Ocho horas de fiesta, con Macri disfrazado de Freddy Mercury
La política, el espectáculo y el deporte se unieron en la celebración exclusiva en Tandil
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TANDIL.- Bailó tanto como casi nunca con los hits de los ochenta. Cantó (desafinado, pero con dedicación) como siempre. Protagonizó un videoclip, se tiró a los pies de su novia como buen enamorado, voló por los aires llevado por sus amigos y hasta usó su disfraz favorito, uno que esta vez le jugó una mala pasada.
Mauricio Macri vivió a pleno el festejo de su boda con Juliana Awada, en la estancia La Carlota de esta ciudad. El festejo, que comenzó a las 19 de anteayer con una ceremonia íntima y culminó pasadas las 3 de la madrugada, fue, como lo definieron distintos invitados a La Nacion, "un verdadero encuentro de amigos". Fueron casi ocho horas de festejo entre familiares, amistades de la política, el empresariado y el fútbol, en las que hubo casi todo, incluso un susto que obligó al jefe de gobierno a tomar agua durante quince minutos para que un bigote postizo no le arruinara la fiesta.
A las 19, la novia llegó, radiante y de blanco, a la enorme carpa adornada con crisantemos blancos donde se desarrollaría la ceremonia de casamiento. "Gracias Juliana, por haberlo cambiado a Mauricio. Ahora hasta nos dice que nos quiere", afirmó José Torello, titular de Pro e improvisado pastor junto al actor Martín Seefeld. Juliana pidió allí a Mauricio que se arrodillara para poder hablarle. El enamorado jefe de gobierno porteño accedió sin chistar. "Qué sometido", murmuraron algunos hombres. "A cuantas nos hubiera gustado lo mismo de nuestros maridos", se lamentó una de las mujeres.
Después de la ceremonia, los canapés y la apertura de la generosa barra de tragos (la caipiros ka fue el más solicitado) los invitados ocuparon las casi 30 mesas. Hombres estilo casual , sin corbata y con saco (sobresalió el saco color salmón de Miguel de Godoy, secretario de Medios del gobierno porteño). ¿Las mujeres? con mucho blanco, sombreros chic para cubrirse del sol y vestidos livianos sin exceso de bijouterie. Se destacaron Valeria Mazza y Evangelina Bomparola, ex pareja de Franco Macri.
Mientras degustaban el asado de campo y las ensaladas, la política comenzó a hacerse presente. Rodeado por el ministro de Ambiente, Diego Santilli, su esposa Nancy Pazos; Nicolás Caputo y los periodistas Jorge Rial y Fernando Niembro, el gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba y el peronista Ramón Puerta hablaban de la factibilidad de la foto de Macri junto al ex presidente Eduardo Duhalde. Algo retirados, Francisco de Narváez y Jorge Macri charlaron largo y tendido. ¿Habrá acuerdo para una candidatura en común? Nadie pudo escuchar el resultado de ese diálogo. En otra mesa, el radical Enrique "Coti" Nosiglia conversaba con su ex correligionario Daniel "Tano" Angelici. La crisis del Grupo A (UCR, Pro, Coalición Cívica, PJ Federal y GEN) estuvo presente. La mesa boquense, integrada entre otros por los Guillermo (Barros Schellotto y Cóppola), sumó lamentos por el presente del club de la Ribera.
Ausente su padre Franco, con aviso, estuvo el resto de la familia Macri en el festejo. Agustina, una de sus hijas, le armó un videoclip en el que el líder de Pro cantó un tema de Juanes, con pinta de galán maduro. Su otra hija, Jimena, le dijo a Gabriela Michetti (compartió mesa con Jorge Blanco Villegas, el dueño de casa, y el ministro de Justicia, Guillermo Montenegro) que tenía miedo: "Papá está tan, tan, emocionado".
Aún faltaba lo mejor. Un Macri vestido con capa y bigote al estilo Freddy Mercury tomó el micrófono pasada la 1 para cantar canciones de Queen. Pasó "Amor de mi vida", mientras la gente trataba de aplaudir "el esfuerzo, pero no la afinación". Cuando promediaba "Alguien para amar", llegó la zozobra. En un descuido, Macri se tragó el bigote, y durante un buen tiempo el ministro de Salud, Jorge Lemus, lo auxilió hasta que pasó el susto. "Eso lo hizo Freddy para que no cante más", ironizaron varios invitados cuando el peligro había pasado. Todo siguió como antes: los ministros Esteban Bullrich y Marcos Peña colaboraron con Santilli y Caputo en el "avioncito" y Macri disfrutó en el aire.
Terminaron pasadas las 3, con pizza "sin champagne " aclararon en Pro. Después, Macri y esposa partieron con rumbo desconocido hacia la luna de miel, agotados pero felices por el festejo. "Me preocupa que todo esto lo distraiga de la campaña", fue la preocupación de Durán Barba.





