemas éticos, porque ¿qué va a pasar con la corrupción en la Argentina en caso de que gane el peronismo?

-¿Todos los procesos judiciales en marcha se verían afectados?

-Se verían afectados porque el problema de fondo con la Justicia Federal es que ha respondido históricamente a los cambios que se producen en la esfera del poder político. No tenemos todavía una Justicia independiente con calidad ética y con calidad de eficacia.

-¿Hasta qué punto hay en la sociedad una demanda fuerte en contra de la corrupción?

-La corrupción nace sobre la base de un triángulo. Arriba está la acción del poder. En uno de los ángulos de abajo está la acción del poder económico que interviene en ese circuito vicioso. Pero en el otro ángulo está la expectativa de la sociedad. Y en la Argentina esa expectativa en contra de la corrupción no es tan fuerte como en otras sociedades. Eso explica en parte el liderazgo cierto que todavía conserva Cristina Kirchner.

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