
Este año se disputaron las copas hípicas del Noroeste y Sur; en cada competencia intervienen unos 150 jinetes y amazonas. Surgen escuelas para las distintas categorías
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En equitación, el momento del salto es único. Para los que lo practican, la sensación que se vive en esa fracción de segundo, en la que el caballo sortea las vallas, es la más emocionante. Muchos aseguran también que esta actividad es además única por el contacto y la relación que se crea entre el jinete y el animal.
Este deporte ha alcanzado un fuerte crecimiento en las urbanizaciones año tras año, en cantidad de participantes y también en la intensidad de las competencias. Asimismo, se perfeccionan los entrenamientos y los caballos cada vez responden a mayores exigencias.
A un tiempo prudencial de la crisis económica, la actividad volvió a retomar el ritmo de otras épocas. Si bien es costosa por el cuidado de los caballos y los accesorios, son muchos los que se suman en los distintos distritos.
Mario Weitzman, secretario de Clubes y Countries de la Federación Ecuestre Argentina, puntualiza: "Fue una temporada muy positiva, aunque aún quedan algunas competencias. Se cumplieron las 17 fechas pactadas: las 10 correspondientes a la Copa Hípica Zona Noroeste y las siete pertenecientes a la Copa Hípica Zona Sur".
Agrega que se nota un interés mayor, ya que en cada competencia intervienen entre 120 y 150 jinetes y amazonas. "Tenemos más de 200 federados, una cifra muy importante", agrega.
Esta temporada se brindó mayor difusión a la actividad y se organizaron clínicas a cargo del profesor Jorge Llambí.
Un dato indica cómo está la equitación en los countries: en el último Campeonato Federal, desarrollado en Concordia (Entre Ríos), se lograron varios puestos importantes en distintas categorías, y en el concurso se presentaron destacados deportistas de todo el país.
Julián Darriba, de 19 años, jinete de tercera categoría de Campo Chico, explica: "Es un deporte que empecé a practicar en el country desde los 9 años. También me gusta jugar golf, tenis y fútbol. Actualmente intento mejorar la técnica, sobre todo quiero corregir algunos aspectos, como por ejemplo, en el momento del salto, tengo que aflojar más la mano y así evitar posibles faltas".
Actualmente salta con Pajarito y Aramis, y no sólo participa en las pruebas de countries y clubes, también lo hace en los concursos correspondientes a los calendarios generales de la Federación.
Pablo Segalla, 24 años, de Los Lagartos, compite en segunda categoría (1,30 metros) y es uno de los jinetes más destacados que han surgido en las urbanizaciones. Su desafío es mayor cuando está con adversarios de Primera. "Es un deporte muy exigente, porque de pronto estás frente a rivales que compitieron en los últimos Juegos Olímpicos. Actualmente me entreno con Roberto Tagle."
Sus caballos son Zeta y El Capricho Capdhull. "En mi caso comencé a los 5 años, por mi padre, Cirilo Segalla, que me condujo en este deporte. Primero fue adiestramiento y luego, a los 7, hice los primeros saltos. Realmente me encanta. Hoy también soy instructor en Los Lagartos para gente de todas las edades; mi intención es permanecer en este deporte para dedicarme a pleno", amplía.
La formación
Las enseñanzas de las diferentes escuelas tienen como principal objetivo que los jóvenes jinetes y amazonas conformen un equilibrio entre el dominio y el cariño por el caballo. "Todas las escuelas apuntan a la formación, ya que vienen chicos que nunca cabalgaron, como también otros que quieren cambiar de profesores", especifica Carlos Giani, el entrenador del Club Hípico Santa Lucía (ruta 28, km 5, partido de Pilar).
Se trata de un deporte completamente diferente. Es tan distinto que no interesa la edad del jinete, sino que su capacidad le permita dirigir las reacciones del animal. Las escuelas de equitación tienen diferentes niveles. Como sucede en el Hípico Club de Campo Abril (que funciona en Abril Club de Campo, km 30,5 de la Autopista Buenos Aires-La Plata, Hudson) y en el Club Privado Loma Verde (ruta 9, km 56,5, Escobar); el primer escalón es el sector elemental, donde se encuentran los que montan por primera vez. "En el inicio se busca que el chico desarrolle el equilibrio sobre el caballo, conociendo para qué sirve cada cosa. Sobre todo en la parte recreativa, para los de 3 a 7 años", comenta Román Giani, director general de esta actividad en Abril.
Como toda actividad, se necesita mucha dedicación y empeño para progresar. "La mayoría de los chicos pueden hacer dos horas por semana, pues en los countries la población no es permanente. Pero los que residen en forma fija montan también los fines de semana", dice Víctor Córdoba, coordinador general de Loma Verde.
Para los que se inician se necesita un par de botas o polainas y un casco; se les brinda una montura y un caballo. Todas las clases son particulares y los precios, variados. En Santa Lucía se cobra entre 180 y 200 pesos por ocho clases al mes. En Loma Verde, hay dos clases de abono: uno para los chicos del country, de 110 pesos por ocho clases, y otro para los que no son socios, de 200.
