
Un “teléfono explosivo”, valijas misteriosas y la sombra de Scatturice: las nuevas ramificaciones del caso Arsat
El Ministerio Público peritará los aparatos encontrados en la casa de Leal, el expresidente de la empresa estatal de telecomunicaciones preso desde la semana pasada; intentan abrir su celular y analizan sus aparatos de inteligencia
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Si la Justicia logra acceder al teléfono de Facundo Leal, entra a su WhatsApp y busca entre sus stickers más utilizados, es muy probable que encuentre entre ellos uno de Jaime Stiuso. De sus favoritos. Claro está que la prioridad de los investigadores no será esa nimiedad, sino hallar en sus dispositivos pruebas para determinar si los aparatos de espionaje secuestrados en el domicilio del expresidente de Arsat al momento de detenerlo fueron utilizados con fines ilegales. Es decir, para grabar, filmar o seguir a personas de forma clandestina. Buscarán esto en paralelo con la investigación por las drogas que tenía en su casa y con la causa original, por coimas, que motivó los allanamientos.
Es posible, también, que no encuentren información que se remonte más allá de unos meses. Según varios testimonios a los que accedió LA NACION, Leal se jactaba de ser meticuloso en su hábito de cambiar el teléfono cada trimestre. Todo será objeto de análisis pericial cuando -si lo logran- los peritos consigan quebrar las barreras de seguridad de sus dispositivos. Aún no han podido. Leal se negó a entregar las claves.

El exfuncionario contaba con una importante cantidad de tecnología de espionaje. Presuntamente, utilizaba los aparatos para producir material comprometedor de terceros, con fines todavía no conocidos, según sospechan los investigadores. Algunos de los aparatos encontrados en su domicilio, como el teléfono satelital, son de primera calidad, de acuerdo a conocedores consultados. Otros están relativamente disponibles en el mercado. Su complejidad será analizada por la Justicia.
Hay historias distintas sobre cómo obtuvo los equipos. Por estas horas, circula en ámbitos de la política una versión que no descarta una relación directa entre dos valijas que se le secuestraron a Leal -una con US$1,7 millones, encontrada en su casa de Mendoza, y otra con dispositivos de inteligencia-, con los bultos que entraron a Aeroparque sin control de las autoridades en febrero del año pasado. Quienes viajaron en el avión que aterrizó en el aeropuerto Jorge Newbery, de propiedad del empresario Leonardo Scatturice, tuvieron el beneficio de un trámite exprés por fuera de la norma. Sus valijas, de acuerdo con el dictamen de los fiscales intervinientes en la causa que investigó ese viaje, no fueron revisadas.
Las cámaras de seguridad revelaron todo el camino que hicieron las maletas desde que salieron del jet hasta que dejaron el aeropuerto, incluido un momento clave: cuando Laura Belén Arrieta, empleada y persona cercana a Scatturice, hizo el llamado que habría facilitado el ingreso sin control. El interlocutor de esa comunicación no fue descubierto por el juez Pablo Yadarola, que lleva la causa.
Si bien nadie supo a ciencia cierta qué trajeron las valijas de aquel vuelo, habría habido un informe de una dependencia del Ministerio de Seguridad que advirtió sobre la existencia de artefactos de espionaje en el equipaje. Esta versión existe desde antes del allanamiento a Leal y le habría valido, al oficial responsable de haber producido la información, su puesto de trabajo.
Cuatro meses después del vuelo de Arrieta, Leal fue designado por Javier Milei como titular del Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (Orsna).
Otro dato resulta de interés frente a las sospechas que ha despertado el caso. Los US$1,7 millones que fueron hallados en la casa de Mendoza de Leal se encontraban todos juntos, en una valija. Estaban divididos en ladrillos de US$10.000 con fajas y, a su vez, conglomerados en termosellados de US$100.000 por bloque. LA NACION accedió a las imágenes del hallazgo y contrastó un detalle con fuentes especializadas. Estas corroboraron que las fajas que envuelven a los billetes son las que utiliza la Reserva Federal estadounidense. Es muy improbable que un banco (luego de recibirlo así del Banco Central) haya entregado dinero de esta forma a un cliente. Mucho menos a una persona políticamente expuesta como Leal, que no tenía blanqueado este monto en su declaración jurada patrimonial. Ahí cabría preguntarse si una hipotética operación de extracción de efectivo de este tipo no produjo un reporte de operación sospechosa de un banco. Las obvias dificultades de la maniobra hacen pensar que es posible que el dinero no haya provenido del circuito formal.

Leal y Scatturice se conocen desde hace por lo menos cinco años, mucho antes de la gestión libertaria y del empujón de éxito empresarial del actual dueño de Flybondi, OCA y Flechabus.
Se reunieron durante el tiempo de Leal al frente de Arsat y compartieron encuentros relacionados con otro lugar de interés para Scatturice durante el gobierno de Alberto Fernández. En ese entonces, Scatturice tenía un vínculo en las segundas líneas del Ministerio Público Fiscal que le habrían permitido colocar a gente de su confianza. Habría acudido a Leal para que él seleccione perfiles para entrar a esas dependencias. La complicidad entre ellos era importante, a tal punto que Scatturice habría oficiado de asesor de negocios en Estados Unidos para Leal. Sugerencias de inversión.
Otra versión que recogió LA NACION de fuentes políticas apunta a que Leal habría adquirido los artefactos vía una empresa de seguridad privada israelí. La compañía se especializa en vigilancia física y monitoreo, según su página web, y colaboró en eventos deportivos. Habría sido la proveedora del primer inhibidor de señal que tuvo Leal. También, la que cada cierta cantidad de meses revisaba que no hubiera cámaras o micrófonos en las instalaciones.
Todo el material de espionaje encontrado en la casa de Leal se peritará. Estas tareas corresponden a la Dirección General de Investigaciones y Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal del MPF. Tratarán de averiguar si los aparatos se usaron, su origen y si tienen contenido guardado. Según información de LA NACION, el almacenamiento principal de material de Leal sería una sofisticada aplicación instalada en su teléfono, cuyo sistema autodestruye todo el contenido si hay un intento de apertura sin el acceso con biometría correcta. El análisis debería suceder en las próximas semanas.






