
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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Hace años, durante un viaje a Europa, vi en Alemania, en las banquinas de las rutas, espacios muy reducidos con hortalizas. Se nos informó que eran huertas que cultivaban los habitantes de las ciudades próximas.
En el diario El País de España, con fecha del 6 de enero de este año, Steve Frillman, de la ONG Green Guerrilla, de Nueva York, dice: "Si hay un solar vacío..., se suele recurrir a las autoridades para que actúen; en cambio, lo que debería hacerse es ir, limpiar y plantar. Lo que interesa, más que el tomate o las papas, es ver a 25 o 30 personas trabajando juntas, creando programas..."
En nuestro país, en la década del ochenta, el INTA creó el programa Pro Huerta, que hasta impulsaba la fabricación de herramientas con elementos comunes -a veces, de desecho- y la combinación de cultivos para optimizar tareas y resultados. Con la creación de la nueva Unidad de Agricultura Urbana y Periurbana del Area Metropolitana de Buenos Aires -AUPU, AMBA-, en febrero pasado el INTA retomó el interés por la huerta doméstica con proyecciones más amplias.
Sintetiza los problemas de la región -42 municipios, la ciudad de Buenos Aires y 13 millones de habitantes- en diferentes temas: contaminación ambiental; avance urbano sin ordenamiento; falta de capacitación y de mano de obra calificada; deficiencias en infraestructuras y servicios; irregularidades en la tenencia de la tierra; deficiencias nutricionales, por ejemplo.
Frente a eso propone: valorización del trabajo mediante la capacitación; valorización de la diversidad cultural; desarrollar tecnologías amigables con el medio ambiente, facilitar la generación de trabajo, etcétera. En el Sur, con eje en La Plata, la legislación protege las áreas agrícolas, limita la expansión edilicia y favorece emprendimientos de huerta y floricultura, impulsados por el avance tecnológico más significativo, el invernáculo.
En el Oeste, el municipio de Moreno, con el Programa de Incentivo al Sector Rural, estimula el funcionamiento de granjas y huertas.
El Centro y Norte, con eje en Pilar, protagonizan una importante expansión edilicia, pero hacia afuera, la creciente sojización presiona sobre el uso de la tierra.
Otra mirada es la del arquitecto Sebastián Miguel, que en un libro sobre huertas comunitarias describe una experiencia en Rosario, provincia de Santa Fe, que funciona desde 2001.
Allí, en un medio muy necesitado, se ha logrado la superación económica y social de amplios sectores, mediante capacitación y trabajo solidario.




