
Sin novedades en el estado de salud del presidente Menem
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De una manera vaga, difusa, como parte de interrogantes que procuraban respuesta para algo sobre lo cual nadie sabía bien en qué se había originado, circularon en las últimas 48 horas en Buenos Aires especulaciones sobre la salud del presidente de la Nación.
Hubo lectores que consultaron a cronistas de La Nación sobre esto que, en cualquier tiempo, es una cuestión de Estado: cómo se encuentra físicamente el Presidente.
Podemos decir que el doctor Carlos Menem está bien y que los rumores sobre su salud se gestaron al atardecer del lunes último, cuando visitó, en forma imprevista, el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, situado en la calle Blanco Encalada.
Contrariamente a lo que se comentó en diversos ámbitos ciudadanos con ulterioridad, el Presidente no concurrió a ese establecimiento para realizarse un chequeo físico, sino a ver a un paciente. Se trataba de Eduardo Meiriño, intendente de la residencia presidencial de Olivos y antiguo amigo personal del doctor Menem.
Meiriño estaba internado a raíz de una complicación cardíaca sufrida la semana anterior, de la cual se ha recuperado, como que ya abandonó el Instituto Cardiovascular.
Ritmo habitual
Después de visitar por unos minutos a Meiriño, el Presidente se dirigió el lunes a Olivos: allí recibió a uno de los propietarios de Radio Rivadavia, Luis Cetrá (tan vinculado, como se sabe, con Enrique Nosiglia), quien había pedido una entrevista.
Más tarde, el Presidente siguió por televisión las alternativas del partido de Boca Juniors con Universidad Católica y comió, como fin de la jornada, acompañado por varios colaboradores.
El lunes, el Presidente se acostó temprano: a las 22.5, hora en la cual los rumores de estos días lo dieron, incorrectamente, por cierto, como sometiéndose a una consulta en el instituto médico en que fue operado un par de años atrás.
Debe recordarse que las revisiones periódicas al Presidente son puestas en conocimiento público con bastante antelación, precisamente para evitar la incomodidad que suelen aparejar rumores infundados como los que ocuparon inevitablemente la atención, entre otros, de este cronista.





