
Adaptadas desde siempre al clima y al suelo, algunas viejas conocidas especies empiezan a desplazar a las modas más quisquillosas, todo vuelve y se recicla; lantanas, malvones, lirios y calas reaparecieron, entre tantas otras
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En el jardín, la silueta de una planta nos es vagamente familiar. El perfume que remite a otro tiempo, indefinido y ausente. Una imagen que nos empuja a un jardín distante en la memoria. Flores y colores que evocan recipientes de mil ramos en casas con olor a infancia.
Así, desarmados, nos salen al encuentro las viejas plantas en los jardines modernos. Una lantana (Lantana camara) estrujada entre los dedos y estamos en la costa, un verano eterno como sólo se vive de niño, sobre el pasto fresco que por las tardes aliviaban las pieles cansadas de arena hirviente. Un malvón (pelargonium) despunta rojo en el balcón y aquel está en su Italia natal, abrazando a su madre, que ya toda tiene el olor penetrante de sus hojas.
Pero no están sólo en los recuerdos, porque las plantas que adornaban y adoraban nuestras abuelas empezaron tímidamente, y pronto ganaron su lugar en la vidriera de ornamentales codiciadas de los nuevos diseños paisajísticos. De los jardines viejos nunca se fueron. Conviven con vecinas vistosas y fugaces en el espacio que ocupan por derecho adquirido con años y memorias. Mientras, siguen creciendo por su cuenta o en los gajos que pasan de generación en generación, de mano en mano.
Resurgimiento
Nobles, simples y generosas, sobrevivieron ocultas de los soles ardientes de la moda y reaparecen con nuevos significados, pero con su mismo temple.
La paisajista Inés Becú prefiere llamarlas tradicionales. Dos razones favorecieron su vuelta, apuntó Becú: "La tendencia a la utilización de plantas nativas es una y la otra es el bajo mantenimiento". Cada vez más personas solicitan asesoramiento para que el espacio verde se mantenga sin carga ni culpa. "Se piden proyectos con plantas que requieran poca poda, sean perennes que no requieran demasiado riego, sobre todo en balcones y terrazas, por las filtraciones", dijo la profesional.
La fácil multiplicación de una planta, que permite cubrir espacios en menos tiempo, es también un factor importante para acudir a las viejas conocidas. Cecilia de Dominicis, una paisajista acostumbrada a trabajar en grandes extensiones, destaca los lirios (Iris germánica) entre los que han regresado para poblar de color espacios importantes con poco esfuerzo e inversión.
También volvieron las rosas, dijo De Dominicis, en las variedades más sustentables. Así ha preservado su reino en los jardines de todo tipo. Una paisajista sin fronteras, como Mariela Schaer, coincidió en destacar la aparición de especies desdeñadas hace unos años y hoy usadas en grandes masas.
"Al belloperone (Beloperone guttata) lo he vuelto a ver en diferentes países. También la boina de vasco (Ligularia tussinaginea) y la popular planta de la moneda (Portulacaria afra), que se introduce en los jardines y los platos como vegetal comestible", relató Schaer.
Notas de color
Por su parte, Becú agregó varios nombres a la lista: la flor de pajarito (sterlitzia), las calas (Zantedeschia aethiopica), las alpinias, las cactáceas y suculentas. Destaca las dalias, achiras y margaritas, que dan estos días la nota de color y alegría con la simpleza que lo hacían nuestras abuelas. Becú cree que esta ola trajo de nuevo muchos árboles nativos.
"Consideramos que el uso de estas variedades se debe en parte por las tendencias a la utilizacion de plantas nativas y al bajo mantenimiento que estas especies necesitan", dijo Becú. Tambien se utilizan nuevamente estas plantas por su texturas, sus formas, ciclos que realzan la estética del entorno y en algunos casos su fácil multiplicación para lograr cubrir en menor tiempo los espacios.





