
Un dolor que no tiene cabida
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CORRIENTES.- El dolor no cabía en las modestas viviendas de los barrios periféricos donde eran velados los restos mortales de Francisco Escobar (de 25 años) y Mauro Ojeda (19), víctimas fortuitas de los duros sucesos desatados en esta provincia.
Escobar, cuya ocupación era la de cartonero, y Ojeda, changarín, cayeron, según sus familiares y amigos, sin haber participado de protesta alguna. Cuando Escobar regresaba a su hogar con su sobrino Juan Alberto Cáceres (16), cargados con los cartones que diariamente retiraban de Casa Tía y del cruce de la avenida Tres de Abril a la altura de Alberdi, los encontró la refriega. Según la versión familiar, ambos resultaron heridos. Luego, el desenlace conocido para Escobar y una bala en el cuello para el adolescente.
Ojeda, tentado por la curiosidad, concurrió al lugar de los hechos alrededor de las 3 de anteayer, acompañado de Ramón Gauna (17), alertados por la difusión de las noticias a través de las numerosas emisoras que transmitían desde el terreno.
Rosario Ortiz de Monzón (62) reconoció en Escobar condiciones de buen padre y de compañero cariñoso y comprensivo de Ana María Delgado (24), su hija de crianza, madre de una nena de 13 meses -María de los Angeles- y en espera de un segundo bebe. Juan Alberto Cáceres (44), dueño de la casa que compartía con la familia Escobar y padre del menor herido, agregó: "Desde años, juntaba cartones. Era su forma de vida. Era una persona muy buena y trabajadora".
Su suegra aseguró que el cartonero satisfacía su necesidades diarias con su trabajo.
A las 16 de ayer, cuando el cronista estuvo en el domicilio del Barrio Galván, oyó a la tía de la víctima recriminar a quien sugería llevarlo a la plaza. "Esto no es político -le dijo al desconocido-; vamos directamente al cementerio; la esposa está mal." En inmediaciones de la estación terminal de ómnibus, en la zona de las antiguas vías del tren, el drama golpeaba a familiares y vecinos de Mauro Ojeda. Su hermano Gustavo (20) relató que esa madrugada "Mauro no se fue a pelear, sino que se acercó interesado por saber qué pasaba en Corrientes".
"Acompañaba mucho tiempo a mamá -agregó- cuando no realizaba changas." Lo acompañó Ramón Gauna (17): "Nos fuimos entre las 3 y las 3.30 y estuvimos juntos hasta más o menos las 7, cuando se fue". Se separaron y Mauro recibió el impacto que terminó con su vida.
A ambos velatorios concurrió el gobernador interino, Hugo Perié, acompañado por algunos funcionarios. También desfilaron representantes sindicales y manifestantes autoconvocados. Por la iglesia lo hizo el padre Pablo Sánchez, vicario del arzobispado y párroco de la catedral.
En el cementerio San Juan Bautista, a pesar de estar al aire libre, tampoco cabía el dolor.





