
Emblema de la desidia, tiene ocho pisos y 32 departamentos y estuvo tomado por más de 20 años; fue devuelto a su dueño tras un operativo de la Ciudad
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Leonardo es el propietario del edificio de Manuela Pedraza 1875 y está enojado. “Me siento un tonto”, dice. Hacía más de 20 años que el inmueble de Núñez estaba tomado. La semana pasada, el Gobierno porteño lo recuperó y vació sus ocho pisos y 32 departamentos.
Ubicado a una cuadra de la estación Núñez del tren Mitre, el dueño adquirió el edificio cuando faltaba poco para terminar su construcción, pero un día no pudo volver a entrar.
Quienes lo ocuparon aseguraban tener un contrato con alguien que no era el propietario. Y entonces pasó lo que pasa casi siempre: la Justicia le exigía a Leonardo demostrar que el verdadero dueño era él y ese procedimiento se demoró años hasta que se firmó la orden de desalojo.

Entretanto, los usurpadores lo llamaban. Querían llegar a un acuerdo, decían, pero Leonardo se negaba:
ー¿Cómo voy a negociar con quien me extorsiona?
A pesar de que la Justicia falló a su favor, Leonardo, jubilado, tiene miedo: prefiere no dar su apellido ni salir en las fotos. Quiere resguardar su identidad. Además, una sociedad suya tiene otro inmueble en el barrio de Constitución que también está tomado. En este caso, espera que se resuelva con mayor velocidad.
En el operativo de desalojo del edificio de Núñez trabajaron efectivos de la Policía de la Ciudad y personal de la Agencia Gubernamental de Control (AGC), de Emergencias y de la Red de Atención. Este área se encarga de censar a los ocupantes y ofrecerles una alternativa de vivienda.

Okupas: dos décadas de angustia
Una vez recuperado, Leonardo visitó el edificio de Manuela Pedraza:
ーEntré al hall, subí un piso y me generó tanta angustia que me fui.
La propiedad estaba llena de chatarra y basura. Todo allí era un desastre. En abril, la Ciudad había constatado que el edificio se encontraba en pésimas condiciones de habitabilidad. Los vecinos denunciaron que hubo un incendio intencional adentro y, de milagro, no hubo víctimas. Los ocupantes, muchos de ellos extranjeros, eran más de 100 y no tenían luz ni gas: hacían fuego en la terraza.
“La usurpación de un inmueble no solo perjudica al propietario; también al barrio, porque se instala el mal en la cuadra: hay droga, inseguridad, trata, de todo”, señaló el Jefe de Gobierno, Jorge Macri, en cuya gestión se desocuparon más de 940 propiedades tomadas y se devolvió a los dueños el equivalente a US$500 millones.

En Constitución, Balvanera, San Telmo, La Boca, Almagro y Palermo fue donde más operativos de desalojo se realizaron. Allí donde se recuperaron inmuebles, los índices delictivos bajaron, según el Mapa del Delito de la Policía de la Ciudad.
Leonardo habló con algunos vecinos de la cuadra, que están más tranquilos ahora. El edificio usurpado, a cuatro cuadras de la Avenida del Libertador, metía miedo. “Los intrusos eran en su gran mayoría peruanos, bolivianos y paraguayos”, reconocen en el barrio. “Vivían en condiciones miserables”, agregan.

El desalojo de la propiedad trajo tranquilidad, pero la bronca a Leonardo no se le va. En estos más de 20 años, dice que nunca dejó de confiar en que iba a recuperar el edificio. Y abonó cada mes todos los impuestos para no perder el derecho que le correspondía. “Pagaba el ABL y el agua que consumían ellos”, se indigna.

“Compré un edificio casi terminado y me devuelven uno destruido”, apunta el propietario, que ya no quiere saber más nada del inmueble.
En su momento, lo compró por US$700.000. Ahora solamente piensa en venderlo.
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