Rodríguez Saá asume la Presidencia

Ejercerá el cargo por sesenta días, hasta las elecciones generales que se realizarán el 3 de marzo y que serán con ley de lemas
Laura Serra
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22 de diciembre de 2001  

Un silencio casi estremecedor sobrevoló la Asamblea Legislativa reunida en el Congreso. Se acababa de dar lectura a la dimisión de Fernando de la Rúa al frente del Poder Ejecutivo.

No hubo discursos: se aprobó a mano alzada, por unanimidad. Sin más trámite -el acto sólo insumió cuatro minutos- los legisladores se retiraron. Una hora después, el presidente provisional del Senado, Ramón Puerta (PJ-Misiones), juró por 48 horas como presidente interino de la Nación en la Casa Rosada, tal como lo establece la ley de acefalía.

La jornada continuó con desgastantes negociaciones en el PJ y finalmente hubo un compromiso para reunir hoy, a las 19, la nueva Asamblea Legislativa y designar al presidente interino de la Nación por 60 días. Allí se propondrá a Adolfo Rodríguez Saá, gobernador de San Luis, para asumir ese cargo. También, se acordó que el llamado a elecciones generales con la ley de lemas.

Esta decisión, sin embargo, no es compartida por la mayoría del arco político, por lo que se anticipa un duro debate. La UCR, el Frepaso, ARI y los partidos provinciales anticiparon su rechazo a una elección por la ley de lemas porque quien gane la elección no tendría legitimación suficiente.

A las 11 se reunirán los dos bloques legislativos del PJ para analizar el plan social que aplicará Rodríguez Saá y que será anunciado a las 15.

Sin fiesta

Hasta hoy, a las 19, Ramón Puerta ejercerá la titularidad del Poder Ejecutivo. Los aplausos calurosos de la bancada del PJ saludaron el acontecimiento. Pero su espíritu no era festivo: imbuidos en intrincadas disputas internas, los justicialistas parecían percibir que la crisis política, social y económica heredada era demasiado pesada como para demostrar alegría.

En la Alianza predominaba la desazón. Los rostros resignados de sus legisladores evidenciaban la pesadumbre ante un final que creían anunciado. Ahora regresarán a su papel de oposición, a sabiendas de que por su inferioridad numérica en el Congreso serán convidados de piedra en cuanta decisión adopte el peronismo.

Así, con este clima tan entremezclado de sensaciones y sentimientos, se desarrolló esta histórica Asamblea Legislativa, que arrancó a los gritos, cuando un grupo de diputados reclamó de viva voz que se retirara del palco de honor el jefe de la Policía Federal, comisario Rubén Santos, por la severa represión de los últimos días.

"¡Represor! ¡Que se vaya! ¡Asesino!", gritaron los diputados Ariel Basteiro y Eduardo Macaluse, de ARI. Se sumaron sus pares de izquierda Patricia Walsh y Luis Zamora, y otros legisladores. Santos permaneció inmutable en su asiento por unos minutos. Luego se retiró.

Acto seguido se hizo un minuto de silencio por las víctimas que provocaron los últimos actos de saqueo. Y se izó la bandera a media asta.

La aceptación de la renuncia del ahora ex presidente se hizo en un rápido trámite. Ni bien concluyó la asamblea, los justicialistas volvieron a sus negociaciones internas para resolver cómo encararán la nueva etapa.

Las conversaciones eran febriles. Celulares al rojo vivo, pasos apurados y los rostros inquietos evidenciaban al promediar la tarde que el problema no era fácil de resolver.

Cuatro eran las cuestiones que se debatían: el nombre del futuro presidente, cuánto deberá durar en su mandato, qué plan económico tendrá y qué gabinete lo acompañará.

La convocatoria a elecciones anticipadas era la posibilidad más firme que analizaban los justicialistas. El encuestador Julio Aurelio, que anteanoche visitó a los principales conductores de los bloques justicialistas, aportó un sondeo en el cual un 70% estaba de acuerdo con concurrir a votar.

Pero esta alternativa no convencía a los principales referentes aliancistas.

"Las elecciones anticipadas serían un error -opinó el jefe del bloque de la Alianza, Darío Alessandro (Frepaso)-. Como duraría sólo unos meses en su cargo, Rodríguez Saá no tendría demasiado peso, por ejemplo, para negociar la deuda externa. Los acreedores esperarían al presidente que surja de las urnas."

Pero los aliancistas se reconocen en inferioridad de condiciones para plantear sus argumentos. La intempestiva salida de De la Rúa los dejó descolocados, con una resignación que no podían disimular.

La catarsis era inevitable. Poco antes de comenzar la Asamblea Legislativa se reunieron en bloque para analizar la situación. Un grupo minoritario insistía en culpar al PJ por la renuncia de su presidente, al no aceptar formar parte de un cogobierno.

Pero ésta no era la opinión de la mayoría. "La responsabilidad es nuestra. Cometimos demasiados errores y tuvimos que pagarlo muy caro", admitía por lo bajo un legislador radical.

La Alianza no tendrá otra alternativa que acompañar las iniciativas que impulse el nuevo gobierno, coincidían sus líderes legislativos.

Anoche esas medidas no estaban del todo definidas. En principio, se convocaría a una sesión especial para debatir un programa de emergencia social, alimentaria y laboral que propone, entre sus puntos centrales, un fondo de $ 350 millones para atender las necesidades básicas.

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