
Scioli redefine su estrategia tras la pelea con los Kirchner
No abandonará la esfera pública y redoblará sus actividades institucionales
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Año nuevo, la misma vida. El sentido común sugiere que no es ésa la mejor conclusión para el popular refrán. Pero en el caso de Daniel Scioli, tantas veces castigado y humillado desde el centro mismo del gobierno del que forma parte, aspirar a mantener en 2006 la misma vida política que en 2005, que en 2004 y que en 2003 es, a criterio de sus íntimos, toda una proeza.
Tal vez para sorpresa de sus detractores, incluidos aquellos del oficialismo, el vicepresidente de la Nación tiene planes, muchos y diversos planes para este nuevo año. Lejos estará de retraerse de la esfera pública, de ceder terreno en sus funciones o de llamarse al mutismo absoluto.
Según supo LA NACION de sus colaboradores más cercanos, Scioli apostará en 2006 a potenciar un perfil que comenzó a construir desde que asumió sus funciones: el del hombre moderado que respeta a ultranza la institucionalidad. Y lo hará, sobre todo, a partir de la exhibición de una férrea determinación de no dejar vacante, bajo ninguna circunstancia, su cargo en el Gobierno.
A eso sumará una abierta promoción de sus actividades protocolares, y un refuerzo de sus visitas al interior del país para promover la reactivación de las economías regionales, además del desempeño de sus atribuciones parlamentarias.
Pero no sólo es un sentido de responsabilidad civil lo que lo motiva a continuar en su lugar. Es, más bien, un claro objetivo político lo que lo guía: con lo que cerca suyo anhelan presentar como una demostración de constancia y perseverancia pese a las circunstancias adversas, el vicepresidente aspira este año a apuntalar su candidatura para jefe de gobierno porteño en los comicios de 2007.
El año 2005 fue duro para él. Terminó en medio de una controversia. Un día antes de la Nochebuena, recibió una dura reprimenda de parte de la primera dama y senadora Cristina Fernández de Kirchner. La esposa del Presidente lo acusó en plena sesión de haber montado una operación de prensa en su contra en la que, según dijo, la señaló como la responsable del desplazamiento del senador socialista Rubén Giustiniani de una comisión clave en el proceso de reforma del Consejo de la Magistratura.
La semana última circuló una encuesta que supuestamente había pedido el Gobierno y que testeó el impacto de aquella pelea. El resultado fue muy duro para la Casa Rosada: la mayor parte de los consultados rechazó la embestida de la primera dama, y el sondeo mostró un descenso en su imagen positiva.
Scioli eligió el refugio de la vida familiar para sobreponerse. Pasó la navidad en Mar del Plata con su esposa, Karina Rabolini, y el Año Nuevo en Punta del Este, con sus hermanos y su hija. Volvió a Buenos Aires a mediados de la última semana.
Dicen quienes lo conocen que, una vez que procesó el embate, se olvidó del asunto. A tal punto que interpretan en su fuero íntimo, no acusó ni acusará recibo del golpe, y ha manifestado a sus colaboradores que no planea quedarse guardado o inactivo ni por un instante.
Por el contrario, sus intenciones son las de intensificar su trabajo institucional. En rigor, es esto lo único que puede hacer sin provocar la irritación del oficialismo. "Nadie quiere correrlo a Scioli de su cargo, pero de él no esperamos nada más que lo que viene haciendo hasta ahora: que se dedique a sus funciones protocolares", se sinceró ante LA NACION un influyente ministro de Néstor Kirchner.
En cualquier caso, el vicepresidente ya comenzó a armar una batería de visitas por el interior del país, que lo tendrá durante todo el verano en la promoción del turismo nacional. En la segunda quincena de enero, Scioli recorrerá la costa bonaerense (Mar del Plata, Pinamar y Villa Gesell) y la ciudad de Carlos Paz, en Córdoba. En febrero planea ir a Salta y a Misiones.
Esgrima diplomática
Además, en el plano institucional, seguirá asumiendo gran parte de las funciones que Kirchner deja relegadas y que quedan bajo su dominio casi por una cuestión de descarte. Entre ellas, las propias de la esgrima diplomática, como el trato con los embajadores y la recepción de las cartas credenciales.
Por superficial que pueda parecer al observador menos avezado, aquella labor le reporta beneficios. En diversas representaciones diplomáticas, entre ellas la de Estados Unidos y la de Gran Bretaña, se vislumbra a Scioli como un interlocutor válido dentro de la administración nacional, algo que no ocurre justamente en la Casa Rosada y en el Parlamento, donde no se lo consulta.
Sus detractores parecen ser sus propios compañeros del Gobierno. ¿Quiénes son entonces sus amigos en el mundo de la política? Según sus íntimos, ha retomado en el último tiempo una fuerte afinidad con un grupo de ex gobernadores peronistas que actualmente se desempeñan como senadores. Ellos son Adolfo Rodríguez Saá (San Luis), Carlos Reutemann (Santa Fe) y Rubén Marín (La Pampa). "Hay buena sintonía", dijo uno de sus allegados.
Además, durante el último ataque que le propinó el oficialismo, recibió muchas llamadas telefónicas. "No lo llamaron ni Duhalde [Eduardo] ni Lavagna [Roberto]", se apresuraron a aclarar sus colaboradores. "Pero lo acompañaron desde Rodolfo Terragno [UCR-Capital] hasta Roxana Latorre [PJ-Santa Fe]", completaron.





