
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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Entre el 6 y el 29 diciembre de 2007 se enviaron a Holanda, para ser subastadas en Aalmer, 50.000 flores de peonía cosechadas en cultivos de Trevelin, Chubut. El hecho marca un hito en nuestra floricultura y el nacimiento de una tendencia buscada desde hace tiempo por los floricultores, pero sólo realizable como culminación de un proceso en el que han sido fundamentales la tecnología aportada por instituciones del Estado y la iniciativa privada gestionada, en este caso, por el ingeniero agrónomo Marcelo Sasaki. Peonía es un género de plantas de origen oriental, sobre todo de China, de la familia de las ranunculáceas, como las marimoñas. Pueden ser de estructura leñosa, como la llamada suffruticosa, o herbácea. Entre éstas, la más cultivada como flor de corte es la especie lactiflora, que es perenne pero vivaz, es decir, que pierde su follaje en invierno para rebrotar y florecer en primavera y verano. Tiene gruesa raíz rizomatosa de la que se emiten varios tallos, que pueden alcanzar 80 centímetros portando una o varias flores cada uno. Es de clima templado, pero necesita inviernos fríos para que se forme la yema floral en el interior del bulbo, por eso el clima de Buenos Aires y alrededores suele ser demasiado benigno. En cambio encontró condiciones ideales en varios lugares de la Patagonia. Para su cultivo en jardines debe trabajarse el terreno en profundidad y plantar el bulbo también algo hondo, de 5 a 10 centímetros, en lugar con sol y suficientemente aislado como para que ni las raíces ni el follaje se estorben; en medio del césped es ideal. Además tardará tres años en florecer y, una vez establecida, no hay que moverla: si se la trasplanta no florece más. Pese a estos caprichos es rústica y florecedora. Esas cualidades y la presencia de peonías en jardines de la Patagonia estimularon estudios por parte de técnicos e investigadores del INTA, de Corfo, el Programa Cambio Rural y la Universidad Austral en diferentes lugares: Esquel, Río Gallegos, Los Antiguos, Ushuaia, entre otros, pero también en Malargüe, Mendoza, y en Mar del Plata y Necochea, con avances muy prometedores. El ingeniero Sasaki, en la avanzada de este proceso, destaca que en estos 6 años de trabajos se fueron evaluando las condiciones de diferentes lugares, se importaron distintas especies para realizar cultivos de ensayo, y optimizar los rendimientos y la calidad de los productos elegidos. "Hicimos exploraciones aéreas, observando así las condiciones de cada sitio, para realizar nuestros ensayos. Es muy valioso que sean lugares en distintas latitudes, lo que permitiría obtener cosechas escalonadas durantes toda la primavera y el verano." También expresa que han contado con parte del personal entrenado en estas tareas y que observan que "la incorporación de más gente y su capacitación en las distintas etapas de cultivo, conservación y transporte va a traer importantes progresos a esas zonas".
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