Otro cacerolazo pidió renuncias y el final del "corralito"

Miles de porteños protestaron en la ciudad
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29 de diciembre de 2001  

Otra vez la protesta. Otra vez el ruido de las cacerolas. Otra vez la gente salió anoche a las calles para expresar su disgusto, en forma pacífica.

Ya no están Domingo Cavallo ni Fernando de la Rúa en el poder, como el miércoles de la semana última, cuando los porteños realizaron el cacerolazo que precipitó la caída del gobierno delarruista.

Pero los argentinos están molestos y se quejan por la prolongada recesión (ya tiene 40 meses), el "corralito" que rige sobre los depósitos bancarios y las "viejas caras de la política" que integran el gabinete del presidente Adolfo Rodríguez Saá.

Algunos reclaman la renuncia de los ministros de la Corte Suprema de Justicia, que ayer convalidaron las restricciones para la extracción de efectivo, y otros exigen que se vaya de inmediato el ex intendente porteño y actual jefe de asesores de la Jefatura de Gabinete, Carlos Grosso, que anoche presentó su renuncia.

La protesta, que comenzó en forma espontánea pasadas las 21, se extendió en los barrios de Belgrano, Palermo, Almagro, Villa Crespo, Barracas, Caballito y Congreso, con cortes de calles, cohetes, ruidos de cacerolas y bocinazos.

Al cierre de esta edición, pasada la medianoche, permanecían interrumpidas por la protesta las esquinas de Estado de Israel y Corrientes, Santa Fe y Coronel Díaz, Santa Fe y Anchorena, Córdoba y Pueyrredón, French y Pueyrredón, Cerviño y Godoy Cruz, Cabildo y Federico Lacroze, Angel Gallardo y Honorio Pueyrredón y Cabildo y Olaguer y Feliú, entre otras.

Igual que la semana última, un grupo se concentró en la plaza Congreso y otro marchaba por distintas avenidas rumbo a la Plaza de Mayo.

Poco antes de la 1 la Policía Federal acordonó el frente de la Casa de Gobierno y apostó dos colectivos de la Guardia de Infantería en las cercanías, para intervenir en caso de que se registren incidentes. Miles de personas hacían escuchar allí su reclamo.

"Lleno de tránsfugas"

Cacerola en mano, en Pueyrredón y French, Néstor, de 58 años, explicó a LA NACION las razones de la protesta: "Hacemos esto por la pobreza, por los sueldos, porque no nos dejan sacar la guita del banco y porque el gabinete está lleno de tránsfugas".

En Coronel Díaz y Santa Fe, Raúl Giménez, de 51 años, contó que es la segunda vez en su vida que sale a protestar con un utensilio de cocina. La primera vez fue la noche en que renunció Cavallo. "Estos que están ahora son peores que los anteriores. Son unos sinvergüenzas e hijos de p... La Corte Suprema no tiene vergüenza", dijo mientras caminaba rumbo al Obelisco junto con otros vecinos enojados.

"Los del gabinete creen que haber sacado a De la Rúa y a Cavallo fue un triunfo de ellos, pero fue un triunfo nuestro, de la gente", agregó Marcela Hernández, de 43 años.

La nueva protesta

Hace apenas una semana la gente salió a la calle y obligó a la renuncia de Domingo Cavallo y luego, saqueos mediante, de Fernando de la Rúa. Anoche, Rodríguez Saá comprobó que el cacerolazo se impuso como una de las formas de protesta más efectivas del momento.

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