
Qué hace una misión de veedores
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Si el Gobierno ayer hubiera decidido solicitar veedores para las elecciones de octubre, nada habría cambiado: la transparencia de los comicios, en cualquier caso, seguiría bajo sospecha.
La razón: el tiempo. Una visita internacional organizada con un mes de anticipación sería irremediablemente "protocolar". Ya ocurrió aquí, en 2003, con la misión de la OEA. Su comitiva -sólo tres personas- llegó dos días antes y se retiró apenas cerró el escrutinio. Su trabajo: entrevistar a líderes políticos y recabar inquietudes.
Un experto de la OEA lo confirmó a LA NACION: "No hay misión seria sin tres meses de planificación, como mínimo".
Los observadores deben instalarse e iniciar cinco tipos de seguimiento: del financiamiento de la campaña, del comportamiento político, de la legislación electoral, de los sistemas de votación y de la logística técnica.
Los expertos piden información, hacen entrevistas, participan en la arquitectura de los comicios y monitorean cada área, paso a paso. También recorren lugares de votación elegidos especialmente. Incluso, estudian con auditores informáticos el software utilizado en la carga de datos.
La confiabilidad necesita tiempo, dinero y aval de los gobiernos. Sin esas tres condiciones, no hay control posible. La Argentina, hoy, no cumple ninguna.





