Un mensaje para romper la historia
La inauguración de sesiones ordinarias del Congreso marca el rumbo de la política de un Gobierno. Desnuda a grandes trazos los lineamientos básicos de lo que se propone un jefe de Estado para su gestión. No siempre ocurre así porque no todos los presidentes piensan en el mediano y largo plazo para el país. En los últimos años, los discursos presidenciales de las asambleas legislativas se limitaban a exponer una tediosa enumeración de cifras difícilmente comprobables o a mostrar la extensa lectura de promesas que nunca se cumplían. Ocurrió con Carlos Menem, con Fernando De la Rúa y con el propio Néstor Kirchner.
Cristina Kirchner enfrentará hoy un doble desafío: romper con esta herencia de discursos monocordes y fijar una estrategia clara respecto de cómo quiere convivir con un Parlamento que le será adverso en los dos años que le restan de mandato.
¿Deslizará la Presidenta la idea de encarar por ley y no por decreto el Fondo del Bicentenario para pagar la deuda? ¿Volverá a cuestionar como lo hace en cada acto que concurre a los medios y a la oposición con fuertes palabras? ¿Lanzará algún anuncio tendiente a generar un arduo debate parlamentario? ¿Contemplará su discurso un cambio en la estrategia confrontativa que desde hace tiempo suscribe con su esposo y diputado Néstor Kirchner?
Estas y muchas otras preguntas se hacen oficialistas y opositores por estas horas de cara al discurso de la Presidenta. Destacados referentes del oficialismo en el Congreso deslizaron ante LA NACION que están dispuestos a acordar con todos los sectores que sea posible para dar gobernabilidad. Las mayorías se construirán "ley por ley", advierten. Piensan quebrantar así la mayoría débil que tiene la oposición en Diputados y en el Senado, tal como quedó demostrado la semana pasada en ésta última cámara con el faltazo de Menem. Hay agujeros negros que no serán aclarados hoy en el discurso presidencial: qué hará el Gobierno si el oficialismo no logra en el Congreso alcanzar acuerdos con sus aliados y la oposición avanza con reformas estructurales de políticas de Estado contrarias a los Kirchner (llámese cambios al Indec, al Consejo de la Magistratura o a la coparticipación federal de impuestos). ¿Se gobernará con vetos presidenciales a las leyes que se emitan en forma constante? ¿Se cerrará virtualmente el Congreso?
La Presidenta enfrenta hoy un Parlamento diferente. Hace muchos años que un jefe de Estado no inauguraba las sesiones ordinarias con un parlamento de mayorías adversas. Ante este contexto, la Presidenta no podrá reincidir en discursos monocordes y ajenos a estrategias a mediano plazo. La realidad supera cualquier proyección y no le será nada fácil escaparle. El nuevo mapa político exige otra reacción. Hoy se verá si hay una nueva enumeración de cifras tediosas o si existe disposición para construir una Argentina diferente. Se espera un mensaje que rompa con la historia ya sea en lo formal o en el campo del pragmatismo puro. La Presidenta tiene la palabra y el desafío en sus manos.
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