Una relación de afecto
Este deporte no sólo exige destreza para saltar y disciplina en el adiestramiento. El jinete también desarrolla sensibilidad y afecto por el caballo. Muchos crecen junto con el animal. Es el caso de Agustín Sánchez, de 17 años, que cabalga desde los 4 y ahora se encuentra en tercera categoría (de 1,10 a 1,20 metros). Esta pasión por la equitación surgió porque sus padres querían que aprendiera a andar a caballo. "Mi sueño es destacarme en esta actividad y poder vivir profesionalmente de esto."
Sin embargo, en sus comienzos tuvo un accidente. "Cuando era chico tuve un golpe terrible, lo que me obligó a tomar un descanso de un año. Estaba acostumbrado a montar caballos pequeños, pero un día me dieron uno más grande, en un picadero cubierto. En un momento el caballo se descontroló y me arrastró por la pared. En esa época dije que nunca más iba a cabalgar: sólo aguanté un año."
Diferente es la historia de Sebastián Giani (hijo de Carlos), de 22 años, que empezó a practicar esta actividad hace sólo dos años y medio. Debido a la relación que tiene su familia con este deporte, su ascenso hasta la tercera categoría ha sido sorprendente: "Estuve mucho tiempo relacionado con este deporte y conocía en detalle toda la teoría".
Si bien la imagen de un chico sobre un caballo puede impresionar por la desproporción de tamaños, al ingresar en la pista todo desaparece. Antonella Lopérfido tiene 11 años y demuestra su destreza al cabalgar. Cuando se detiene un segundo, aclara: "Me gusta hacer equitación y quiero dedicarme a esto cuando sea grande". Su hermana Agostina (de 8 años), a pesar de su timidez, afirma que lo pasa muy bien cuando viene al club.
A la hora de hablar sobre si tienen miedo de caerse del caballo, Antonella y Agostina expresan su seguridad, aunque su amiga Josefina Roitman (de 11 años) dice: "Y... más o menos. El miedo se va perdiendo con el correr del tiempo".
En el buen camino
"La equitación ha evolucionado durante los últimos 20 años en forma notable, no sólo en cantidad, sino en calidad. Los problemas que atravesó el país en los últimos años no ayudaron en nada; ahora se intenta recuperar el tiempo perdido, hay como un resurgimiento; esperamos que se mantenga", dice Jorge Raccuia, titular de JAR Producciones, empresa que presta servicios a clubes y countries con equitación.
Accesorios que no pueden faltar
Contar con buenos accesorios es tan importante como disponer de un buen caballo. Las talabarterías ofrecen todo lo necesario para el animal y el jinete. En la de Jorge Canaves (4785-3982), por ejemplo, Adriana Fasoli cuenta que es indispensable tener la mejor montura posible. "Las nacionales son fabricadas en cuero. Hay importadas que son de neoprene, más livianas para ciertas disciplinas."
Los precios oscilan entre 800 y 1000 pesos en oferta. La más cara en el local no supera los 1400 pesos. Para atar la montura al caballo son necesarias las cinchas. El precio se calcula entre 90 y 140 pesos; vienen en diferentes largos de acuerdo con el tamaño del caballo.
Oscar De Carlo, dueño de Talabartería De Carlo (4581-1110), agrega que hay cinchas con pancera "para proteger al caballo". Una opción es colocar una matra o un mandil entre el lomo del caballo y la montura. Ambos son mantas, con la diferencia que la matra es tejida (cuesta 30 pesos) y el mandil es matelasseado; su valor oscila entre 60 y 70 pesos. Fasoli comenta que los mandiles generalmente son utilizados para los concursos y "en ellos se borda el nombre del jinete o del caballo. También puede ir bordado el escudo de la Federación. Es la presentación del animal y del jinete".
De Carlo cuenta que entre la manta y la montura puede colocarse un levantaasientos, que sirve para proteger la cruz del caballo. Estos son fabricados en goma (cuestan 100 pesos) o en corderito (su precio es de 40 pesos).
Para el jinete también existen artículos fundamentales. Antonio Martínez Pagola, de Talabartería Arandú (4816-6191), explica que los cascos vienen confeccionados en fibra de vidrio y terciopelo; cuestan 130 pesos. Fasoli agrega que son "indispensables para la seguridad del jinete" y que los precios dependen del origen. Los importados pueden alcanzar los 140 pesos y los olímpicos, 200 dólares.
Los breechs son pantalones elastizados que "ayudan a la flexibilidad del jinete durante las pruebas", agrega Martínez Pagola. Su valor es de 95 pesos.
También pueden utilizarse guantes de cuero, de 120. Las botas cuestan 700. Generalmente se utilizan de este material para los concursos. Agrega que además hay de goma, más económicas y recomendadas para la práctica no profesional.






