
María Paola Delbosco da clases de filosofía en una universidad
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María Paola Scarinci de Delbosco, italianísima -de Treviso-, es doctora en Filosofía y dedicó su vida a la investigación en temas educativos. Buena parte de sus días lo ocupa con la enseñanza, ya que es profesora en el Instituto de Altos Estudios Empresariales (IAE), en Pilar, y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UCA.
"La enseñanza es para mí un acicate continuo. Me reconforta porque los jóvenes hacen preguntas directas y no dan nada por supuesto. Es importante profundizar en aquellos temas relacionados con la vida, hay que comprometerse y participar activamente para que el mundo sea más justo."
Es madre de nueve hijos, de entre 12 y 28 años -cinco de ellos, filósofos- y tiene dos nietos junto con su marido, Héctor Delbosco, decano de la Facultad de Filosofía de la UCA. Con él se casó en Roma después de tres años y medio de noviazgo por teléfono y correspondencia. Hoy, viven en una casa de Beccar donde disfrutan de sus fines de semana a la italiana cuando se reúne toda la familia.
Recorrió el país dictando cursos y congresos en Salta, Jujuy, Catamarca, Mendoza, San Juan, Rosario, Córdoba, Tres Arroyos, Saladillo y Tandil. También frecuenta Italia para visitar a sus padres. Y confiesa que la última vez ("como no podía ser de otra manera") viajó de vuelta a la Argentina con tres kilos de las mejores pastas caseras.
Kundera y Vattimo
Con más de dos décadas como profesora universitaria tras recibirse en la Universitá degli Studi La Sapienza, de Roma, Delbosco se dedica a acercar los temas filosóficos a la realidad actual. "La cuestión existencial me apasiona: todos en algún momento necesitan plantearse el origen y el sentido de la vida."
La cautivan Milan Kundera, Hannah Arendt, Simone Weil, Edith Stein y Gianni Vattimo, además de los autores de filosofía existencialista, posmodernos y contemporáneos.
"Como docente descubrí que los chicos durante la adolescencia se hacen preguntas profundas e intentan respuestas para poder enhebrar su visión de la realidad en un todo más o menos coherente; ése es un momento muy rico", explica. Delbosco cuenta con una rica experiencia en la enseñanza de filosofía en el colegio Santa Inés, de San Isidro.
-¿Cómo logra coordinar su vida personal, familiar y laboral?
-Comparto fundamentalmente el desayuno y la comida con mis tres chicos que todavía van al colegio. Eso sí, los almuerzos son sagrados los fines de semana, cuando nos juntamos en casa a comer (sumamos ahora como veinte entre todos). Pero además siempre tengo un lugar para mí en el tiempo libre y se lo dedico a la lectura.
Ahora está leyendo La condición de la mujer en el islam, escrito por un iraní, y también Después de la cristiandad, de Gianni Vattimo.
"Otra de mis pasiones son las aves. Viajé varias veces a Entre Ríos para el avistamiento; además, leo sobre ornitología. Afortunadamente, la Argentina cuenta con la Reserva Ecológica, además de otros lugares específicos para contemplar el comportamiento de las aves. Todavía quedan zonas no desarrolladas por el hombre como las selvas vírgenes y el corazón del Delta."
-¿Extraña mucho Italia?
-Dejé allí a toda mi familia primaria -padres, hermanos y primos- y me gusta mucho viajar seguido a verlos. Pero estoy muy bien con mi familia acá y quiero mucho a la Argentina.
Cuenta que "tras casarse a los 25 años en Roma, nos vinimos aquí. El me convenció de que era un país nuevo con mucho por hacer". Enseguida recuerda que tuvo la suerte de tener como profesora a Lidia Lazzari, hija del artista Quinquela Martín. "A él tuve el honor de conocerlo un día que visité La Boca." Y agrega: "Lidia me enseñó a hablar castellano, cebar mate y cantar el Himno mientras ella tocaba el piano. La amistad se mantuvo con el transcurrir de los años con mi profesora, que hoy tiene 92."
El sentido de servir y trabajar por los demás
De su charla amena y de sus relatos coloridos, donde abundan paisajes de montaña y avistamientos que emocionan, Delbosco apela con precisión a aquellos recuerdos de su niñez.
"Mi padre era agregado aeronáutico y cuando era chica vivíamos en los barrios que están dentro de los aeropuertos, una versión más discreta de lo que hoy son los countries. Se trataba de un complejo de habitaciones para los oficiales, un ámbito cerrado y amplio donde nos movíamos en absoluta libertad. Creo que en algún sentido la llegada de las nuevas urbanizaciones les permiten a los chicos crecer en un mundo abierto a la naturaleza, pero donde se ejerce un control necesario."
Desde una posición definida en lo referido al compromiso social, Delbosco enfatiza la necesidad de apoyar aquellos proyectos que benefician a la comunidad.
"Creo que cualquier privilegio sólo se justifica con el servicio brindado a los demás", insiste.
Con su estilo hiperactivo y amplio en diferentes áreas, Delbosco es clara: "Apuesto a la esperanza y un cambio profundo. En todas partes hay mucho por hacer; sólo creo que es necesario tomar la decisión y poner manos a la obra", concluye.




