Un hombre relató una década de abusos y malos tratos vividos en el Instituto Próvolo de La Plata
Se trata de Daniel Sgardelis, un hombre de 42 años que vive en Salta
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Un hombre relató hoy ante una fiscalía especializada en Trata de Personas y Pedofilia de La Plata una década de malos tratos y abusos sexuales de parte de sacerdotes del Instituto Próvolo de La Plata, informaron fuentes judiciales.
Se trata de Daniel Sgardelis, un hombre de 42 años que vive en Salta, pero que pasó su infancia y adolescencia, desde 1982 a 1991, en ese Instituto, donde denunció que sufrió golpizas y abusos de parte de sacerdotes, entre ellos Nicolás Corradi, el cura de 82 años preso en Mendoza tras descubrirse los abusos que sufrían los sordomudos alojados en el Próvolo de esa provincia.
Sgardelis relató los padecimientos sufridos durante una década en el instituto platense, hace 28 años, detalló a Télam un vocero judicial. "Era golpeado con un palo, con patadas y fue abusado sexualmente", confirmó la fuente y agregó que el hombre aportó nombres de otros sacerdotes abusadores de esa institución además de Corradi y aseguró que eran muchos los niños internos abusados.
La fiscalía asumió el año pasado la investigación de posibles víctimas de abuso sexual en ese Instituto para chicos sordos e hipoacúsicos tras tomar conocimiento de que los sacerdotes detenidos en Mendoza, Horacio Corbacho y Nicolás Corradi, se habían desempeñado también en el establecimiento platense.
Corbacho cumplió funciones en el Próvolo y el colegio Nuestra Señora de la Merced de esa ciudad hasta febrero último, mientras que Corradi trabajó también en el Próvolo en la década del 90. La fiscalía especializada cuenta con un equipo de abogados y psicólogos intérpretes en lenguas de señas que contienen y posibilitan a la víctima contar su historia, señalaron.
Una fuente de la investigación precisó que los testimonios de víctimas recepcionados hasta el momento "permiten trazar la hipótesis de que existía un plan de selección de víctimas, ya que había estrategias para captarlas según su edad y vulnerabilidad".
"A los más chiquitos los captaban en el baño, y utilizaban alumnos mayores para introducirlos entre los medianos para que los manosearan y así saber quiénes podían ser más vulnerables al abuso. En tanto, aquellos que eran resistentes sufrían terribles malos tratos y extrema violencia", detallaron.
La mayoría de las víctimas eran internos del Instituto, veían a sus familias de manera esporádica y no contaban sus padecimientos "por miedo a represalias físicas y sometimiento psicológico", completaron.
Agencia Télam
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