
Por Cristina L. de Bugatti
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El kiwi está cada vez más presente en nuestra dieta, hasta tal punto que en contraestación se importa desde Italia o Chile, que son grandes productores. El ingeniero agrónomo Fortunato Covatta, que dirige la sección Fruticultura de la Facultad de Agronomía de la UBA, en cuyos terrenos y en su jardín botánico se cultiva kiwi en forma experimental, nos habla de este tema.
El kiwi fue introducido para su cultivo en el país por Leonardo Steppuhn en 1974, desde Italia, por una visita que hizo a los viveros Sgaravatti de Padua, donde adquirió tres ejemplares femeninos y uno masculino y los cultivó en San Pedro, provincia de Buenos Aires. Como se trata de una especie dioica; es decir que tiene los sexos separados en distintos pies, la formación del fruto requiere que el polen del ejemplar masculino fertilice la flor femenina. En la naturaleza, ésa es función de las abejas, pero en el ámbito doméstico se la puede ayudar manualmente, frotando suavemente flores masculinas abiertas y haciendo caer el polen sobre la flor femenina. Su nombre, Actinidia deliciosa; es oriunda de China, pero se aclimató en diferentes países y latitudes, y Nueva Zelanda se convirtió en un centro difusor. Es una gran enredadera, muy vigorosa, de hojas ovaladas de hasta diez centímetros, gruesas ramas algo volubles, por lo que pueden enroscarse en los soportes, y flores numerosas agrupadas, de color blanco amarillento. Como ornamental, en un jardín, dos plantas bien conducidas son segura atracción.
En otoño, al caer las hojas, se ven sus frutas ovaladas, de piel fina y pulpa verde, cristalina, y semillas agrupadas en el centro. Una vez cosechados, ganan en sabor si se los deja varios días, pero se los puede conservar varios meses, guardados a muy bajas temperaturas.
Además de su particular sabor, muy apreciado, se valora por su riqueza en vitamina C, equivalente a diez veces la del limón, y vitaminas del grupo A y B. Su rusticidad hace que su cultivo sea sencillo, y requiere suelos bien drenados, ya que la humedad excesiva y estancada puede producirle marchitamiento.
Se puede reproducir por semillas, en primavera, con resultados diversos, o por reproducción agámica, por estacas, injertos, acodos o por micropropagación; lo pueden afectar las heladas muy tempranas o tardías, fáciles de neutralizar, con reparos en su base. La plantación se efectúa entre mayo y septiembre; la fructificación es a partir del segundo año, aumentando con el tiempo.
Como todo frutal, se beneficia si las frutas reciben buena luz, de manera que puede ser necesario ralear el follaje. Si bien se considera una especie sana, puede ser atacado por plagas o enfermedades, que se superan con productos al alcance de todo cultivador.




