
Un operativo especial que empezó hace varios meses
Más allá del despliegue de tropas, la seguridad de la cumbre se apoya en la inteligencia
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Una de las principales preocupaciones para la IV Cumbre de las Américas pasa por brindar la mejor seguridad a los 34 jefes de Estado que estarán en Mar del Plata. El trabajo de las fuerzas de seguridad se ve claramente en estos días, con un despliegue inusitado de elementos. Pero fue una labor menos visible y silenciosa con la cual se edificó la zona de protección para los mandatarios. Desde marzo último hubo numerosas acciones de inteligencia y contraterrorismo que permitieron disminuir posibles amenazas.
Así se siguió a radicalizados predicadores islámicos del grupo Jamaat Tabligh que intentaron armar su prédica en la Argentina, pese al rechazo de la propia comunidad musulmana local; también fue descubierto en Mar del Plata un locutorio clandestino con sospechosas llamadas a Medio Oriente y también se dio en la zona de la cumbre con un importante secuestrador, vinculado con las FARC, que escapaba de la justicia brasileña.
Son algunos de los casos que se hicieron públicos, pero fuentes que conocen sobre esos temas aseguran que se hizo un control más riguroso de todo aquel que despertó sospechas, tanto a las unidades de contraterrorismo argentino como a sus pares norteamericanos, que desde hace meses colaboran estrechamente para la seguridad de la reunión.
Los movimientos del presidente norteamericano, George W. Bush, no son dejados al azar y es justamente su presencia la que puso en un alerta rojo de hecho a la seguridad argentina. Desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, en la Argentina está establecido el alerta Charlie, un nivel intermedio de control.
Funcionarios bien informados comentan que hoy ese alerta es superado, aunque no se señale públicamente. Es que el operativo diseñado para Mar del Plata, y para el resto del país, no tiene precedente.
Además del traslado de miles de hombres de seguridad, se da por primera vez el trabajo combinado con fuerzas militares que controlarán sus áreas de responsabilidad directa. La Fuerza Aérea tendrá una responsabilidad importante: evitar que cualquier avión intruso vulnere la zona de seguridad. Y para eso estará habilitado de hecho el derribo de aviones. Llegado el caso, la decisión será tomada por las autoridades aeronáuticas, pero supervisadas en el mismo centro de control por el secretario de Asuntos Militares, Jaime Garreta.
Se coordinará el control del espacio aéreo con aviones norteamericanos de patrullaje electrónico Awacs, que aportarán tecnología con que no cuenta el país. Oficiales argentinos irán a bordo de esas aeronaves de los Estados Unidos. La Argentina y los Estados Unidos hicieron algunos ejercicios combinados, pero en 2003 se canceló el operativo llamado Aguila III y no volvió a realizarse desde entonces. Ahora, deberá perfeccionarse la ayuda en una operación real y no en un adiestramiento.
La Armada colaborará también con cuatro buques que sumarán sus radares para ampliar el área de cobertura aérea, además de estar atentos a cualquier incursión marítima que pueda poner en riesgo a la cumbre.
¿Mucha precaución? En estos días de terrorismo globalizado siempre es mejor gastar en medidas de prevención y no discutir luego sobre responsabilidades por fallas que cuestan vidas. De esa manera lo entendió el Gobierno, que se mostró pragmático como pocas veces para no poner objeciones en el ingreso del personal de seguridad extranjero, que se contará por miles, aunque nadie dirá oficialmente el número exacto. Sólo un dato para vislumbrar la magnitud del operativo: los Estados Unidos tienen un puente aéreo con Mar del Plata de 55 vuelos de transporte.
Entre las preocupaciones que tienen los encargados de la seguridad pública figuran los posibles ataques con explosivos de muy bajo poder contra entidades bancarias u otros negocios con alguna vinculación con los Estados Unidos. Ya se dieron esos casos en Buenos Aires y la Capital; podrían ser más en los próximos días, especulan quienes siguen el día a día de la seguridad de la cumbre.
Esos funcionarios consideran que se trata de una campaña psicológica que se profundizará cuando se acerque la llegada de Bush, prevista para el jueves próximo. El hallazgo de explosivos en la terminal de ómnibus de Retiro y los falsos operativos con armas largas que se vieron en Mar del Plata formarían parte de esa acción de desgaste.
El problema más concreto puede darse durante las marchas de protesta contra la cumbre; aunque dentro del esquema de seguridad diseñado, las protestas no son la mayor preocupación.




