
El espacio combinó innovación estructural, integración con el terreno y monumentalidad
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Hace 96 años, el mundo presenció la primera final de la Copa Mundial. El escenario de aquel partido fue un estadio recién construido que se convertiría en un símbolo de la identidad uruguaya y de la historia del fútbol: el Centenario , en Montevideo.
El proyecto, diseñado por el arquitecto Juan Antonio Scasso (1892-1973), fue el primero creado específicamente para el evento. El cronograma de construcción fue extraordinario: en tan solo seis meses, el estadio estaba listo para recibir a los equipos en el campo, el 18 de julio de 1930.

Durante la última semana de construcción, se trabajo en tres turnos ininterrumpidos. Los reflectores de la obra permanecieron encendidos durante la noche para garantizar que el proyecto se completara a tiempo.
El estadio, que albergó el primer torneo de fútbol y la mayoría de los partidos, fue declarado Monumento Histórico Mundial del Fútbol por la FIFA en 1983. Hasta el día de hoy, sigue siendo la única estructura en el mundo que ostenta este título.
“Tiene mucho más que ver con la historia de los Mundiales que con el diseño arquitectónico en sí. A partir de ahí, empezó a surgir la idea de construir estadios para albergar un megaevento deportivo”, analiza la arquitecta deportiva Luisa Rosa .
El estadio fue inaugurado en la fecha que conmemoraba el centenario de la creación de la primera Constitución uruguaya. Así, el Centenario se convirtió también en un símbolo del país. “Representa un periodo en el que el país buscaba mostrar al mundo su capacidad organizativa, su modernidad y la fortaleza de sus instituciones”, explica Leonardo Pereira , coordinador del curso de arquitectura y urbanismo del IBMR.

“El Centenario posicionó a Uruguay en el escenario del fútbol internacional, permitiendo al país albergar eventos de talla mundial y consolidando su presencia entre las grandes naciones de este deporte”, añade Rosa.
La arquitectura de un símbolo
Dentro de sus instalaciones, el estadio contribuye a contar la historia de Uruguay. Los nombres de las secciones de las tribunas, por ejemplo, rinden homenaje a los logros deportivos de la selección nacional. La tribuna norte, llamada Colombes, hace referencia a la ciudad francesa donde el equipo uruguayo ganó el título olímpico en 1924. La tribuna sur, Ámsterdam, alude al título olímpico de 1928.
La propia arquitectura conserva la memoria de los logros que precedieron al primer Mundial y que ayudaron a consolidar a Uruguay como una potencia futbolística durante ese período.
Más allá de su simbolismo histórico, el Centenario también dejó huella por las soluciones arquitectónicas adoptadas en su construcción. El estadio se construyó en el Parque Batlle, y esta ubicación da lugar a una de sus principales características.
“En lugar de erigir un muro que invadiera el Parque Batlle, el proyecto optó por un semienterramiento. Se excavaron 160.000 m³ de tierra para dar forma a la depresión natural del terreno”, explica Bruno Andrade , profesor de arquitectura y urbanismo en la UNIFACS.
La solución redujo la altura aparente del edificio y permitió que parte de las gradas se apoyaran directamente en el suelo, disminuyendo la necesidad de grandes estructuras y acelerando el proceso de construcción.

La estructura está hecha principalmente de hormigón visto, con una forma elíptica, inspirada en la estructura del Coliseo. “La forma elíptica permite una distribución más uniforme de las gradas alrededor del campo, lo que proporciona una mejor visibilidad para los espectadores y una experiencia más inmersiva durante los partidos”, explica Rosa.
“La monumentalidad del estadio no depende de muchos elementos decorativos. Surge de la propia estructura, de la escala de las gradas, de la repetición de los escalones y de la forma en que el edificio se adapta al terreno”, afirma Pereira.
Otro elemento destacado es la Torre del Homenaje, que con aproximadamente 100 metros de altura, es la parte más alta del estadio. Fue concebida como un símbolo de la magnificencia de la obra y del orgullo uruguayo. “Funciona como un faro cívico que honra a los campeones olímpicos y a los inmigrantes que construyeron el país”, señala Bruno.
Desde su inauguración en 1930, el estadio ha sido objeto de modernizaciones, recibiendo mejoras en infraestructura, seguridad y accesibilidad, siempre con el reto de adaptarse al contexto contemporáneo sin perder su valor patrimonial.

El estadio volverá a albergar un partido de la Copa del Mundo en 2030, cuando el evento celebre su centenario. “El estadio necesitará nuevas mejoras para cumplir con los requisitos actuales de la FIFA en áreas como la hospitalidad, los servicios para los espectadores, la accesibilidad, la operación, la tecnología, la seguridad, los medios de comunicación y la comodidad”, afirma Rosa.
“La tendencia es que estas intervenciones se lleven a cabo respetando su valor histórico, preservando los elementos que hacen del Centenario un sitio de patrimonio mundial del fútbol, al tiempo que se actualiza para adaptarlo a los estándares que exige un megaevento contemporáneo”, añade el arquitecto.



