
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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He visto signos inequívocos de que, aun con un prolongado invierno, la primavera ya llega: puedo notar yemas hinchadas en ramas desnudas de especies de hoja caduca, como paraísos, álamos, fresnos; encontré un árbol en flor -un duraznero- y vi asomar matas de mastuerzo en macetas y tierras cultivadas. Este yuyo tiene el nombre botánico de Coronopus didymus y es una pequeña crucífera, como los coles, repollos, nabos, etcétera, pertenencia que se evidencia en el olor que posee, calificado como fétido por algunos autores. En Córdoba, también se la llama quimpi.
En el viejo libro Almanaque de la salud, editado en 1948, con la dirección de quien fue eminente médico sanitarista, el doctor Ramón Carrillo, se destaca la acción antianémica de sus hojas, por la alta concentración de vitaminas, especialmente la C, ya que tiene tal concentración que su solo consumo puede cubrir, con exceso, la necesidad de una persona adulta. También por la presencia de minerales, especialmente de hierro, se le confieren grandes ventajas dietéticas. Apreciaciones más actuales, en el Vademécum de Malezas Medicinales, del ingeniero agrónomo Angel Marzzocca, edición de 1996, se incluye y describe esta especie, sus aplicaciones en medicina popular, los testimonios de investigadores, y sus beneficios, aun con la salvedad de que el uso de hierbas medicinales debe contar con aprobación.
Se la describe como hierba anual, cespitosa (que puede formar césped), de 10 a 20 cm de altura, de plantas acaules, sin tallos, que nacen desde su base, compuestas, muy recortadas, con racimos de pequeñas flores blanco verdosas y las semillas. La manera más fácil de consumirla es recién cortada, cruda, en fino picadillo, sobre ensaladas de papas cocidas, zanahorias, por ejemplo, o de tomate, o extendida sobre canapés.




