
Una despedida que vuelve a ser presente cada año
Ex combatientes y familiares de las víctimas viajaron hasta el lugar de la tragedia
1 minuto de lectura'
DESDE EL ROMPEHIELOS IRIZAR.- La cubierta de vuelo del ARA Almirante Irízar está envuelta en seriedad y dramatismo. Dieciséis años después del hundimiento del crucero General Belgrano (homenaje realizado el viernes último), 64 familiares de caídos en esa tragedia dejan fluir sus emociones una vez que las heladas aguas reciben las coronas, cruces florales, rosarios y mensajes embotellados.
Buscan consuelo entre ellos, pero pocos lo encuentran, porque aún confían en que aquellos que desaparecieron en el naufragio regresarán algún día a sus hogares.
Ocurre que ninguno ha recibido el cuerpo del ser perdido. Esa ausencia permite que exista en María Elena de Tulis y en Magdalena Ruiz Díaz un hilo de esperanza en recuperar el contacto con alguien que, la tarde del 2 de mayo de 1982, comenzó a perder la vida cuando dos torpedos del submarino nuclear británico Conqueror hicieron impacto en el buque, que, vale recordar, navegaba fuera de la zona de exclusión y rumbo al continente.
Miguel Angel Vilca es salteño y reside a 20 kilómetros de Orán. Aquel día, Juan Bautista y Mario, dos de sus tres hijos, formaban parte de la tripulación del Belgrano. Mario no regresó.
Hasta la ceremonia, Vilca fue uno de los más callados del grupo. Sin embargo, llamaban la atención su mirada perdida y su metro y medio de estatura. Su deambular solitario en la cubierta llevó a La Nación a iniciar un diálogo con él. El llanto desconsolado hizo innecesarias sus palabras y la charla quedó en un intento.
La formación de oficiales y suboficiales contrasta con los subgrupos de madres, viudas, hermanos e hijos. Algunos uniformados dejan aflorar un sentimiento en común con los allegados a sus "camaradas" caídos: la emoción reflejada en lágrimas.
Gabriel Busquets, capitán de fragata y segundo comandante de la nave, intuye que la experiencia, luego de unos minutos, será positiva para la mayoría de sus invitados. Busquets operó en el destructor Bouchard durante el rescate de los 700 sobrevivientes del General Belgrano.
Quizás el hilo de esperanza que algunos mantienen se rompa una vez que enfrenten la masa oceánica que convirtió en héroes a sus chicos, localizada en las coordenadas 55 grados 24 minutos Sur y 61 grados 22 minutos Sudoeste.
El cielo plomizo, el frío y el mar picado brindan una escenografía idéntica a la fatídica jornada en la que el Conqueror cumplió con la orden de la mismísima Margaret Thatcher.
Canción marina
Mujeres y hombres, de un alto promedio de edad, soportan estoicamente las bravuconadas del clima. Nada impedirá que rindan su homenaje. Tal vez son conscientes de que es su única oportunidad. Este es el segundo viaje de familiares a esta zona. El primero lo inauguró el presidente Carlos Menem en 1994.
El capellán naval Enrique Saguier se pone de frente al mar y también rompe en llanto. Tras unos segundos, el viento seca sus lágrimas y él continúa su tarea de soporte espiritual, que comenzó en el vuelo de Buenos Aires a Ushuaia donde se abordó el rompehielos Irízar.
Don Miguel Vilca, máquina de fotos en mano, encara a La Nación y relata que su tercer hijo, Anastasio, es cabo primero de la Armada y que sirvió en el buque Bahía Paraíso antes de que se hundiera en la Antártida. Ahora cumple su destino en la base de Puerto Belgrano. Y vuelve a quebrarse.
La marcha de las Malvinas reúne a los familiares antes dispersos por la cubierta. Todos cantan. La mayoría clava la mirada en el océano y busca la imagen de su propia sangre. Al padre Saguier se suman los veteranos de guerra que organizaron el viaje junto con el Ministerio del Interior.
Mario Macedo, Miguel Soto, Héctor Spessot, Daniel Ramírez, Fernando Jaime, Julio Cepeda y José Gómez fueron testigos de lo ocurrido y exponen el drama después de 30 horas en el mar y 16 años de angustia.
Cepeda, de La Rioja, y Gómez, de Trelew, cuentan que vencieron el miedo y que la deuda está saldada. Con ellos y con sus 323 "camaradas".
Sin embargo, Cepeda nunca borrará de su mente el recuerdo del ancla desprendiéndose del barco y cayendo sobre la balsa que él ocupó, junto a otros tres marinos.
La congoja deja una brecha por donde se cuela la alegría. Martín Federico Ventacu conoció a su hermanastro Martín. El padre de ambos es Martín Rex Ventacu, desaparecido en el naufragio.
La trompeta ejecuta el toque de silencio y la tripulación se atomiza. La búsqueda de testimonios más no puede agregar.
El jefe de la Agrupación Naval Antártica, capitán de navío Juan Carlos Ianuzzo, y el subsecretario naval, capitán de navío Jorge López, ofrecen sus respetos a cada uno de sus huéspedes. Ianuzzo participó de la recuperación de las Malvinas y López fue el encargado de recibir a todos los prisioneros de guerra que acercaba la Cruz Roja al Uruguay.
El Irízar rinde honores mediante un largo silbatazo. La salud de Elena Moreno ya no soporta la crudeza del frío y del viento, por eso desciende al camarote para ser asistida por el médico de a bordo. Moreno no alcanza a percibir que la nave, lentamente, pone proa hacia Ushuaia.
Las ráfagas de viento apagan los sollozos de los últimos familiares que ingresan en los sectores calefaccionados del rompehielos.
Al alba del sábado último, el buque ingresa en el canal de Beagle. Haydée Videla se arrodilla y reza junto a Rosa Roldán y Angela Patagua en el sitio donde horas antes despidieron a sus hijos.
La travesía llega a su punto final.
1
2El juez federal de Campana quiere quedarse con todas las causas que investigan a la AFA
3Una ex Gran Hermano aseguró haber sido novia de Alberto Fernández y que la ayudó a gestionar licitaciones de Procrear
4Harán una audiencia para definir si sigue adelante la causa por evasión contra la AFA o si la cierran por inexistencia de delito



