
El paraíso es uno de los árboles con mayor presencia en nuestra región. Su nombre botánico es Melia azederatch y es originario de Asia. Por el contrario, una especie de la misma familia, llamada Azadiratcha, lo indica con el nombre de Neem. Es el que menos vemos, ya que en nuestro país sólo se cultivan en Salta y Jujuy, y por iniciativa del ingeniero agrónomo Roberto Neuman del INTA Salta, según nota de la revista La Chacra, escrita por Verónica Schere, en marzo de 2011.
En aquel texto se menciona el cultivo de 100 ejemplares de Neem, en Ledesma, pese a que en aquellas regiones hubo fuertes heladas en los inviernos de 2000 a 2010, a las que resistió. Me permito agregar que muchas especies tropicales y subtropicales, como jacarandás, lapachos y tipas, avanzan exitosamente sobre la región pampeana hasta alejarse de lo que llamamos zona tropical o subtropical. Mi experiencia me indica que siempre hay que probar la resistencia de las plantas a las bajas temperaturas.
La descripción y las fotografías del árbol lo muestran de porte mediano, de unos 20 metros, y excepcionalmente 35, de follaje permanente, parecido al del paraíso, perennifolio, pero que en inviernos fríos pierde las hojas. Sus flores, agrupadas en racimo, como en el paraíso, son blancas. Prospera en terrenos de baja fertilidad o semiáridos. En su hábitat asiático, las lluvias están entre los 400 y 1800 mm anuales y con altas temperaturas máximas. Su uso como productor de elementos medicinales tiene amplia difusión popular en Asia, pero en América, Brasil y Paraguay certifican esa condición. Su principio activo se llama Azadrachina, de fácil extracción, y se han aislado del Neem hasta 300 componentes. A partir del aceite de las semillas se obtienen inhibidores de crecimiento de insectos, funguicidas, bactericidas, antivirales, antiinflamatorios, antirreumáticos y hasta cremas cosméticas bactericidas. Se estudian sus efectos en diferentes enfermedades. Se prueba para combatir vinchucas y mosquitos causantes de graves endemias como el dengue y mal de Chagas. Se lo podría calificar como curalotodo, pero algunas de sus cualidades resultan contradictorias; lo prudente es que avancen los estudios en marcha antes de tomarse una pastillita.
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