
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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Es muy auspicioso para el mundo jardinero que el Instituto de Floricultura de INTA haya incluido en su Proyecto Nacional las investigaciones sobre liliums. Estas bellísimas flores pueden ser cultivadas en casi todo el país, se adaptan para lucir en los floreros, el jardín y las macetas, y las nuevas investigaciones proponen una atractiva variedad de especies. Por caprichos del tiempo, las azucenas blancas, Lilium longiflorum, que acompañaban la primera comunión del 8 de diciembre, ya están apuntando su floración. Esa especie, originaria de Japón, es la que más se ha hibridado, ha sido habitual en nuestros jardines y ha demostrado su rusticidad. Todas las especies de lilium son orientales, pero ya han sufrido tantas hibridaciones, tanto naturales como inducidas, que existen más de 3500 variedades registradas. El lilium o azucena en una planta bulbosa, de crecimiento anual, y floración en primavera y verano. El bulbo es escamoso; es decir, está formado por secciones finas y curvas unidas a una base. Para iniciar el cultivo, se planta el bulbo y se entierra a igual profundidad que su tamaño, en tierra buena y suelta, que conserve la humedad. Es sensible a la deshidratación, por eso no debe permanecer desenterrado a la intemperie; si no se replanta enseguida, es necesario humedecerlo y cubrirlo. El bulbo deshidratado tiene aspecto seco y arrugado, y así se suele ver en los lugares de venta. En esas condiciones, su brotación es más que difícil. El tamaño del bulbo incide en la floración: convienen los que miden a partir de 10 centímetros de circunferencia.. . Como el frío favorece la formación del brote, es conveniente plantarlos en invierno. Riegos oportunos y una capa de mantillo, de hojarasca, paja, por ejemplo, que conserve la humedad del suelo, ayudan a su buen desarrollo. El tallo puede crecer hasta alcanzar un metro de altura, por lo que, a veces, es necesario tutorarlo. Al tope, se forma la inflorescencia. Que gocen de media sombra a partir del mediodía beneficia la calidad de las flores. La reproducción más corriente se hace por medio de escamas. Pasada la floración y cuando el follaje se seca, se saca el bulbo, se arrancan desde su base las escamas que se quieren emplear para reproducción y se entierra hasta la mitad en un sustrato que puede ser turba o perlita, y debe conservarse sustrato húmedo (el resto del bulbo se vuelve a plantar). Incluso se pueden colocar las escamas en una bolsa plástica transparente con un poco de turba húmeda, cerrada con un nudo. En la base de la escama se formará un bulbillo con su raíz, que al año siguiente se puede colocar en maceta, en buen sustrato, mezcla de tierra enriquecida, turba y perlita. El Lilium tigrinum o azucena del tigre forma bulbillos en las axilas de las hojas superiores, que también germinan. Estas nuevas plántulas tardan tres años hasta acceder a la floración. En algunas flores, se puede observar la formación de un fruto y semilla. Dada las infinitas hibridaciones que ha sufrido la especie, no se puede saber qué características tendrá la nueva planta; sin embargo, en los jardines es interesante animarse y sembrar esas semillas, pueden presentarse agradables sorpresas.
Para obtener nuevas especies, los obtentores realizan complejas hibridaciones. Según información del ingeniero Daniel Morisighe, el Instituto de Floricultura de INTA ha podido registrar tres nuevas variedades, ya que sus centros de producción, distribuidos en todo el país, aportan material genético con caracteres muy atractivos. Será bueno poder disfrutarlas.





