
El dólar fluctuó esta semana y siempre sus movimientos inquietan y exigen una interpretación. En el país el dólar es mucho más que una moneda: actúa como un termómetro y su oscilación revela en general falta de confianza o un escenario con incertidumbre. Cuando se mantiene estable, en general, los negocios fluyen y la vida transcurre con mayor certeza y tranquilidad. Es decir, un clima favorable para que un país pueda planificar su agenda en función de variables que permitan crecimiento con una proyección interesante a largo plazo. En estos días se escuchó a especialistas y economistas asociar una baja del dólar con el posible acuerdo en enero del Gobierno con los holdouts, lo que genera expectativas en un tema central tan sensible e importante de la macroeconomía y su efecto directo en la economía del país.
En el Real Estate los players no hacen más que enviar señales de la necesidad de prepararse y de planificar propuestas urgidos para llegar a 2016 con obras en marcha y otras casi listas para comercializar. En el conjunto de teorías y pronósticos lo que prevalece es la ilusión de estrenar un nuevo tiempo que no será fácil, que exigirá sacrificios y momentos complejos, pero que llevará seguramente a una etapa mejor, productiva y creciente. La ilusión que los anima es la de comenzar un nuevo ciclo, con otros actores, algunos de los que ya se han lanzado con inversiones importantes. Esto se observa en zonas, distritos, barrios, que antes no figuraban ni atraían a los desarrolladores, pero que ahora con precios más accesibles parecen interesantes para quienes invierten, aunque la rentabilidad satisface a medias. Tampoco la renta de los alquileres satisface a los propietarios, pero también ellos saben que la crisis afecta a quienes alquilan y que los locatarios están atados –salvo los que pueden acceder a algún crédito hipotecario- a seguir así por mucho tiempo.
Es decir, la economía los condiciona a sostenerse en esa opción y para muchos es un esfuerzo importante que debe valorarse, y mucho más cuando el locatario asume su papel con responsabilidad, no genera trastornos y está dispuesto a vivir en ese espacio cuidando la vivienda. Por su parte, el propietario sabe bien que más allá de los altibajos de la economía contar con una propiedad significa capitalizarse, y una vez más el tiempo demostrará que por encima de cualquier circunstancia, la propiedad se revaloriza. El ladrillo es confiable y ofrece un porfolio diversificado de opciones para invertir.




