No los puso a parir, pero todavía hay tensiones
MADRID.- Fue una coincidencia cargada de sentido. La primera reunión privada de Cristina Kirchner con los sensibilizados empresarios españoles transcurrió en la misma sala -paritorio, podría decirse- en que, hace cuatro años, la diatriba de su marido, el Presidente, arrancó aquel indignado "¡usted nos puso a parir!".
Por lo menos 10 rostros de los que ayer escucharon a la senadora fueron los mismos que en aquellas horas angustiosas soportaron esa filípica que marcó una etapa. Eran los tiempos en que se hablaba en España del malhumorado "estilo K". Y la comparación entre un momento y otro fue inevitable.
La senadora usó en su provecho la coincidencia. "Si no me equivoco -y no se equivocaba-, aquello fue un desayuno. Hoy estamos almorzando. No pueden negar que ya es todo un progreso", dijo. Y el primer alivio de la risa vino cargado de promesa.
El anfitrión del encuentro, Gerardo Díaz Ferrán (Marsans, Aerolíneas), hizo entonces explícita la idea que sobrevoló todo el encuentro: "Estoy seguro de que podremos entendernos".
No se equivocó. Tres platos y dos horas y media después, el resultado arroja que casi tanto o más importante que lo plasmado de modo explícito fue lo que quedó sobreentendido, como regla de juego de fondo.
Los consensos entre partes recogidos por LA NACION entre asistentes al encuentro fueron, por lo menos, tres. El primero, que la situación de la Argentina ha mejorado y que los españoles, que subrayan su paciencia en la hora mala, esperan ahora un reconocimiento en retornos. El momento es otro. A diferencia de su marido, la senadora no dijo que no. Y admitió que las pretensiones deben estudiarse.
Otro punto fue la impresión entre varios de quienes estaban allí de que se encontraban frente a una aspirante con posibilidades ciertas de ser presidenta. Y que nadie más -por lo menos hasta ahora- les vino a hablar de esa manera. De hecho, hubo quien recordó el reciente paso, casi anónimo y fugaz, de Roberto Lavagna por Madrid.
El tercer consenso fue el de la oportunidad. Hubo hambre de más definiciones de la candidata, pero junto con eso marchó el pedido de la senadora de que habrá que esperar a que la campaña avance. "Tampoco podíamos atosigarla", confesó un asistente. Y la frase trajo otra coincidencia movida por la cola del diablo: la de aquel célebre "no me atosiguéis" de Isabel Perón; justo la mujer con quien la senadora no quiere ni que se la asocie.
Hubo momentos de discusión dura. "¿Quién es el que fija las líneas de gobierno, usted o su marido?", fue uno de los disparos. Otro apuntó al "modelo económico" del que ella hablaba y que no se terminaba de entender.
La senadora elevó la voz. Pero -dijeron fuentes coincidentes- luego la volvió a bajar. Y hasta prometió un café y más diálogo a los duros. Sí pidió -exigió casi- diálogo "sin interferencias" y la mayor discreción. De hecho, según los organizadores, no hubo grabación del cambio de opiniones.
No terminó con un portazo, sino con un regalo: ella se llevó un pañuelo de seda que reproduce antiguos diseños de la Fábrica de Tapices Reales. Si bien hubo tensiones, no se llegó esta vez a la crisis de parto. Fue el mismo sitio, con los mismos interlocutores y la misma mesa. Pero la etapa es otra. Todos lo saben. Incluida la senadora, que, de paso, naturalmente, sabe de partos.






