Una señal de coherencia
El Gobierno decidió no prorrogar la ley de emergencia económica. Es una señal de coherencia con el discurso de transparencia para una gestión que intenta normalizar el proceso de formación de precios de los servicios públicos y que debe zigzaguear entre la construcción de capital político y las señales de sostenibilidad del mercado.
Se da una señal de transparencia que permite diferenciarse de la administración anterior al derogar una ley que permitía reasignar partidas de gasto discrecionalmente. Segundo, derogar una ley que permitía reasignar gastos o aumentar partidas da mayor seriedad a las metas fiscales y de inflación, una buena señal para los mercados y el costo de la deuda de un gobierno que necesita financiar el gradualismo fiscal y el déficit externo.
Tercero, el Gobierno ya encontró cierto espacio político y social para normalizar las tarifas y renegociar contratos con empresas privadas de servicios públicos para promover la inversión y bajar los subsidios, claro que con costo político en términos de inflación y tasa de interés, por lo que tampoco necesita ya de la vigencia de esta ley para fijar precios.
La ley daba espacios para intervenir en el mercado de cambios y la fijación del tipo de cambio. Deja de tener sentido en un contexto de ingreso de capitales en el que el Gobierno y el Banco Central defienden el esquema de flotación cambiaria.
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