El viento que pasa a través del fino follaje de las casuarinas suena como un violín lejano: nunca atemoriza; en cambio, paradójicamente, aun sin viento, se suelen desgarrar sus grandes ramas, que caen. Lo mismo pasa con ciertos eucaliptos, ¿será costumbre de las australianas?
Lo que se puede afirmar, sin dudas, es que se trata de una especie elegida con frecuencia para forestar en diferentes circunstancias, ya que son árboles con pocas exigencias. Actualmente se están plantando ejemplares pequeños en los bordes superiores de las banquinas de la Autopista de Oeste, pero son eficaces formando en los campos cortinas rompevientos, que protegen los sembrados de los aires fríos del Sur y del Oeste, o pequeños bosquecitos de sombra, y también se destaca como árbol aislado. Su follaje está formado por abundantes y finas ramitas articuladas, de 5 mm de diámetro, en cuyas articulaciones se insertan hojuelas escamosas; para entenderlo mejor, es bueno tomar una ramita y observarla, ya que en cualquier plaza o parque hay alguna casuarina al alcance de la mano. Llegan a ser grandes árboles, de tronco recto y grueso, y su cultivo ofrece ventajas: por ejemplo se destaca su rápido crecimiento; sus raíces, que se fijan fuertemente al suelo, aun de las riberas húmedas y los suelos removidos, lo que asegura firmeza ante el embate de los vientos. Y la presencia de nódulos capaces de fijar el nitrógeno atmosférico. Se han plantado mucho en Santiago del Estero, especialmente en la zona de riego, por ser buenos protectores de los cultivos hortícolas, y en las riberas del delta del Paraná, para evitar la acción erosiva del oleaje. Su floración también es complicada, ya que son árboles dioicos, con sexos separados: las flores masculinas se insertan en pequeñas y finas espigas en los extremos de las ramitas; las femeninas se agrupan en conos de unos 8 mm de largo, con extremos redondeados. Producen muchas semillas, y su reproducción, por medio de ellas, es fácil y segura (sería divertido reproducirlas en casa). Son plantas de follaje permanente, pero la presencia de flores y frutos les da diferentes y atractivos aspectos en primavera y otoño. Entre las utilidades no consideradas puedo mencionar una de la que fui testigo: una empresa que raleó un cerco de grandes casuarinas recogió cuidadosamente las ramas pequeñas para vendérselas a una empresa brasileña, que las teñía con colores rutilantes y las convertía en atractivos ramos ornamentales.






