
Yacyretá no podrá ser privatizada
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El Gobierno no podrá avanzar en su propuesta de privatización de la represa hidroeléctrica de Yacyretá porque el Congreso no ratificará el protocolo firmado en 1995 por el presidente Carlos Menem y su par paraguayo, Juan Carlos Wasmosy.
Al fracasar en su intento de entregar la explotación energética a manos privadas, las autoridades estudian alternativas tales como la de dar en concesión sólo la operación y el mantenimiento de la represa.
Es que este miércoles vence el plazo para que el Congreso dé su ratificación y, si bien ya tiene sanción del Senado, en la Cámara de Diputados se adelanta el naufragio. A diferencia de los aeropuertos y del Correo, el Poder Ejecutivo no puede sacar por decreto esta privatización, porque, al tratarse de un ente binacional, la ratificación parlamentaria es condición sine qua non.
Marcha atrás en la represa
El Gobierno estudia qué hacer; el Congreso no ratificará su privatización.
Ante un nuevo cachetazo del Congreso, el gobierno nacional deberá buscar otras variantes para privatizar la represa de Yacyretá.
Los diputados frenaron la entrega de la energía eléctrica a capitales privados al dejar morir el protocolo binacional que así lo aconsejaba. Quizás como no pudieron hacerlo con las concesiones del correo y de los aeropuertos que, a falta de leyes, salieron por decreto.
Con una decisiva influencia de los amigos de Duhalde, el PJ de la Cámara baja le puso un tope a la privatización. "Nosotros no vamos a aprobar el protocolo -anticipó a La Nación un diputado duhaldista, de cara al vencimiento de los tiempos parlamentarios-. El Estado no puede delegar la política energética".
Los partidos de la oposición también rebatieron los argumentos del Ejecutivo para deshacerse de esta obra, hoy a medio terminar a pesar de las cifras siderales que el Estado invirtió en ella. "Yacyretá es amortizable y hay formas de financiar lo que falta", retrucó el senador Mario Losada (UCR-Formosa).
El protocolo esperó infructuosamente, durante un año, que la Cámara baja aprobara la voluntad de Menem y Wasmosy. De nada le sirvió haber pasado las compuertas del Senado porque ahora está a punto de ahogarse en la otra ala del Congreso, en medio de las internas del partido gobernante.
El Ejecutivo sabe que no hay forma de privatizar Yacyretá por decreto.
Esta posibilidad se choca con las márgenes del Paraná al tener que compartir, como una obra binacional, las decisiones con su socio. A Wasmosy no le fue mejor en el trámite parlamentario; los diputados paraguayos pusieron los mismos reparos que sus pares argentinos.
Haciendo camino
Frente a esta realidad común, la secretaría de Energía, a cargo de Alfredo Mirkin, empezó a estudiar otras alternativas. Aparece como más firme la concesión de la operación y el mantenimiento de la represa.
Si bien todavía no se conocen los detalles, esta propuesta distaría de la original ya que no incluye la explotación energética sino el manejo de la central.
La decisión se instrumentaría mediante una resolución administrativa de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) que tiene facultades para ello, previo acuerdo entre los directores de ambos países.
Fuentes oficiales anticiparon a La Nación que el proceso se discutiría con Paraguay, aproximadamente, en dos meses y que la operación concluiría entre septiembre y octubre del corriente.
En una segunda fase, el gobierno dejaría en manos privadas las obras para elevar la cota de la central de 76 a 84 metros a nivel del mar. A cambio, ofrecerá pagar con unidades de energía que podrían ser exportadas a terceros países.
Esto ya originó la protesta de algunos legisladores paraguayos, puesto que el Tratado de 1973 que da origen a la obra lo prohíbe expresamente.
El justicialismo no menemista y la oposición vivieron el retroceso gubernamental como un triunfo, aunque muchos miran con recelo su reglamentación. "Es una privatización suavizada. La anterior era un negocio pésimo para el país", explican aquellos que defienden la obra. La misma que Menem llamó "monumento a la corrupción" y que, paradógicamente, constituye uno de los proyectos hidroeléctricos más importantes de la historia argentina.




