
Un dirigente hosco y mandón
Fue gobernador radical de Córdoba y un crítico de la Alianza; se lo considera un funcionario eficiente.
1 minuto de lectura'
Ramón Bautista Mestre, el hombre que en estos días ha empezado a mostrar sus aptitudes de bombero para apagar el incendio en Corrientes, tiene fama de malhumorado, hosco y mandón, pero también de funcionario eficiente.
Parece una mezcla explosiva, pero tal vez le sea útil para pilotear la primera crisis que debe enfrentar un gobierno al que hasta hace un año le tenía poca fe: "La Alianza es un error del radicalismo", solía quejarse durante la campaña electoral.
Aunque sus socios del Frepaso se enojaban, sus correligionarios lo escuchaban divertidos: estaban acostumbrados a esos desplantes de Mestre, apodado el Chancho , que nunca había sido de andar con pelos en la lengua.
* * *
Este odontólogo sanjuanino, de 61 años, formado en la militancia radical desde sus épocas de estudiante, pasó por buenas y malas durante su vida política.
Antes de llegar a Corrientes fue intendente de Córdoba, capital, entre 1983 y 1991, diputado provincial hasta 1994, vicepresidente de la Convención Constituyente de ese mismo año y gobernador cordobés entre 1995 y 1999.
Esas, si se quiere, fueron las buenas. Los cordobeses aún recuerdan su intendencia como una gestión exitosa, y durante su gobernación pudo maniatar la crisis que había dejado su antecesor en el cargo Eduardo Angeloz.
Hace un año, en diciembre de 1998, llegaron las malas. Después de haber adecentado las finanzas provinciales a un costo altísimo (reducción salarial del 30 por ciento para los empleados públicos y emisión de bonos), Mestre perdió la posibilidad de la reelección al enfrentar a José Manuel de la Sota, y la derrota que sufrió fue casi un suicidio partidario.
En ese momento, el radicalismo cordobés venía de ganar nueve elecciones consecutivas a los peronistas, y la derrota pareció acabar con la carrera política de Ramón Mestre.
"No perdí yo; perdió el radicalismo", fue su justificación.
Pocos le creyeron.
* * *
"Yo no dejaría que Mestre me sacara una muela."
La frase, atribuida al ex presidente Raúl Alfonsín, pone el foco en el humor impredecible de este hombre obeso, noctámbulo, galante, buen bailarín y devorador de comida árabe, que parece odiar a los periodistas.
"En Córdoba, mientras fue gobernador, Mestre se peleó con la mayoría de nosotros. Nos desairó, nos retó en público y nos trató con una desconsideración desusada que, naturalmente, le granjeó decenas de animosidades", contó a La Nación un veterano cronista cordobés. Pero es que a Ramón Mestre la construcción de su propia imagen no parece quitarle el sueño.
"El Chancho es un tipo frontal, carente de artilugios diplomáticos, pero como funcionario es austero, muy estricto y ejecutivo", dijo un asesor de Eduardo Angeloz.
Parece cierto: en Córdoba, mientras fue gobernador, Mestre solía trabajar hasta la medianoche en su despacho, y a sus colaboradores les repetía una sola consigna: "Pocas palabras y muchas obras".
Los cordobeses, sin embargo, no demostraron haber recibido el mensaje, y durante su gobernación llegó a tener una docena de frentes de conflicto en casi todos los sectores de la sociedad. Uno de ellos, con la comunidad educativa, que resistió duramente una reforma movilizando 50.000 personas contra el gobernador.
Con ese panorama, y la crisis provincial apenas controlada, el final de su gestión parecía cantado: Ramón Mestre, el hombre que había sido elegido en 1995 con el 48 por ciento de los votos, en la siguiente elección apenas sacó el 40 por ciento y tuvo que dejar el cargo.
* * *
Casado con Cristina Sueldo, una escribana de perfil bajo, y padre de cuatro hijos (entre ellos, una hija fallecida en España luego de dar a luz), Mestre había llegado muy joven a Córdoba para estudiar odontología, pero en la provincia acabaría por enterrar su profesión.
Primero fue dirigente estudiantil y activista de Franja Morada, y ese trampolín, en una ciudad de tradición radical, lo llevó a la presidencia de la Federación Universitaria.
En esos años dirigió el club de los estudiantes, uno de sus amores permanentes, y ya recibido participó de la conducción del Banco Faro, la entidad financiera de los odontólogos.
Después, la militancia acabó ahogando a la profesión y el doctor Mestre terminó convirtiéndose en el Chancho , "un tipo sensible y generoso, con un sólido patrimonio económico, pero que no hace ninguna ostentación de riqueza", según cuentan sus amigos.
Hoy, cuando está en la provincia, los recibe en su casa de un barrio privado en las afueras de la capital, les muestra fotos de sus viajes a Cancún y cocina para ellos con esmero.
* * *
Desde hace diez días Mestre ha cambiado, por tiempo indeterminado, las sierras por los esteros y el rol de opositor a De la Sota por el de interventor federal en Corrientes.
Y Corrientes arde, y Mestre tendrá que demostrar si es o no un buen bombero. Por lo pronto, su mal humor proverbial y su carácter hosco no parecen ser de gran ayuda.
Este ex dentista, ahora, ha empezado a operar. Deberá hacerlo rápido, sin anestesia y en un cuerpo social muy sensibilizado.
1
2El Gobierno cambia por DNU la ley de inteligencia: amplía la posibilidad de aprehender personas y crea un nuevo organismo
3Pocas leyes, más poder: el Gobierno cerró el año fortalecido en el Congreso y apuesta a sacar reformas clave en febrero
- 4
Javier Milei difundió un mensaje de Año Nuevo y aseguró que el Gobierno “cumplió todas sus promesas de campaña”



