
"Soy superior a Duhalde y a De la Rúa"
El Presidente dijo que Judas, comparado con Cavallo, "es un niño de pecho" y que no acepta reunirse con el ex ministro
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NUEVA YORK.- El presidente Carlos Menem vive de manera tan conflictiva su despedida del poder que, sin escuchar a los colaboradores que le recomiendan trabajar por su legado y ubicarse por encima de la campaña, afirmó que se considera a sí mismo un político "muy superior, años luz" de sus dos posibles sucesores, Eduardo Duhalde y Fernando de la Rúa.
Menem había comenzado anteayer, en un almuerzo con empresarios de Wall Street, su despedida de la presidencia, en la que ensayó un tono de estadista consagrado.
Pero en pocas horas retomó un lenguaje belicoso, el de alguien que pelea por no perder protagonismo, tanto que criticó por igual al candidato de la oposición como a Duhalde, al que había prometido respaldar apenas 24 horas antes.
El disparador fue una pregunta sobre una frase que había pronunciado el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires: "Menem y Duhalde son la misma cosa".
"Yo no soy una cosa, soy una persona", dijo a modo de introducción el Presidente y soltó una ráfaga de críticas contra el candidato de la Alianza: "Es muy torpe, además de aburrido es torpe; y además de torpe y aburrido, es pusilánime; y además ha demostrado que no sabe gobernar".
No sólo le había molestado la palabra "cosa", también con el hecho de que alguien había osado compararlo con el gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Comparaciones
"Me molestan este tipo de comparaciones, cada uno tiene su autoestima y la tiene que hacer valer", y entonces pronunció dos veces la palabra "superior".
"Yo no soy la misma persona que Duhalde ni que De la Rúa. Con todo respeto, soy muy superior a ellos, pero muy superior, años luz...", dijo Menem, sentado en la suite que ocupó en el hotel Waldorf de Astoria.
Los funcionarios que estaban presenciando la conferencia de prensa (Carlos Corach, Jorge Domínguez, el canciller Guido Di Tella, los secretarios Alberto Kohan y Raúl Delgado, entre otros) empezaron a mirarse entre sí, como sorprendidos de la virulencia del discurso.
Pero Menem, a quien algunos le recomiendan no responder a las críticas del gobernador de la provincia de Buenos Aires, de las que lleva un cuidadoso registro, según confió un miembro de la comitiva, se había embalado.
Cuando La Nación le preguntó en qué cosas se siente superior a Duhalde, el Presidente respondió que él está "siempre mirando al futuro, mientras otros se quedan tan sólo en el presente".
Según Menem, el estadista es el que mira al futuro. El problema, desde la mirada de algunos integrantes de su gabinete, es que para dejar el poder con tono de estadista el Presidente debería ubicarse por encima de la campaña.
"Esto no es soberbia ni mucho menos, es la realidad", siguió Menem, que se había empecinado en hablar bien de sí mismo.
Como el Presidente se había distanciado de Duhalde evocando sus diez años de gobierno, la siguiente pregunta fue si el gobernador, en caso de ganar las elecciones de octubre próximo, no será capaz de trazar su propio camino.
"Ojalá que el compañero Duhalde gane y pueda continuar la transformación", arrancó, pero puso su cuota de escepticismo: "En la cancha se ven los pingos", agregó.
Delante de los empresarios, Menem había prometido que, "a pesar de las diferencias", apoyaría la fórmula Duhalde-Ortega.
Durante la conferencia de prensa admitió que lo haría porque no le queda otra alternativa: "¿Qué quieren que haga?, si soy el presidente del partido (justicialista)...", dijo con tono resignado, porque todos sus intentos por obtener una nueva reelección consecutiva y por crear fórmulas alternativas fracasaron.
Es evidente que se siente traicionado por Duhalde, por los esfuerzos que hace el gobernador por diferenciarse del Presidente al que acompañó en la fórmula de 1989, y también frustrado porque los legisladores nacionales justicialistas ya no le responden como antes. Pero no lo dijo; prefirió, en cambio, disparar contra un aliado de Duhalde, el ex ministro de Economía Domingo Cavallo.
Esta vez, el disparador fue una pregunta sobre la propuesta de Cavallo para acordar una política durante la transición.
"No tiene autoridad para convocar a los candidatos, y mucho menos al Presidente. Yo no me sentaría al lado de Cavallo, porque Judas le queda chico, es un niño de pecho me parece", se descargó Menem.
Un ministro ya había escuchado al Presidente comparar, en privado, a su ex ministro de Economía con Judas, pero se asombró cuando lo dijo en público. Otro funcionario confió que algunos integrantes del gabinete le incentivan a Menem su costado belicoso con Cavallo y con Duhalde.
Hesayne y otros
Aunque en un tramo de la conferencia de prensa defendió al gobernador de las críticas que le dedica De la Rúa ("está totalmente desbocado", dijo sobre el candidato de la Alianza), también objetó decisiones de campaña de Duhalde.
"Estos supuestos estrategas ya fracasaron", dijo sobre James Carville y sobre Dick Morris, los consultores norteamericanos de Duhalde y De la Rúa, respectivamente.
Desde Córdoba, De la Rúa replicó las duras imputaciones de Menem al recomendarle que respete su investidura presidencial porque la gente "quiere ideas y no gritos".
Por otra parte, Menem sólo se mostró dispuesto a terminar su polémica con el obispo de Viedma, Miguel Hesayne, a quien horas antes había calificado como "un opositor que destila odio por los poros".
El Presidente dijo que ya no quería hablar de Hesayne. A esa altura, también había cambiado de idea sobre el tono que le imprimiría a su despedida del poder.
En contra del matrimonio homosexual
NUEVA YORK (De nuestra corresponsal).- En el yate Princesa, donde recibió un premio del Vaticano, el presidente Carlos Menem declaró: "El matrimonio es entre un hombre y una mujer, esto hace la naturaleza de las cosas".
Además de afirmar de ese modo que la homosexualidad va en contra de "la naturaleza de las cosas, porque Dios creó al hombre y a la mujer para que, llegado un determinado momento, tengan la posibilidad de procrear", Menem dijo aquí que se considera "un heraldo de la lucha contra el aborto".
La agenda del viaje del Presidente a esta ciudad (donde el observador permanente del Vaticano ante las Naciones Unidas, el nuncio Renato Martino, le entregó a última hora de anteanoche el Premio Sendero de la Paz 1999) estuvo dominada por su cruzada en contra del aborto, bajo cualquier circunstancia.
"Con la ayuda de Dios, he hecho todo cuanto estuvo a mi alcance para que la Argentina se preserve libre del crimen del aborto", afirmó el Presidente, que instituyó el Día del Niño por Nacer e intentó darle rango constitucional a la prohibición, aun en casos de violación y de peligro de muerte para la madre, durante la reforma de 1994.
Además de recibir el premio, el primer mandatario dialogó también con el titular del Consejo Pontificio para la Familia, el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, y participó de un acto con representantes de las organizaciones norteamericanas más radicales en la lucha contra el aborto. Su gira terminó con un almuerzo en la residencia de monseñor Martino.



