Renegados del voto: cuáles son las razones de los que eligen no ir a las urnas

Qué piensan los que eligen no ir a votar
Qué piensan los que eligen no ir a votar Fuente: Archivo
Federico Acosta Rainis
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27 de octubre de 2019  • 07:52

Millones son los argentinos que concurrirán hoy a las escuelas de todo el país para depositar su voto en una urna y elegir al futuro presidente de la Nación, a los futuros gobernadores, intendentes y legisladores. Entre la obligatoriedad constitucional de votar y la convicción de muchos de que estas son las elecciones más importantes en años, se estima que el porcentaje del padrón que participará de los comicios superará al 76,35% alcanzado en las PASO de agosto.

A tono con esa expectativa, en los últimos días, seguidores del Gobierno y de la oposición circularon por las redes sociales videos con testimonios de adultos mayores de 70 años que manifiestan su convicción de presentarse a votar -e invitan a otros a imitarlos-, a pesar de que ya no tienen la obligación de hacerlo.

Con menor visibilidad, también existe un número de argentinos que pueden -y según la ley, deben- votar, pero hoy se quedarán en sus casas como cualquier otro domingo. No porque hayan perdido el DNI, estén a más de 500 km de la escuela que les fue asignada o no figuren en el padrón: son personas que deciden, por su propia voluntad, no participar de los comicios. Los renegados del voto.

LA NACION dialogó con algunos para conocer sus razones: de edades, orígenes y profesiones variados, con su ausencia lo que pretenden es visibilizar su desacuerdo con los candidatos, el voto obligatorio o la política en general.

Ni uno ni otro

"¿A quién voy a votar? Tengo dos opciones: Guatemala y Guatepeor. Me versearon toda la vida, es todo chamuyo", opina Carlos, un comerciante de 59 años, dueño de una gomería y un lavadero en Ezeiza.

"Toda la vida voté, siempre había opciones para elegir, pero ahora nos metieron dos candidatos que no me interesan. Ninguno me representa en lo más mínimo", agrega. A diferencia de lo que piensan muchos, según él, gane quien gane estos comicios, "no va a cambiar en nada" la crisis que atraviesa el país.

"El voto no tiene que ser obligatorio. ¿Por qué te van a obligar?", se pregunta. Tampoco votó en las PASO: asegura que, a su edad, no va a tener que enfrentar un "trámite grave" por no hacerlo. Algo de razón tiene: la penalidad para quien no vaya a votar sin justificativos es una multa de 100 pesos. Pero el infractor que no la abone no podrá realizar trámites en dependencias estatales durante todo un año.

Carlos no modificará hoy su rutina dominical: "Yo no tengo franco y es un jornada como cualquiera: abro el negocio a las 8 y trabajo todo el día. Solo que en vez de cerrar a las 20, cierro a las 18, porque es domingo"

En 2015, Carlos puso en la urna la boleta de Macri, pero ahora no quiere repetir. "Era una opción nueva, pero me decepcionó en todo -señala-. Se cortó el trabajo que tenía, todo se vino para atrás". Una de las políticas que más lo perjudicó, asegura, fueron los grandes aumentos de tarifas: antes pagaba entre 400 y 800 pesos de luz por mes y en el último trimestre abonó facturas por un total de 40 mil pesos solo para ese servicio.

El Frente de Todos tampoco despierta su simpatía. "Ya los tuvimos 12 años y fue lo mismo. Nos daban un puchero. Los últimos años de Cristina fueron terroríficos para mi trabajo" dice Carlos, que reivindica el mandato presidencial de Raúl Alfonsín como el "único gobierno como la gente", que "se fue como entró, sin un peso".

Por todos estos motivos, el hombre no modificará hoy su rutina dominical: "Yo no tengo franco y es un jornada como cualquiera: abro el negocio a las 8 y trabajo todo el día. Solo que en vez de cerrar a las 20, cierro a las 18, porque es domingo".

En contra del sistema

A sus 27 años, Edelmar jamás participó de elección alguna. Y según cuenta este músico de Villa Adelina, tampoco piensa hacerlo en el futuro próximo. Sus razones son ideológicas: se reconoce anarquista y plantea que "poner el voto, aunque sea en blanco o impugnado es una manera de legitimar las elecciones". Un mecanismo con el que, sencillamente, no está de acuerdo.

"Es raro que sea un derecho pero también una obligación. Quedan afuera otras opciones: hay que elegir sí o sí entre lo que hay -argumenta el joven-. Y me parece significativo sumar al número de personas que no votamos, aunque seamos pocas. Yo conozco varias"

Aunque comparte "muchas ideas de la izquierda", Edelmar critica la democracia representativa. Por eso elige no votar -algo que jamás le trajo problemas, aclara-, independientemente de los nombres que haya en las boletas: "No me parece votar a un candidato que represente a millones de personas. No tiene ningún sentido. Creo en una sociedad igualitaria, sin ningún poder, totalmente horizontal".

Tampoco apoya la obligatoriedad del voto. "Es raro que sea un derecho pero también una obligación. Quedan afuera otras opciones: hay que elegir sí o sí entre lo que hay -argumenta el joven-. Y me parece significativo sumar al número de personas que no votamos, aunque seamos pocas. Yo conozco varias".

Edelmar reconoce que hoy no es un domingo como cualquier otro. "Pasan un montón de cosas. Las elecciones van a ser el tema que hablemos con mis amigos", dice. Pero no comparte el "clima de festejo" de muchos de ellos. "A mí eso me da bronca. ¿Qué estamos festejando? Al final terminan ganando siempre el sistema y las empresas multinacionales".

Elegir no votar

Miguel nació en Alemania, pero hace un cuarto de siglo se radicó en nuestro país. Tiene 30 años, es empleado de comercio, vive en Lanús y se considera "como cualquier otro argentino". Así lo atestigua su acento porteño sin rastros germanos. Pero como nunca se nacionalizó -para no perder la ciudadanía alemana-, tiene DNI de extranjero. Eso significa que puede votar -previa inscripción - pero no tiene el deber de hacerlo. Y nunca lo hizo.

¿Por qué? "No es un acto de rebeldía, pero no tengo la obligación y no siento el llamado", aclara. Para él, las jornadas electorales son "días libres" en los que puede quedarse en su casa mientras los demás personas deben cumplir con el mandato. "No es algo de lo que me enorgullezco", reconoce. Pero también asegura que, hasta ahora, jamás se arrepintió de no haber participado.

No es un acto de rebeldía, pero no tengo la obligación y no siento el llamado
Miguel, nacido en Alemania y radicado hace 25 años en el país

Su argumento, disonante para la idiosincrasia argentina, no lo es para todo el mundo. El no ir a votar por trabas burocráticas -tener que hacer un trámite para inscribirse, por ejemplo- o simplemente por falta de interés son algunas de las causas que los especialistas esgrimen para explicar por qué en muchos países donde el voto es opcional, la participación baja. Como en Estados Unidos.

Miguel asegura también que nunca encontró un candidato cuyas propuestas lo motiven a apoyarlo o a manifestarse y que eso influye mucho en su falta de interés en votar. Acepta, sin embargo, que es una situación que puede modificarse en el futuro: "No digo que nunca en mi vida vaya a votar. Quizás en algún momento".

Como los otros entrevistados, Miguel también cree que el voto no debería ser obligatorio. Considera que así los comicios despertarían otro "sentimiento en la gente", relacionado con el deseo de participar y no con el mandato: "No estaría mal la posibilidad de elegir no ir. Y si no vas, después no te quejes si ganó el que no querías".

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