
Consejos para evitar una plaga peligrosa
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Desde hace unos años han comenzado a notarse en los olmos los ataques virulentos de una plaga que los deja sin hojas. Si bien en otros lugares del mundo esta especie ha presentado graves problemas de difícil solución, complace relatar una feliz experiencia local.
En el Parque Avellaneda, los añosos y espléndidos olmos son casi emblemáticos: cuando se advirtió la presencia de un insecto que los desfoliaba sin dejarlos rebrotar, se comenzó a buscar soluciones.
El Parque Avellaneda se define como "una unidad ambiental y de gestión, contenida en un espacio público", y la participación de los vecinos, a través de los grupos de trabajo, se integra a las decisiones que toma la mesa de consenso.
Con ese mecanismo, Manlio Landolfi, un activo participante de esos grupos, observó que hacia fines de agosto de 2004 los incipientes brotes de los olmos eran destruidos, comidos por un insecto que también atacaba las hojas.
El ingeniero agrónomo Eduardo Merluzzi, docente de la Universidad de Morón, que fue consultado sobre el tema, explicó que se trataba de un ataque de la vaquita del olmo, Pyrrhalta luteola, coleóptero predador que se había detectado en el país en 1965, procedente de Estados Unidos, y les aplicaron una cura atípica.
Merluzzi había comprobado en el Gran Buenos Aires y partes de la provincia que los ataques de la vaquita a los olmos se producía cuando en las cercanías de estos árboles había Eucaliptus globulus (conocido como medicinal) y que estos insectos se refugiaban debajo de las cortezas desprendidas y colgantes de esos árboles.
La creencia generalizada es que las especies predadoras invernan bajo la corteza de los mismos árboles atacados. La observación demostró el acierto: se hallaron, apiñadas, las vaquitas en el envés de las cortezas de los eucaliptos. Entonces las desprendieron y quemaron. Merluzzi destacó, además, que las pupas del insecto se refugiaban a los pies de los árboles atacados: eso también se comprobó, porque resultaban visibles por su tono amarillo claro. Las barrieron y quemaron.
La infestación disminuyó de tal manera que este año los olmos lucen un follaje sano y vital. La guerra contra las vaquitas se ganó sin disparar un solo tiro, sin gastar un solo peso y sin contaminar el ambiente. Manlio Landolfi, a quien se puede hallar en las dependencias del parque, registró y dibujó, en una sencilla publicación, los pasos seguidos.





