
La Vieja Hostería se recicló y mantiene su entorno lujoso para recibir al exigente turismo en Pinamar
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La Vieja Hostería de Pinamar se reinventa para convertirse en un hotel boutique a medida de los más exigentes viajeros que lleguen a esta codiciada ciudad balnearia. Como todo hotel boutique que se precie, éste -en del Tuyú y de la Sirena, a pasos de la arena y el mar- propone un entorno íntimo y lujoso, en una casa con historia. El edificio de La Vieja Hostería fue construido en 1947 para albergar a los visitantes del hotel Pinamar (actual hotel Playas), que entonces estaba siendo ampliado. Con posterioridad se transformó en casa para los directivos de Pinamar SA y luego, en hostería.
Desde hace unos años, la mayor parte de la propiedad estaba abandonada, salvo un pequeño sector reservado a casa de veraneo. Pero la nueva propietaria, la empresa Eguzkilore SRL, decidió su reapertura y encargó la puesta en valor a un grupo de profesionales compuesto por el ingeniero Javier Mendia, la decoradora Jorgelina Allona, el artista plástico Julio Soler y la diseñadora gráfica Silvana Spina, a quienes lideró la arquitecta Silvina Zubiarrain. Es precisamente la arquitecta la que comenta: "La idea rectora fue no modificar la estructura del edificio. Ese compromiso lo adquirimos, incluso, frente a los dueños anteriores, Pinamar SA. La preservación del inmueble, que es parte del circuito histórico de la ciudad, fue una de las condiciones de venta". Teniendo en cuenta esto y la escala del edificio, según explica Zubiarrain, el equipo se propuso "acentuar, subrayar las virtudes de la unidad, para que los huéspedes pudieran sentirse como en su casa. Hay un gran living con importante biblioteca y hogar, un comedor desayunador que puede ser utilizado por los pasajeros y también por público en general". Allí la propuesta es tomar el té y degustar la exquisita repostería que, ya en otros tiempos, distinguió a la hostería. Pero vale, además, disfrutar alguno de los vinos, cuidadosamente seleccionados, que cobija la cava del establecimiento.
Párrafo aparte merecen el patio con piscina, solárium, gimnasio y carpas para reconfortantes masajes al aire libre y la terraza, espacios aptos para la actividad física tanto como para el relax. Claro que no todo el disfrute hace al movimiento o a la gastronomía. La Vieja Hostería regala también el placer de la contemplación, del arte. "Cada una de las catorce suites fue bautizada con nombres que hacen a la historia de Pinamar y ambientada en consecuencia. En planta baja, los nombres recuerdan los primeros balnearios del lugar, y en el interior de cada habitación, Julio Soler realizó un collage con fotos antiguas y una pequeña descripción de las mismas. En planta alta, en cambio, se hace referencia a puntos que eran parada obligada antes de llegar a los balnearios. Las obras de Soler, como parte de la decoración, alcanzan incluso espacios comunes de la hostería", comenta. En cuanto al mobiliario, la arquitecta Zubiarrain se enorgullece de que muchas piezas "hayan sido restauradas por excelentes artesanos de Pinamar mientras se desarrollaba la obra. La carpintería exterior es reciclada y los pisos son de pino tea, que se buscó y consiguió en demoliciones". El proyecto se ideó y llevó adelante en nueves meses. La Vieja Hostería no calificaría entre los mejores hoteles boutique si no asociara el espíritu original de la casa, los objetos de época, con tecnología de última generación. "Entre otros adelantos colocamos un sistema de calefacción de origen belga, el primero importado al país. Son radiadores especiales, tanto en lo que hace al diseño como al uso racional de la energía; trabajan con un circuito de agua caliente, a bajas temperaturas, y también se utilizan con paneles solares", concluye Zubiarrain. Es que todo suma a la hora de crear el clima que busca el pasajero más exigente, aquel que no quiere renunciar a la intimidad ni a los placeres cinco estrella.
Otra novedad
Los habitúes de Pinamar encontrarán también muy renovado el paseo comercial de Pinamar Norte, mucho más extendido. El complejo de las calles del Olimpo e Ilíada nació hace tres temporadas, y desde entonces no ha dejado de crecer. Este año propone nuevos espacios gastronómicos, con lo que el paseo ocupa un 50% de lo que se prevé será, en temporadas venideras, el total de su superficie, en la que albergará también supermercado, farmacia, peluquería, lavadero y otros servicios.




